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Saber y Ganar, el día de Freddie Mercury.

LuisC y FreddyMercury  

Entrada vigésimo quinta (Beatriz, la del volátil nombre):   

  Y Juanjo Cardenal continúa con el guión:

- Sexta pregunta:

DanteYVirgilio Bouguerau 1850- En la Divina Comedia, el poeta latino Virgilio, acompaña a Dante en su viaje por el Infierno y el Purgatorio. Pero, yo les pregunto, ¿quién le acompaña en el Paraíso?

- En el Paraíso –remacha Jordi-. ¿Quién le acompaña? ¿A quién la envía?

Jorge, feliz respondedor de Atlas, me asigna esta pregunta tan estimulante para mi memoria: «A Giorgi».

Yo, con el talante ya quebrado, según oía el enunciado confieso que recelé bastante de que terminara por referirse a algún aspecto o detalle complejo de la Commedia, a un determinado círculo del Infierno, a una alegoría célebre pero rebuscada o a un guarismo simbólico de proposiciones, esferas, cantos… me veo soltar a media definición un muy aparatoso resoplido ante la cámara interpretable como estupor o como contrariedad (desesperación, casi, diría yo) ante el cariz dificultoso que me creo está teniendo la batería de preguntas que han tocado en suerte. Evidentemente, como estoy descubriendo ahora al aislarlas y desentrañarlas para esta crónica, no fue así. Y es que cuando uno siente lástima por sí mismo, se queda desvalido e inerme ante cualquier nimiedad… ¡Ah, la confianza, cuánto vale!  Resultó luego que la pregunta concreta sobre la Commedia fue más corriente, digamos, más “contemporánea”, casi un asunto del corazón sin rebuscamiento ninguno. Y al oírla completa, me relamo porque por fin me llega la oportunidad de contestar a una cuestión que me sé bien y así voy a estrenarme por fin en las preguntas calientes, ji, ji, ji, me río para mis adentros.… Pero… ¿Pero cómo? ¿Pero qué pasa? ¡No me hagas esto, Giorgi, por caridad! ¿Pero dónde se ha escondido mi Beatrice? ¿Dónde, por favor?... Beatrice, yuju… ¿dónde estás?... Y aunque la llamo suplicante no la encuentro entre mi niebla. Femenina, veleidosa e inaprensible, Beatriz ha volado desde los brazos del Alihieri hacia los de Freddie y anda flotando, no en el Paraíso, sino en el Limbo, con Queen, claro. 

GiorgiAbreBrazoAún así, hago un esfuerzo considerable en los cinco o seis segundos que tengo para responder. Por primera vez logro desaferrarme del pupitre y abro los brazos un poco, como el Jesucristo de muchas imágenes y tallas, separando los brazos del cuerpo unos grados, con las palmas hacia delante, y como rindiéndome a Jordi y Juanjo con un «¡He aquí a este hombre respondo: - Eeehhh… Su amada… Al contestar así, además del gesto con las manos, echo la cabeza para atrás y se me remarca en el rostro esa contracción común para cuando queremos expresar algo muy evidente, algo como ¡Si está claro, ¿no?!... Su amada!... ¡Ay, Giorgi!, ¡vaya una respuesta para los tiempos digitales que corren!; y menos mal que te pisaste en el último momento la palabra que quería salir de tu boquita: Su amante. Déjalo. 

- ¡No es correcto! ¡Rebote! 

Este rebote es para Pedro que, asentado en su serenidad aparente y en su zurrón relleno con la prevaricación de Benny Goodman, responde tranquilo.

 Homero.

 ¡No es correcto! ¡Rebote! 

Y le llega el turno a Jorge que con su calavera en el pecho y su codiciable desparpajo, sí sabe contestar: 

- ¿Beatriz? 

 - Su amada, Beatriz. Su amada… Beatriz, ratifica Juanjo. Nótese que antepone con intención mi respuesta “su amada” al nombre de Beatriz... Claro, daba igual que tú sí conocieras que era bonito y simbólico e importante que la Divina Comedia preludie el profundo cambio que iba a producirse en el pensamiento del hombre medieval desde una visión teocéntrica del mundo y la vida, a la antropocéntrica, y que esta obra sea un ejemplo paradigma de esa transición y que fuese la amada de Dante la que le acompañara hasta el Paraíso –no el simple concepto mujer, sino la mujer de su inspiración, un nombre propio-; y que en puridad hubiese dado igual que se llamase Laura, Helena, Francesca o Beatrice, como se llamó. Porque la respuesta exacta que necesitaban era ésa, Beatriz, la del volátil nombre.

He abierto varias veces los brazos y cabeceado un poco como si quisera explicar mi desavenencia: ¡Señores, que yo lo sabía, no sean tan tiquismiquis…!, aunque siempre arrastraré la duda de si lo intentaba transmitir a la gente que ocupaba el estudio o a la invisible pero latente y amedrentadora audiencia multiforme…  

- ¡Aahhh! Efectivamente, Giorgi no recordaba el nombre… Y es la respuesta que buscábamos ¿verdad, Juanjo? Beeeatriiiz.

- Beatriz. –sentencia inconmovible, Juanjo Cardenal.

Bien, ya está contado cómo ocurrió y ahora me encuentro cara a cara frente al dilema. 

BeaYDante HenryHoladay 1884

Llevo muchos, demasiados meses temiendo la llegada a este punto de la crónica y quizás sea el escollo más importante que tenga que vencer para lograr finiquitarla. Creo recordar que lo he anticipado. Unas veces pensaba, «llegará Beatrice y no me atreveré a contarlo», o «Es que no es necesario que te expongas aunque se trate de atrevimientos de juventud y no vas a conseguir nada y vas a pintarte aquí como un botarate». Pero otras me exhortaba diciéndome: «Viene al caso la anécdota. La Beatrice de Dante, indiferentemente a que hayas leído completa o no la Divina Comedia o que la recuerdes más o menos, es un nombre –una palabra, Beatriz- que resultó casualmente representativa de aquella etapa juvenil de búsqueda desorientada, insensata y algo peligrosa, y una muestra más de que la zafiedad anda siempre metiendo el palo en las ruedas del carro de lo diferente. Pero no solo. De hecho, no sería para ti la impronta de la anécdota la razón principal para exponerla en esta crónica, –que unas cuantas decenas de ellas han sucedido pero que, naturalmente, se te quedan en el tintero porque no son pertinentes-, pero al menos sí que parece necesaria para que resulte fidedigno que tú, Giorgi, necesariamente, sí habrías sabido en condiciones naturales dar esa respuesta al mundo: Beatriz». A las veces que se imponía en mi ánimo esta última reflexión positiva para exponerme, bien podría agregar unos cuantos argumentos complementarios que promovían e impulsaban y, sobre todo, justificaban (¡ah, la justificación!), la pertinencia de que la historia debía de ser contada. Por si no fuera suficiente, además, y con un peso no poco importante para mí, se ha sumado el estímulo de… los consejos recibidos.

Pues sí, ha leído usted bien, hasta consejos he requerido de tan insoluble ha sido mi reparo. Ante el dilema enquistado que ha estado en un tris de petrificar estas crónicas y dejarlas inconclusas, busqué una ayuda externa para la toma de la decisión definitiva, y así he compartido lo que voy a escribir con un par de amigos de los buenos para que me asesoraran sobre la conveniencia o no de hacer pública la historia, y ambos me han confirmado que sí, que por supuesto, que adelante, y que de cabo a rabo y que con pelos y señales. Claro, no están en mi pellejo, y la historia, solo por los hechos, puede resultar muy fácilmente equívoca y me puede poner en una posición incómoda ante usted; y no tanto por cómo la cuente sino por cómo según se entienda, que lo primero, más o menos, está en mi mano, pero lo segundo, no; porque nadie sabe cómo es usted y como la interpretará. Y es que uno tiene su pudor.

centro-de-maquillaje-de-la-srta-pepisUno de mis amigos consultados –además de otros gustos más sensibles, ojo- es un defensor de los escritos y actitudes, correrías y temeridad de la “generación beat” y de otros individuos y grupúsculos más underground o transgresores aún. Por ejemplo, le encanta el libro Miedo y asco en las Vegas de Hunter S. Thompson y le parecen “juegos de la señorita Pepis lo que en España se vende como trasgresor, antisocial y contestatario desde mediados de la década de los 70 del siglo XX para acá, incluyendo a casi toda la edulcorada “movida madrileña” y prácticamente a toda la izquierda parlamentaria o sindicalista en esos años. Sólo exceptúa a los septentrionales que todos conocemos, que siendo execrables sus actos –afirma-, y condenando la violencia, sí deberíamos admitir que le han echado un par de huevos y que son los únicos que con su terrible amenaza, conseguían mantener a raya a la prepotencia, a la arbitrariedad, cuando no al abuso impune, y que ciertos actos y actitudes impopulares o encubiertamente delictivos y tantas veces impunes, tenían que ser pensados dos veces antes de ser cometidos. Opinando así, es lógico que me haya incitado a escribir la historia aunque pueda ensuciarme algo. Cuando le he esgrimido este posible ensuciamiento, me ha exhortado: «Los sucios, los mentes enfermas, los contaminadores de sueños, los de rigidez mortal, son ellos, lo olvidas demasiadas veces, Giorgi». Vale. El otro amigo que digo, también me ha inducido a reproducirla aquí aunque con un argumento bien diferente, más místico, digamos, y más cogido por los pelos. Aduce que, bien contada, reflejaría claramente la diferencia de estados de conciencia de los individuos que ocupábamos aquella casa (¿no constituye, ése, uno de los “temas” de estas crónicas, Giorgi? –me encela-), alcanzándose el clímax en los instantes que aparece el nombre de BeatriceBeatrice… para evidenciar, deliberada o inconscientemente,  que no se nos podía juzgar desde la grisura, la vejez mental, la ramplonería y la falta de imaginación porque nosotros (¡pobrecitos cándidos!), lo que deseábamos era elevarnos algo de la tierra y que lo que buscábamos era estar en el Cielo de la Divina Comedia con Dante y Beatrice. «Y sí, Giorgi, cuéntalo y que entienda quien entienda». Finalmente, no sé. Dudosos consejeros me he buscado. A lo mejor tienen razón y, además y posiblemente, cuando usted lo lea, se diga «pues no era para tanto» porque realmente no lo es. Pero, seguramente, también apostille a continuación: «la verdad, no era para tanto, pero no cualquiera se atrevería a escribir y hacer público una cosa así sobre él, cuando, hoy en día, todo el mundo se pone la mejores galas y se maquilla y “se pone estupendo” cuando habla o escribe sobre sí mismo». Sea. Al menos lo escribiré. Publicaré esta entrada y aún me guardaré la posibilidad de que lo escrito acabe desarraigado en mi carpetilla de “Saber y Ganar, Tomas Falsas”. Ahí va.

 

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Tombuctú

Mezquita de Djingareyber 

Entrada vigésimo cuarta (Desde Tombuctú al ecuador):   

Hace ya dos inviernos que aquel lánguido yo de entonces construía la entrada segunda de esta crónica fugándome de la realidad de la noche a través de una lluvia inconsistente. Como siempre dibujan y dibujarán en los cristales todas nuestras lluvias tristes, también aquel llover esculpía en el de mi ventana filigranas de lágrima y perla, la metáfora secular y recurrida en los estados de ánimo tan mustios que buscando consuelo terminamos por mistificar dos realidades: la inmediata que nos ahoga en su sordidez sentida y de la que querríamos escaparnos, y ese retazo del pasado que, evocado a través de la lluvia, intentamos transformar su pura realidad en algo distinto y sublimado, quizás porque nos hubiera gustado que sucediera de manera diferente o, al menos, haberlo podido disfrutar como no supimos o, al menos, es una necesidad de dulcificar, enaltecer, cuando no justificar nuestro recuerdo para construir un punto de fuga mitificado al que poder asirnos. Esto explicaría de algún modo ese adagio muy oído pero engañoso que nos dice que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando es incierto.

LluviaEnlosCritalesEntraba yo entonces a la recreación de mi llegada a la estación de Sans, al día Freddie Mercury, a través de una lluvia de esa naturaleza tan trivial, y que uno veía desprenderse suavemente desde la noche sobre los cristales de mi ventana, sobre el tiempo mismo, sobre los rojos brillantes de los pilotos traseros de los automóviles detenidos y sobre los rojos de los semáforos que los detenían ante una plaza, y sobre la plaza misma, una plaza que parece arraigada a la tierra por las fuertes raíces de cuatro o cinco cedros que medran en su interior y que la sombrean; una plaza que, día tras día, es circundada por miles de esos automóviles para un retorno taciturno bajo la lluvia hacia las populosas ciudades dormitorio del sur de Madrid: Getafe, Leganés, Parla, Fuenlabrada… Y fue por esa plaza llovida por donde, finalmente, escapé hacia el pasado concreto, quizás por ese punto de fuga que por estructura poseen todos los círculos en su centro aunque no estén pintados; o quizás porque por el centro de esa plaza yo me he fugado muchas veces y, sobre todo, he regresado.

A esta plaza de mi barrio la llaman la plaza Elíptica. La plaza Elíptica es una plaza redonda que aparece en los callejeros de Madrid con el nombre de un señor llamado Fernández Ladreda, aunque muy poca gente sepa decir quién era. Pobre señor. Ni a la estación de metro de la plaza la han puesto su nombre. Aunque no del todo pobre, porque también este anonimato (siendo quien fue, un general golpista, acérrimo enemigo de la II República Española y ministro de Obras Públicas de los primeros años de la Dictadura), le permite observar desde el cielo de los franquistas cómo su nombre continúa campando en los letreros de bastantes calles y plazas de España, incluida la mía, la de mi barrio. El rey del callejero le llaman a este general por ahí.

- Segunda pregunta, visitando ciudades.

Tombuctú

- «La mezquita de Djingareyber fue construida en el siglo XIV por el arquitecto granadino Abu Haq Es Saheli…. es una de las tres madrazas que componen la universidad de Sankore, y es patrimonio de la humanidad desde 1990… ¿EN QUÉ CIUDAD AFRICANA SE ENCUENTRA?»

- ¿En qué ciudad? –Encuadra Jordi la pregunta ante tan largo enunciado- ¿A quien la envía?

Y Pedro, con un cabeceo lateral que lo rubrica, me la remite.

- A Giorgi.

Y yo claudico con un«PASO» que parece demasiado abatido para andar aún por la segunda “pregunta caliente” y cuando, además, había sido cierta la posibilidad de contestar correctamente a la primera si me hubieses correspondido. Injustificadamente hierático y serio: una actitud mental bloqueadora, ahora lo sé. ¡Ah, si pudiéramos cambiar nuestro pasado! ¡Qué podríamos reparar o qué otro error distinto cometeríamos!

- ¡Rebote!

- ¿TOMBUCTÚ? – Contesta Jorge dubitativo aunque me da la impresión que solo en apariencia.

- ¡Correcto!

- Muy bien… Jorge. ¡Tombuctú!

Claro Tombuctú, Giorgi, la célebre Tombuctú. ¿Tombuctú, la célebre? Pero... ¿de verdad que existe con ese nombre alguna ciudad habitada? ¿No son unas ruinas de nombre bíblico o una ciudad mítica, un nombre en suma que simboliza epopeyas, leyendas o mundos solo existentes en otras dimensiones como Troya, la Batalla de Clavijo, el Reino de Saba, El País de Irás y no Volverás o El Dorado? Pues no. Enseguida, allí, bien aferrado a mi estradillo, hilé ese nombre con imágenes de paredes de adobe rodeadas de desierto y decantadas en la parte vieja de mi memoria quizás por algún atlas, tal vez por algún documental, ¿por alguna canción?, quizás por una novela... Sí, tombouctou P Austereso es, un libro, una novela que se titula así: Tombuctú... y que, si bien recuerdo, el protagonista es un perro que comprende el hablar de los humanos ¿no? Y… ¿qué era Tombuctú? ¿No era un destino adonde nos lleva de la mano la muerte? Creo que sí, que no era una ciudad ni un lugar con coordenadas terrestres. Pues sí, hoy, desde casa, puedo decir que existe esa novela corta, Tombuctú, está firmada por Paul Auster y el perro protagonista se llama Mister Jones, y que la recuerdo de lectura muy grata y de desconcertante comienzo, porque no es hasta la segunda página en donde se desvela quién es Mister Jones, el protagonista del libro. Y que para el señor Auster, como para uno, Tombuctú es un nombre que le evoca más a un mundo inalcanzable en este estado de las cosas, que a una ciudad africana contemporánea.  Pero, sí, Tombuctú es, además, una ciudad que existe realmente y que se ubica en Mali y que no supe decirla cuando me la preguntaron. Y las teorías que se pueden leer sobre la etimología de su nombre son bastante curiosas –le sugiero que las indague-, siendo esas conjeturas las que me han retrotraído a la plaza de mi barrio por concomitancia en el origen de sus nombres, porque una de esas teorías del porqué Tombuctú, es muy similar a la del origen del nombre de Elíptica. Entonces recordé que mi plaza ya estaba mentada en esta crónica, aunque de forma anónima y tangencial, pero que esa similitud teórica me obligaba a nombrarla. Ya esta dicho que la plaza Elíptica es redonda y que no es su nombre de callejero. Entonces ¿por qué la llaman Elíptica? Busque, pregunte, averigüe si tiene curiosidad, pero ya le adelanto que va a encontrar poca cosa. En mis pesquisas, yo no he podido escuchar a nadie que con alguna seguridad se aventurara a decirnos la razón del porqué se la llama así. Bueno nadie, salvo dos, es decir Giorgi y el taxista que me lo contó, y aún no puedo asegurar que la versión que conozco sea enteramente fehaciente aunque sí sugestiva. Y ahora…, lo siento pero debo guardármela, no la puedo escribir aquí. Primero porque lucubrar ahora sobre los orígenes de ambos nombres nos llevaría demasiado lejos del día de Freddie Mercury. Segundo porque la Plaza Elíptica, para mí y en sí misma, guarda muchas historias y realidades que habrá que contar como una totalidad, si se KM4puede. Será escrita en otro foro y momento indeterminado y llevará seguramente el título de El kilómetro cuatro. No quería yo llegar tan lejos pero tampoco quiero ser tildado de canalla por levantar la liebre para luego silenciarla y necesito entonces volver a encontrar algo de complicidad en usted. Así que añado algo más. Se llamará El kilómetro cuatro porque –aún permanece un viejo mojón que lo indica- la Plaza Elíptica se sitúa exactamente en el kilómetro cuatro de la vieja carretera de Madrid a Toledo, y por ahí han transitado gentes de muchos siglos y naturalezas. Por ejemplo, Cervantes. A kilómetro y medio de allí más o menos, hacia el centro de Madrid, se tiende sobre el río Manzanares el Puente (La puente) de Toledo, aquel que Cervantes atravesaba unos días antes de morir y que escribiendo acerca de lo que le acaeció cuando lo recorría (Prólogo al Persiles) dejó escrito eso de: ¡Adiós gracias; adiós donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!” De Esquivias volvía, así que diez, quince minutos antes, Cervantes, había transitado por lo que fuera entonces la plaza Elíptica, y, por tanto, por enfrente de mi casa, de mi ventana, de mi lluvia, de lo que fuera entonces mi casa, mi ventana y mi lluvia, así que…

 Retomo. Para mi K., la respuesta “Tombuctú” resulto sencilla, pero yo, siendo honesto, no creo que ni en un estado mental más fluido y despierto hubiese sabido decir que la ciudad preguntada era “Tombuctú” por el prejuicio erróneo de derivar su nombre hacia la epopeya o la leyenda, aunque siempre nos quede una mínima duda de haber sabido decirla por intuición pura, y, desde luego, que sí hubiese resultado algo menos imposible de contestar correctamente que a la tercera “pregunta caliente” que va a llegarme, que ni por conocimiento, ni por intuición, ni por ciencia infusa, ni por casualidad, ni por todo el oro del mundo, hubiese sabido decir la respuesta... Y eso que fue una pregunta de carácter literario –mea culpa-, que es un tema más frecuentado por mí que la música popular en el valle del Orestes, la moda del calzado en la Europa del siglo XVII, los toponímicos de la península de Kamchatka o las películas de Marilin Monroe, materia que, con mi perplejidad chorreada sobre el café, ayer fue la materia reina de la prueba de Ultima Llamada, como si Marilin fuera algo más que un producto suculento de mercadotecnia y tuviera que resultar para nosotros una figura luminiscente con la intensidad del brillo de Séneca o de Miguel Servet.

- Tercera pregunta:

- ¿Qué género teatral, que pretende suscitar la risa basándose en el disparate tiene su máxima expresión en La venganza de don Mendo, de don Pedro Muñoz Seca?

- Qué género teatral. ¿A quien la envía?Es un acierto que después de cada pregunta formulada por Juanjo, especialmente si está construida por un enunciado largo, Jordi Hurtado concrete la pura cuestión aislándola del enunciado.

Y Jorge se la envía esta vez a Pedro que al menos la intenta responder:

- ¿ABSURDO?

- No es correcto, rebote.

Y me llega una oportunidad que preferiría no tener, porque, ¿qué contesto a la vez que niego con la cabeza? Pues mi frase favorita en esta prueba: «Paaaso».

- ¡Rebote!

LaVenganzaDeDonMendoNo me la sé. Pero mire usted que debería haberme atrevido a errar sin vergüenza e, incluso, a disparatar sin rubor y responder lo que fuese, algo así como «esperpento», «bufonada», «comedia burlesca» o la muy plausible «farsa», todas ellas palabras reconocidas por mí como relacionadas con el teatro y con ese género disparatado. Pues no. Mover la cabeza en negativa y claudicar con ese tristón: «Paaaso». Y entonces, la pregunta la recibe Jorge y contesta:

- ASTRACANADA.

- AS-TRA-CA-NA-DA. Correcto.

La verdad es que Jorge me ha sorprendido. Primero Tombuctú y ahora este término especializado. ¿Lo hubiese respondido usted? No me ha parecido sencillo y ya empiezo a vislumbrar que este Jorge va a pasarnos –a pasarme- por el torniquete con facilidad.

- ¡Muy bien ese rebote! Sigue Jorge.

- Cuarta pregunta: -Todo acaece como se visiona en la emisión, sin un respiro, Juanjo, el programa, la retahíla de preguntas, nada de ello se detiene-

- ¿Qué clarinetista, director de orquesta estadounidense, era conocido como el “Rey del Swing”.

- ¡Reey del Sssswinggg! ¿A quien la envía?

- A Giorgi.

¿Un clarinetista? Yo, ya sabe, a lo mío, muevo la cabecita y, por participar y no guardar un silencio que me podrían tachar de poco colaborador, susurro mi pertinente «Paso», aunque esta vez sin alargar la a; es un «Paso» aséptico y profesional, de los que solo podemos realizar perfectamente los buenos desconocedores, los necesarios y concienciados comparsas. Desde luego que no me vino una voz celestial a decirme el nombre de este clarinetista –quede la astracanada de dudar de que la voz celestial no apareció porque no conseguí en la víspera llegar caminando hasta el hotel- y, desde luego, que no tenía yo ánimos ni desenvoltura ni agallas para tener el cuajo de responder “el tío Soplao”, el “claretista” de mi pueblo; pero sí se me pasó por la cabeza en ese momento contestar algún nombre –yo, de Jazz, algo, pero elemental- aunque supiera que iba a resultar disparatado, porque sí que acudieron a mi mente, en las angustias de los cinco segundos, los nombres del trompetista Dizzy Gillespie y del saxofonista John Coltrane. Y, ahora que lo rememoro, sé que me equivoqué y que tenía que haber soltado algún nombre para desentumecerme, para demostrar que mi ignorancia en este tema no era absoluta y que si la pregunta hubiese sido otra parecida, a lo mejor, alguna posibilidad hubiera tenido de dar la respuesta, aunque hubiera sido tomado por insensato al contestar que el clarinetista de marras era Nina Simone.

BenyGoodmanClaro, a Pedro la pregunta le vino de perlas. Él toca el clarinete. Así que más contento que un perrillo con dos colas cuando le rebotó la pregunta, tardó medio instante en contestarla:

- BENNY GOODMAN

- Beeeny Goodmann. ¡Correcto!

 Ya me observo lanzando un sobreactuado resoplido animal al oír de Juanjo la confirmación de que la respuesta de Pedro es correcta. En ese momento, no me era tan evidente que Pedro pudiera conocerla necesariamente. Ahora sí, es lógico, pero allí no, no me parecía tan obvio saber quien era ese Benny Goodman.

- ¡Síiii! Clarinetistaaaaa. ¡En la banda municipal de Brunete! Sigue Pedro. Jordi ha soltado ese ¡Clarinetistaaaaa! aludiendo a Pedro Cortés y no al señor Goodman, y le ha puesto un tono picarón, como diciéndole a Pedro, ¡anda, granuja, vaya pregunta que te ha caído! Este fue uno de los contados momentos en los que Pedro Cortés sonrió abiertamente. Y digo lo de contados monmentos sin intención, porque comparados con los momentos en los que yo pude/quise/supe sonreír, resultaron una barbaridad, porque lo que es sonreír, ni con los ojos ni con los labios, yo no sonreí ni una sola vez en todo el programa. Y sin una sonrisa, ya sabe, no se puede llegar muy lejos.

- Quinta pregunta:

- ¿Qué tipo de libro debe su nombre a un gigante de la mitología griega que sostenía sobre sus hombros la bóveda celeste…?

- ¿A quién envía la pregunta?

- A Jorge.

- ATLAS

- ¿Atlas? Atlas, sí. Correcto.

- ¡Atlas! ¡Sí! –corrobora Jordi-

“Otra te pego y era la misma”, era una de las frases recurridas por una manchega muy querida para mí para expresar un repetido daño leve a una persona, o Atlasincidir en un error u opinión equivocada, aunque inflingido o cometido por distinta vía. Como la de la prevaricación, esta pregunta resultaba pintiparada para el estado de mi cerebro y, finalmente, fue la segunda y última de la serie que yo habría sabido contestar sin titubeos y con acierto. Atlas. En uno de los viajes a Marruecos, al atravesar la cordillera montañosa con ese nombre, monda y de rocas lustrosas como huesos lavados por el tiempo, no podía quitarme yo la fijación de estar andando sobre la osamenta del Titán, que finalmente sucumbió al peso de la bóveda celeste que cargaba sobre sus hombros para quedar tendido y muerto en el norte de África formando con sus huesos la cordillera. Era una historia que yo conocía contada así casi desde niño y la tuve bien presente durante aquel viaje. Así que, Atlas, sí, sí la hubiera sabido responder… si Pedro me hubiera elegido como destinatario de la pregunta en vez de a Jorge. Estaba visto que no era mi día.

No sé si ya he contado aquí que muchos de mis allegados mencionaron después la mala suerte para justificar mi desafortunada actuación. Puede ser que estos reenvíos de preguntas calientes a contrapelo para mí, sea una de las razones por lo que mentaron la suerte esquiva como causa, puede ser que lo adujeran como atenuante por cariño o solidaridad. Solo uno de ellos -una mujer, con suspicacia bienintencionada-, receló con la posibilidad de que Pedro y Jorge se confabularan tácitamente contra mí y que evitaran enviarme las preguntas más sencillas en la teoría: -“Se vio clarísimo, iban contra ti” –me dijo. Yo, ya entonces, se lo negué y ahora, pasado el tiempo, lo sigo negando y me parecería más razonable inclinarse a creer más en lo de la mala suerte aunque nunca tan determinante como la empanada mental que lucía.

Ahora nos hallamos en el ecuador de la prueba de las Preguntas Calientes. Desde luego, el balance es como para echarse a llorar; ninguna pregunta contestada, (ni tan solo un mísero intento de respuesta) y mi marcador con 30 puntos menos que cuando comencé la prueba. Pero según sintonizaba el dial en cada una de las primeras cinco preguntas calientes de mi programa para plasmarlas aquí, y de ponderarlas en su conjunto, si que me han nublado por momentos las negras nubes de la duda y he sentido la tentación de justificarme con la mala suerte. Sí, la idea de la suerte torcida planea ahora a estas alturas y sería muy humano aprovecharla y, por esta vez, quizás usted podría coincidir conmigo sin necesitar de apelar a su benevolencia. No he estado muy lejos de ir cumpliendo la media computada por mis reválidas de los programas de noviembre, pero decir que me había mirado un tuerto porque las dos a las que podía haber dado la respuesta correcta no me llegaron y que las otras tres eran muy específicas, sería una burda salida por la tangente. Además, yo no puedo evitar que me influya en este balance en el ecuador de la prueba, mi paupérrima actuación en su segunda parte. Así que no, no me he dejo embaucar por este sofisma tan ratonero.

Pero hay algo más y más importante. Si insistiera y me enzarzara en la defensa de mi incompetencia con los argumentos de la mala suerte –la suerte no existe-, podría llegar a cuartear los mismos cimientos de esta crónica a poco que perdiéramos la perspectiva. Podría asaltarnos esta pregunta: ¿Es posible que haya magnificado como fracaso, como una deshonra que necesitaba rehabilitar por medio de estas crónicas un hecho que no era tal? Y de contestar más o menos afirmativamente, correríamos el riesgo de dejar inconsistente el leitmotiv de estas entradas tan arduamente pergeñadas. Y lo que es peor, degradarlo al relegar su naturaleza más verdadera. No puedo negar que mi despecho sea uno de sus catalizadores, pero lo es para un yo menor; no podría estar aún aquí, en la entrada veinticuatro, con una gasolina de octanaje tan pobre. Siempre supe, desde que empecé a escribirlas, que mi participación en Saber y Ganar no era para tanto, que no tenía importancia intrínseca (¿qué haces, Giorgi, escribiendo sobre un concurso de tv.? –me critican buenos amigos), y mucho menos para retratarme como me retrato en muchos de sus malasuertepasajes. Quizás, los ustedes puristas (que no “los puristas ustedes”, ojo) consideren que me reitero demasiado en este punto, pero, como ven, en cuanto pasa cualquier mosca de cierta entidad por aquí, nos entretenemos y el hilo conductor, el acelerador de estas crónicas se nos vuelve a perder entre lo más anecdótico, y es que, quizás, no lo sé expresar bien. No importa en absoluto que Jorge y Pedro me eludieran en las preguntas aparentemente más sencillas, en realidad nada cambiaría en esencia si las pruebas se hubiesen desarrollado de manera diferente, es más, aún peor hubiese sido que yo hubiese estado certero y vamos a cerrar esta entrada con un ejercicio de imaginación que lo querrá certificar. Somos muy frágiles, hojas secas arrastradas por las rachas de nuestras pequeñas realidades. Todos –casi todos- presentamos un gran defecto de fábrica y es que la mayoría de las veces nuestra efímera felicidad depende de fruslerías –un premio de bingo, una adulación, el resultado de fútbol de nuestro equipo, una comida gratis, un polvo robado…- y nos falta peso especifico, densidad; y nunca sabemos, no estamos preparados como seres inteligentes, para saber a conciencia –ojo, Giorgi, tampoco- que nuestra experiencia, nuestra vivencias, lo que nos hace realmente felices o desgraciados, esperanzados o pesimistas, el armazón que construye nuestros mundos internos y externos a lo largo de una vida, no tiene tanto que ver con cómo son las cosas, de si llueve o no, de si nos relegan o nos dan protagonismo, de si hoy es jueves y mañana por fin viernes, sino en cómo lo sentimos, lo interiorizamos, lo vivimos y en cómo imaginamos, con qué mimbres espirituales y de confianza construimos nuestro mañana a partir de lo que nos va pasando. Así que no puedo prestar oídos a algo tan engañoso como la mala suerte y más cuando hoy doy gracias porque esa no-suerte se sentara en mi estrado junto a Freddie Mercury. Eso es. Y qué mejor que tener la oportunidad de poder intentarlo expresar sobre la base, claramente paradigmática, de mi experiencia en Saber y Ganar

Ahora, para ejemplarizar lo dicho, le propongo hacer un ejercicio de imaginación. Imagínese que el desarrollo de estas primeras cinco preguntas hubiese sido ligeramente distinto. Supongamos que cuatro de estas primeras cinco preguntas hubiesen sido idénticas. Añadamos –no es rizar el rizo- que el destinatario de las preguntas del delito del juez y del libro del gigante de la mitología griega hubiese resultado ser, con algo de fortuna, este cronista. Y Ahora sustituyamos una de las preguntas, por ejemplo, la del clarinetista Beny Goodman y cambiémosla por la siguiente, también para especialistas del género:

- ¿Qué gran ajedrecista alemán, campeón del mundo oficioso, fue el creador y dejó para los anales del ajedrez la partida llamada “La siempreviva” en 1852?

O mucho me equivoco –estando Jorge por el medio, nada puede asegurarse- o la pregunta, en directo o por rebote, me hubiese llegado a mí porque no parece, como la del señor Goodman, muy al cabo de la calle. Entonces hubiese respondido, infatuado en mis adentros:

- ANDERSEN.

Y luego muy complacido y con la sonrisa en los ojos, hubiese oído a Juanjo agregar:

LaSiempreViva

- ¡Sí señor! El gran Adolf Andersen, partida jugada en Breslau en 1852, con una de las más bellas combinaciones de ajedrez que se recuerdan.  Correcto.

Y entonces, en vez de los marcadores que ahora tenemos: Giorgi 70 puntos, Pedro 270 y Jorge 330, lucirían así Giorgi 380, Pedro 160 y Jorge 320. Muy diferentes guarismos con un pequeño cambio ¿no? Es decir, que el aleteo de nuestra mariposa no solo hubiese cambiado el desarrollo del programa, sino que habría conseguido que yo estuviera hinchado como un palomo en vez de apelmazado y con el alma en los pies; y más feliz que “mister Anzar” en las Azores. Pero…, sustancialmente, en profundidad, nada habría cambiado para bien ni posiblemente servido para nadie (como no ha servido casi para nada mi participación en los TrioAzoresprogramas de fin de semana –y no me haga decir por esta mención que ese cura es mi padre, ¿eh?-). De haberse producido como lo hemos fabulado a nuestro gusto, sí, habría ganado posiblemente unos eurillos más que ya estarían gastados, con suerte habría permanecido unos programas más en la televisión…, también habría regresado a la plaza Elíptica por su centro, embadurnado de vanidad, con mi ínfulas al viento, soplándome las uñas y hubiese tornado la guasa adivinada de mis compañeros de ajedrez por algún alarde presuntuoso (“¡Preguntarme a mí sobre Andersen, chicos, no sabían con quién se jugaban los cuartos!”). Pero la consecuencia más importante hubiese sido calamitosa porque no habría tenido la necesidad de justificarme y entonces este Saber y Ganar, el día de Freddie Mercury no existiría y eso, al menos para mí, sería una desgracia. Así que agradezcamos que las preguntas se sucedieran como sucedieron y se están contando y no como las hemos fabulado, porque así he tenido la oportunidad de estar aquí con usted y, principalmente, conmigo. Es evidente que hay que tener cuidado con lo que se pide a los dioses porque se corre el riesgo de que te lo concedan. Y qué podemos decir de Giorgi, su cronista, que es muy probable que no hubiese visto ni la luz. Giorgi, el nonato. Y eso sí que resultaría muy triste. Pero Giorgi sí está entre nosotros. No le obliguemos ahora a que filosofe sobre lo de reconocer que lo que estamos viviendo con dureza podemos considerarlo en el futuro como necesario. Dejémosle que se le pase la tiritona que le ha causado la posibilidad teorizada de su no existencia, que descanse, que afile la pluma y que se prepare porque ya le está esperando en la sexta pregunta, entre bastidores, Beatrice, la amada de Dante. Beatrice, la del volátil nombre.

 

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Entrada vigésimo segunda (Héroes, máscaras y presidentes):   

Es muy plausible que la mente bien engrasada e imbuida de racionalidad y cálculo de Yuri Gagarin, no se entretuviera en pensar en Dios cuando, dentro de su Vostok I, el cosmonauta iba a ser el primer ser humano que se zafara físicamente de la gravedad de nuestro planeta y también, con la distancia, ser el primero que la pudo contemplar ciertamente esférica y, como un regalo, revelarnos su color: “La Tierra es azul” –anunció al volver-. Algunos plantean que sí, que orbitando a 350 kilómetros por encima de nuestros templos desde donde miramos hacia arriba, sí se acordó de Dios y  que comentó también: “Aquí no veo ningún Dios”.

vostok 1    Pero parece ser que no, que no fue él quien, al no encontrar a Dios en el espacio cercano, esgrimió esta Ausencia en la órbita del Vostok I como prueba de que Dios es solo un concepto de coerción colectiva. El autor más probable de una afirmación como ésa fue Nikita Jrushchov, a la sazón Primer Secretario del Comité Central del PC de la URSS -“Gagarin estuvo en el espacio, pero no vio a ningún Dios allí”- parece que afirmó-. Así que, es más factible que fuera el preboste comunista el que, en el trance de ese colosal paso del progreso humano, sí tuviera un pensamiento para Dios (para su Ausencia) y así aprovechar la oportunidad para lograr arrimar el ascua a su No-Sardina en aquella guerra de fuego de crematorio, que elevó tanto la temperatura del planeta del que se escapaba Gagarin, que llamarla Guerra Fría no deja de ser un eufemismo.

                              yuri-gagarin-time           JuanaDeArco

Desconozco si la mente de Yuri Gagarin estaba tan bien permeabilizada como para que su espíritu mortal, con la herencia simbólico-religiosa arraigada en su Ello por unas cuantas decenas de miles de años, pudiera eludir la necesidad humana de trascendencia ante el no poco riesgo de muerte al que se exponía, y que en su fuero interno, no encomendara su suerte, si no en Dios –que no existía para él-, si en algún Santo o Santa del que sí había certeza de existencia  y en el que, en su Sanctum intimo, creyera o admirara -vaya a usted a saber porqué razón-, o le profesara simpatía o confianza. Y ya puestos a lucubrar, hoy que hace calorcito, bien pudo acordarse de Santa Juana de Arco. Sí, ¿por qué no? No solamente el cuerpo de la Doncella de Orleans había ardido en el mismo fuego al que Yuri se arriesgaba –eso sí, de distinta dimensión, manifestación y textura (si es que un fuego puede tener textura), y mucho más lento y doloroso que en el que ardería él si algo salía mal-, sino porque sus respectivas inmolaciones –la suya por suceder- se realizarían para mayor gloria de los respectivos dioses de sus creencias difícilmente conciliables, pudiendo ser la de Yuri el contrapunto adecuado de la de Juana. Razón versus Fe, ya sabe.

Yuri Gagarin concluyó con éxito su misión de orbitar la Tierra en un cohete por vez primera en la Historia de la Humanidad y no podemos conjeturar más. Si acaso decir que, desgraciadamente para él, la gravedad de la Tierra, de la que había escapado durante algo menos de dos horas, y siete años después de su proeza, atraería con su fuerza constante y violenta el avión que Yuri pilotaba para estrellarlo contra la dura corteza no azul de nuestro planeta, produciéndole la muerte instantánea a los treinta y cuatro años. Es de pensar que Gagarin no moriría finalmente por la acción del fuego y sí por el efecto del impacto. No obstante, aunque hubiera sido así (ardido como Juana), ya Yuri Gagarin no podría haber alcanzado la santidad en el santoral laico -ocasión perdida, ya- , al menos en similar estrato celestial que el de Santa Juana de Arco, y se hubiera quedado en la consideración que ya ostenta, en Héroe, lo que también está muy bien.

De todas las formas, y reconociendo el riesgo y el carácter pionero, -recordemos que el Vostok I orbitó una sola vez alrededor del planeta, que estuvo siempre controlado desde la tierra, que se mantuvo en el espacio por menos tiempo que el que dura un partido de fútbol con prórroga y que Yuri fue poco más que un sujeto Charles-Lindberghpasivo experimental-, a uno le parece de mayor valor y riesgo intrínseco el vuelo con el que Charles Limbergh también consiguió alcanzar la categoría de héroe al haberse atrevido y lograr, encaramado a su propio cacharro mecánico, realizar el primer vuelo transcontinental sin escalas sobre el azul del Atlántico. Si aún hoy en día, con rutas seguras por las autopistas de navegación aérea, la sofisticación y precisión y seguridad de la inteligencia artificial y el carácter rutinario de los vuelos comerciales, si aún hoy en día, digo, a muchos de nosotros se nos descose la entereza y nos acordamos hasta de nuestros santos más inhábiles cuando nos subimos a un avión, piense usted en el arrojo que tuvo que ponerle Charles Limbergh para subirse a un cacharro de 1927 y permanecer treinta y tres horas en manos únicamente de su Dios y permanentemente atento a cualquier discontinuidad en el zumbido del único motor de su Spirit of Saint Louis y, quiero creer, solo acompañado por alguna voz amiga que al otro lado de la radio, lo único que podía hacer por él es mandarle un ¡ánimo Charly! ¿Cómo vas?, o hacerle llegar por las ondas alguna música alegre o preferida. Yo creo que Limbergh, a diferencia de Gagarin, sí pensó en Dios de forma existencial y paliativa, pero de ninguna manera, ocurriera lo que ocurriera en ese vuelo, hubiese conseguido el grado de santidad que la Doncella de Orleáns ostenta, y posiblemente su muerte, de haber ocurrido el accidente, se hubiera debido más al impacto, a la hipotermia o a los tiburones, que al fuego.

Salvo “el de los pies ligeros” que dejaremos para el final por un encono personal de este cronista para con él, de los héroes que tuve que reconocer en la sosa –hasta para la sustancia estas entradas- y casi testimonial prueba de “Cada sabio con su tema” de mi participación en Saber y Ganar, estos dos aeronautas son los únicos que alcanzaron la jerarquía de héroe por medio de la acción. Juana de Arco, también, pero apuntada quede por última vez su jerarquía superior que la elevaron hasta los altares cristianos.

VICENTE FERRERPensándolo bien, quizás este último párrafo no sea exacto y dado que no tengo un criterio definido sobre si Vicente Ferrer fue un héroe de fe, un héroe de humanidad, un héroe de acción o incluso un santo, le traslado a usted la responsabilidad de enjuiciarlo. Evidentemente, como siempre que leemos, tenemos la potestad de juicio sobre lo que se nos dice, y podemos mandar al garete (o al fuego, ya que estamos) al libro, al autor, a sus ideas o premisas sin ningún rubor y sin dar explicaciones. Lo que quiero decir con ese “traslado de responsabilidad” es que lo que voy a apuntar aquí –ya que el guía de estas entradas me lo permite- lo voy a hacer desde el punto de vista de un lector más y no del autor, es decir, despojado de la aureola del que dicta, que, equivocado para nosotros o no, se cree con la potestad/vanidad de poder/saber decirnos cosas de manera taxativa y solvente. Yo me entiendo, espero que usted también lo haga o, al menos, me lo perdone. Para uno, a Vicente Ferrer deberían elevarlo a los altares saltándose todos los trámites, porque las causas a las que ha ofrecido su vida constituyen los principios esenciales, místicos y filosóficos en los que se fundamenta la fe cristiana.  Si la curia romana tiene el santo cuajo de canonizar a papas como Juan XXIII –que modernizó la Iglesia en pos de la extensión de sus tentáculos, alejándola de la esencia al subvertir su liturgia- o Juan Pablo II –instrumento contrarrevolucionario, que gustaba de vestir Prada-, con mayor razón y celeridad debía hacerlo con Vicente Ferrer. Pero claro, es que la curia romana sí que tiene ese santo cuajo y, al fin y al cabo, ya está absolutamente desvirtuada –en el sentido más estricto de la palabra, sin virtud- de los valores cruciales del Cristianismo, y, claro, es bien lógico que santifique con más facilidad y urgencia a personajes que coadyuvaron a acrecentar la influencia, el poder, la riqueza de una institución con estructura de emporio, que a alguien como el buen catalán. Además, ya tenemos a un San Vicente Ferrer en el santoral, así que, de momento, lo tiene difícil.

 Rezagando de nuevo a Aquiles, las dos mujeres que restan de la serie de héroes que me preparó en el equipo de guionistas de Saber y Ganar para esta prueba de “Cada sabio con su tema” de la que me ocupo, las incluyeron en la lista por razones bien peculiares y distintas, aunque sobrenada la idea común de que estaban marie curieen ella porque eran mujeres. Me explico. Verdad es que fueron unas luchadoras, unas adelantadas a su tiempo. Que tanto Madame Curie como Rosa Parks pueden ser consideradas como grandes mujeres no se puede poner en duda, pero no puedo yo dejar de apreciar falsete en las notas de estas exaltaciones. Yo mismo, habiendo individualizado a los hombres “héroes” de esta lista de preguntas, estoy metiendo en la misma parrafada a estas dos mujeres sin singularizarlas tanto, y lo lamento. Voy a hacer un intento por paliar este defecto aunque no sé si lo conseguiré porque no lo siento del todo, porque no puedo evitar pensar –sentir- que estaban en la lista de heroínas no por sus logros personales exactamente, sino por ser una representación válida, un instrumento para destacar de lo que en la actualidad es considerado como “políticamente correcto” -en la teoría, claro, porque en la práctica la discriminación de la mujer en todos los mundos, o de los negros en EEUU, constituyan aún lacras perniciosas sin superar-. Rosa Parks es conocida por haberse negado a ceder su asiento –reservado para blancos- en un autobús y por las consecuencias que conllevaron este acto –incluido un encarcelamiento- y de las acciones posteriores del movimiento por los derechos civiles que llegaron a conseguir -¡por fin!- que un tribunal considerara inconstitucional la segregación en el transporte. Parece ser que Rosa Parks no había sido la primera mujer que se negó a ceder su asiento y aún existen muchas dudas de la veracidad de ese gesto de Rosa o, al menos, de la razón real que la condujo a realizarlo. Dejémoslo aquí y no hurguemos más en el hecho ni indaguemos en el papel posterior de Rosa en el movimiento de derechos civiles como para ser considerara una heroína a la altura de Vicente Ferrer o de Aquiles. Que su acción fue valiente y decidida y que sirvió como desencadenante de Rosa Parksun proceso de lucha que aún hoy continúa, es absolutamente loable y un servidor no la llega a la altura de los zapatos, que conste. Marie Curie fue una mente privilegiada que con el tesón y la constancia de una científica logró metas vetadas hasta ese momento a la mujer. Fue la primera mujer que impartió clases en una universidad –La Sorbona- y la primera mujer en obtener un premio Nobel. Casi nada. Contribuyó decisivamente en el avance de los estudios sobre la radiactividad y fue fiel a su profesión y leal con sus aptitudes y constante en sus actitudes para realizar una labor científica extraordinaria. Sin embargo, no es descabellado creer que antes que Rosa Parks, sí habría habido algún hombre negro que se negara a levantarse de su asiento y que previamente a su encarcelamiento recibiera como premio a su heroico gesto una buena somanta y hoy es un perfecto desconocido. Y desde luego que en el tiempo de la Curie trabajaron a parecido nivel científico unos cuantos colegas masculinos que no son considerados exactamente héroes. Pero quede bien lo que bien parece.

Aquiles sí que es el único héroe de la lista en el sentido más estricto de la palabra. Un héroe de la Guerra de Troya. Un gran guerrero. El más hermoso, el más veloz –“el de los piés ligeros”-, el más amante –por lo que creo recordar de la Iliada, Aquiles había desistido de la lucha por desavenencias con los Atridas, y solo volvió a ella con violencia desatada al caer en la batalla su amigo-amante, Patroclo-. Aquiles, además, era el mejor lanzador de la jabalina –esto yo no recuerdo sí está en la Iliada o es un invento de la película Troya, del 2004, con Brad Pitt encarnando a Aquiles, ¡Brad Pitt, Aquiles!, es decir, que Aquiles es lo más de lo más en héroes. Se le considera hasta casi invulnerable –recuerde, el talón-. Pero con todo ello, yo nunca podré perdonarle, por muchos años que viva, que tuviera que ser él, el que diera muerte a mi personaje histórico favorito: Héctor. Recuerdo que ya de pequeño, al ver alguna película antigua sobre la Guerra de Troya me entraron ganas de llorar en la escena de la muerte de Héctor. Bueno, me quedo sin espacio y tampoco hay ganas ni tiempo para profundizar en el análisis de ese enfrentamiento a muerte de dos arquetipos humanos construidos con las mejores virtudes, y dilucidar el porqué Homero decidió –ojo, que puede ser posible que se aquiles-hectorciñera a una realidad histórica- que el representado por Aquiles, venciera, diera muerte y arrastrara sus restos de manera ignominiosa alrededor de las murallas de Troya al de Héctor. Casi seguro que algún estudio psicológico se habrá escrito sobre esta oposición, y si no, debería escribirse. O quizás, y simplemente, es un hecho bélico inexorable, una demostración de que la Guerra es más ciega que el amor.  Me quedan consuelos de tontos. Que Héctor, perteneciendo al bando de los perdedores, de los “malos de la película”, haya llegado hasta el siglo XXI ensalzado y como héroe también, algo que está al alcance de muy pocos perdedores. Y su nombre. Con el nombre de Aquiles yo solo he conocido a una persona en todos mis años, sin embargo, Héctor… ya sabe lo preferido que es como nombre.

Reconozco que estoy siendo un poco artificioso en todo lo que voy escribiendo al ceñirme demasiado al término héroe, y así encuentro argumentos para calibrar a mi manera a los integrantes de esta lista. En descarga de los guionistas del programa debo ser sincero y contar aquí que Juanjo Cardenal, al realizar la presentación del tema elegido por mí, “HÉROES DE LA HISTORIA” puntualizó este titular con un inciso aclaratorio…. Bueno, creo que es mejor que transcriba con fidelidad cómo se condujo la prueba. Retomo el curso del programa desde la conclusión del “Reto del comodín”. Así sucedió:

-  Sobreseer… Pues como ha dicho Juanjo muy bien, en justicia, ésa es la palabra que no ha encontrado Jorge y no ha conseguido el comodín. ¡Por una! ¡Por una! Pero tenemos cinco temas…  (Jordi guiña un ojo picarón al decir esta última frase)

A continuación van encendiéndose en la pantalla, uno a uno, los cinco temas de la prueba acompañados de una musiquita que ponen luego en el montaje.  Al ser yo el concursante más bisoño de los tres, soy el primero en participar y tengo la venia de poder escoger el primero de entre cualquiera de los cinco propuestos en esta prueba de “Cada sabio con su tema

Este es el panel:

5 temas

Juanjo enuncia estos temas leyéndolos despacio, con su esmerada vocalización y un énfasis ligero de cada uno según su naturaleza. Cuando lo acaba, reconduce la prueba Jordi Hurtado.

- Uhuú.. Giorgi, nuestro primer concursante hoy, en cada sabio con su tema, ¿elige…? (Jordi tiene un boligrafo en la mano derecha. Con él y con el dedo índice de la izquierda, me ha señalado como si me apuntara con dos revólveres)

HeroesDeLaHistoria

- Héroes… -respondo con un movimiento como para quitarme tensión. Como si fuera mi tema predilecto. Y no. Ni en esta prueba de fogueo consigo relajarme-

- ¡Heeéroeeees!. !Héroes de la historia, Juanjo!.

–interviene Juanjo, y aquí está el inciso anunciado-. No vamos a olvidar las heroínas, tampoco. Y atención. El término héroe o héroes… en el máas aamplio de los sentidos. (Un buen pellizco en la nariz que me doy al oírle…).

-  Sí ¡Hum! ¡Pues ahí están las preguntas. A responder, Georgi. Es la primera prueba, tiempo…

- ¿Qué heroína, apodada la doncella de Orleáns, fue quemada en la hoguera?

 Bernad o Juana

-   JUANA DE ARCO. –respondo con seguridad, aunque un poco secamente.-.

-   ¡Correcto!

 

-   ¿En qué universidad francesa fue profesora de física y química Madame Courie?

Col o Sorbona

-   LA SORBONA.

-   ¡Correcto!

 

-   ¿A bordo de qué nave viajó al espacio exterior el cosmonáuta soviético Yuri Gagarin?.

Soyuz o Vostok

-   SOYUZ 1

-   No es correcto.

Primer error que encajo impertérrito.

 

-   ¿Con qué ciudad enlazó Nueva York sin escalas, en solitario, el aviador Charles Limbert?

Paris o Londres

-   Ehhh… LONDRES. Acompaño la respuesta con un gesto afirmativo de seguridad.

-   No es correcto.

Segundo error. Ahora ya aprieto los labios y abro mucho los ojos. ¡Claro, Giorgi! Fue un viaje para unir los continentes de América y Europa, y Gran Bretaña no es el continente. Recuerda aquella anécdota en la que un tiempo infernal había interrumpido los transportes entre las islas y Europa y que algún periódico inglés informó de la noticia en portada con la frase: ¡EL CONTINENTE AISLADO!

 

-   ¿Cómo describe Homero en La Iliada al gran guerrero Aquiles?

PiesLig o Pacif

-   EL DE LOS PIÉS LIGEROS.

-   ¡Correcto!

Me parece increíble. Ahora que me remiro en el vídeo, me veo que he dudado. Se me han ido unos segundos antes de contestar… Bueno, ahora que tengo a Aquiles encima de la mesa me sorprende esa duda, pero cuando estás en Saber y Ganar y no sabes por dónde van a ir los tiros y surge un pregunta que te la supones requetesabida, y vas a rescatar la respuesta para, de pronto, encontrártela empaquetada en el fondo en el desván del conocimiento poco útil... O, simplemente, esa duda, es una muestra más de la poca energía con la que chispeaban mis conexiones neuronales esa mañana que tanto está dando de sí. De hecho, también me veo dudar ligeramente al dar la respuesta de la siguiente pregunta... Si no fuera porque llevo manejando yo esta nave, podría hasta dudar de la posible manipulación del vídeo... En fin. 

- ¿A qué país dedicó el misionero español Vicente Ferrer los mejores años de su vida?

Mozam o India

-   INDIA.

-   ¡Correcto!

Nótese la cortesía de Juanjo Cardenal. Cuando tu respuesta es válida, suelta un ¡Correcto! muy resaltado, casi alegre. Al contrario, las respuestas erróneas, ese “No es correcto” lo dice muy claro pero con menos énfasis.

 

- ¿A qué se negó Rosa Parks para convertirse en un icono contra la segregación racial?

Levantarse o Saludar

-   LEVANTARSE DEL ASIENTO.

-   La gran Rosa Parks… ¡Correcto! ¡Heroína!

Y suena el toquecillo agudo del final del tiempo. Cinco respuestas correctas a 20 puntos. Mis primeros cien puntitos. Y ésa será la máxima cantidad que lucirá mi marcador…   

- Sí, sin duda. Efectivamente. Jordi ha rubricado el comentario de Juanjo con un tono solemnísimo, casi tristón - Y cien puntitos para… para Giorgi. Y ¡Pedro! ¡Con comodín!...

Bueno, aunque andamos ya mal de espacio en esta entrada, no puedo cortar aquí y debo finalizarla incluyendo las preguntas de “Cada sabio con su tema” que correspondieron a mis compañeros concursantes Pedro y Jorge. Me parece lo adecuado para que esta crónica sea lo más completa y fidedigna posible y aunque se alargue, será una extensión sin recargas, vaporosa, con mucho espacio en blanco. Me voy a limitar a realizar una transcripción simple de preguntas y respuestas, sin realizar juicios –ni sé, ni debo hacerlos-, ni detalles que ni iban conmigo ni a los que estuve demasiado atento, ya sabe usted por dónde andaba yo, ajeno a todo, imbuido en mi terror y mis complejos. Ya llegaban, ya llegaban las temidas Preguntas calientes.

TrasLaMascara

Pedro eligió el primer tema, y así es como le fue:

 

-   ¿Dónde tiene su refugio el hombre enmascarado, el justiciero también conocido como el fantasma?

NYorkSelva

-   EN NUEVA YORK.

-   No es correcto.

 

-   ¿Qué actor lograba poderes sobrenaturales tras ponerse una máscara?

Jim o Johnny

-   JIM CARREY.

-   ¡Correcto!

 

-   ¿El carnaval de qué ciudad las máscaras tienen una gran importancia y tradición?

Rio o Venecia

-   VENECIA.

-   ¡Correcto!

 

 - ¿De qué color es la máscara del amor en uno de los terroríficos relatos breves de Edgar Allan Poe?.

Negra o Roja

-   NEGRA.

-   No es correcto.

 

 

-   ¿Los miembros de qué banda estadounidense de metal alternativo salen a actuar con máscara?

Nine o Slip

-   SLIPKNOT.

-   ¡Correcto!

 

-   ¿En cuántas ocasiones, Antonio Banderas has lucido la máscara del zorro?.

Dos o Tres

-   DOS VECES.

-   ¡Correcto!

 

-   ¿En qué museo se exhibe la impresionante máscara mortuoria de Tutankamon?.

Louvre o Cairo

-   EN EL LOUVRE.

-   No es correcto.

 

-   ¿En qué género dramático japonés los actores usan…

-   ¡Tiempo! No, no se completó este enunciado y… con este tema dedicado a las máscaras Pedro ha conseguido ocheeeenta puntos… Y seguimos. ¡Atención, Jorge! ¡Jorge Santamaría! para usted tenemos…

Ahora. La prueba de Jorge. Jorge eligió:

Presidentes

 

 Juanjo, comienza la batería de preguntas sobre este tema:

 

- ¿Cuál de estos presidentes de Italia ha sido el primero en repetir el cargo tras unas elecciones?

Giorgio o Sandro

-   PERTINI.

-   No es correcto.

- ¿Qué responsabilidad ocupa François Holande en el palacio del El Eliseo?

Presi o Jefe

-   JEFATURA DEL GOBIERNO.

-   No es correcto.

 

-   ¿Qué título ostenta en la república islámica de Irán Hassa Rouhani?

Lider o Presidente

-   LÍDER SUPREMO.

-   No es correcto.

 

-   ¿De qué país fueron presidentes Kubitschek, Quadros y Lula?:

Paraguay o Brasil

-   DE BRASIL.

-   ¡Correcto!

 

- ¿En qué país europeo fue investido presidente en 2012 Joachim Gauck?

Austria o Alemania

-   AUSTRIA.

-   No es correcto.

 

- ¿Quién ocupó el sillón presidencial en Chile antes de que fuera investido Sebastián Piñera?

Bachelet o Lagos

-   MICHELLE BACHELET.

-   ¡Correcto!

 

- Si la Casa Rosada es la sede del gobierno argentino, ¿cómo se llama la residencia del presidente de Argentina?

Quinta o Palacio

-   PALACIO DE AGUAMARINA.

Se cumple el tiempo y Juanjo, en esta pregunta final, no la cierra con un “No es correcto” sino con un “No señor, se llama Quiiiinta de Olivos”.

- Bueno, pues… No ha ido muy bien este tema, Jorge, porque solo ha conseguido cuarenta puntitos… Son solo dos respuestas… A ver qué ocurre ahora con las Preguntas Calientes. ¡¡Ahíííí, ahí hay muchas preguntas, que son diez en total, por tanto muchos puntos en juego… Visitaremos una ciudad, la doble pregunta de Pilar y… ¡Atención, atención!, Juanjo, ¿cuál es ya la primera?

                   

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Marmota 

Entrada vigésimo tercera (Interioridades livianas):   

 

Mire usted que había escrito en alguna entrada anterior que iba a pasar casi de puntillas por la prueba de “Cada Sabio con su tema” pues me parece una prueba insulsa, un poco aburrida y, sin embargo, no debería haberme atrevido a anunciarlo porque ella solita se ha llevado una entrada completa… y aún no he acabado por decirla del todo. Está claro que no se puede aseverar nunca que de esta agua no beberé –y mucho menos dejarlo escrito-.

Cuando el equipo de Saber y Ganar realiza anualmente –por el mes de febrero- los programas especiales de aniversario en los que reúne a los llamados “magníficos” del año anterior (los concursantes que alcanzaron los 7000€ de ganancia), esta prueba de “Cada Sabio con su tema” la mantienen, pero realizan una mínima variación que, para mi gusto, la dejan muy mejorada porque incorporan entre las respuestas posibles una tercera opción, y entonces ya no es tan trivial porque la posibilidad de acertar cuando no conoces la respuesta no se limita a un simple cara o cruz, sino que disminuye hasta el 33% y el concursante y nosotros -el sesteante público- encelados desde casa, ya no podemos despachar las preguntas respondiendo la primera opción que se nos viene a la lengua y algo más debemos esforzarnos. Si uno, desde esta humilde crónica, pudiera influir algo en la mecánica del programa, éste sería uno de los pequeños ajustes que incorporaría a las emisiones de diario de todo el año. Si además lo acompañara un incremento pequeño del valor de cada respuesta acertada, estoy bien seguro que estas dos mínimas variaciones elevarían bastante la estimación de la prueba. Señor Sergi Schaaff, usted toma las decisiones y conozco que siempre anda cavilando soluciones de mejora para incrementar el interés y el seguimiento de Saber y Ganar sin cambiar lo esencial: estaría bien que no echara en saco roto la idea que se propone.

LasTresOpciones

Pregunta con 3 opciones en el especial de “Los magníficos de 2014”:

 ¿Qué instrumento médico inventó el doctor Alexander Wood en 1853?

 Antonio Ruiz, el ganador final, no responde correctamente 'la aguja hipodérmica'. 

 

(No, no me malinterprete, no estoy midiendo mal mis fuerzas; no me asalta presunción ninguna por estar en este estradillo, como para creerme en el derecho de poder aconsejar al señor director de Saber y Ganar sobre variantes en el programa. Lo que pasa es que -tarde o temprano tendría que aparecer necesariamente en estas páginas- he vuelto a concursar en Saber y Ganar, en la edición “Fin de semana”, y por determinadas vivencias sucedidas creo que puede tolerárseme. Ha sido una participación tan absolutamente diferente que he llegado hasta a temer que esta crónica se malograra definitivamente –siempre en peligro, la pobre-. Mi nueva participación en el mes de febrero pasado y sus secuelas, es una causa principal para el lapso de casi tres meses que ha mediado entre la entrada 21 y la 22. Finalmente, he decidido que debo concluirla y que muy poquitas veces más voy a hacer referencia a mi segunda aparición en Saber y Ganar porque fue tan divertida y satisfactoria, tan diferentemente vivida a la que andamos refiriendo, que no la creo con interés como para merecer ni una línea. Pero en este paréntesis sí que la tengo que mencionar porque ha variado en mí –y en mucho- el punto de vista. Abarcó varios programas y hubo tiempo para departir junto con mis estupendos compañeros/concursantes con los que tuve el placer de coincidir, con el director de Saber y Ganar, el señor Sergi Schaaff, de temas muy variados, propios y ajenos al programa y casi en todos, este cronista pudo oír puntos de vista y reflexiones que no son muy habituales entre los personajes que uno está obligado a escuchar en el chapapote social postmoderno. En una de las muy sabrosas reuniones con Sergi, pudimos preguntarle sobre cuestiones referidas a pruebas concretas del Sergi-Schaaffprograma que no nos parecían justas o, al menos, sí susceptibles de mejora, y también proponer y sugerir, a petición del director, ajustes posibles. Sergi, que tiene sapiencia y muchos años de bagaje en la televisión y, desde luego, en Saber y Ganar, supo con un respeto hermoso desmontarnos la teórica bondad de los cambios que le propusimos –a favor de los concursantes, claro-, y justificarnos con muy buenas razones los porqués las pruebas que constituyen el programa eran como eran y se pagaban como se pagaban –su mayor impedimento: el presupuesto asignado para la realización-. Evidentemente, estábamos participando en la edición de Fin de Semana y, por consiguiente, casi todo sobre lo que debatimos se refirió a ese formato y muy poco al de diario. Así que es por eso que me aprovecho del buen talante del señor Schaaff para estos asuntos y a su constante afán de mejoramiento de la mecánica del programa para permitirme la sugerencia de esa mínima variación en la prueba “Cada Sabio con su tema”, porque me parece un ajuste oportuno, sencillo, coherente y no muy gravoso.

Finalmente, debo decir que en esta segunda participación, al ser más relajada, festiva y prolongada, me dio la oportunidad de conocer más de cerca y charlar desenfadadamente con los mitos vivos que conducen el programa, Juanjo, Jordi y Pilar. Y lo apunto sin ninguna afectación, sino por remarcar la dificultad que ese hecho ha añadido a la elaboración de estas entradas. Es evidente que este acercamiento ha cambiado sustancialmente el «feeling» que de ellos me llevé en el primer encuentro, y también el de muchas otras facetas y espacios del programa; por lo que no considero superfluo dejar sentado aquí -¡ojalá usted pueda comprenderlo!- que estoy necesitando un esfuerzo de voluntad, reconcentración y evocación muy acusado para mantener el tono y el “alma” de aquel lunes de Freddie Mercury sin que se vea contaminada su esencia por mi regreso a Saber y Ganar.

Solo quiero resaltar aquí dos circunstancias más de esa segunda participación porque incumben a esta crónica. La primera es festiva. Decir que no participé PedroCortesEnlaFeriaen ella con mi nombre de pila y que me atreví a hacerlo bajo el apelativo de Giorgi, en homenaje y reconocimiento al sufrido alter ego al que hemos dejado la responsabilidad de escribir esta crónica. Como se lo cuento. ¡Fíjese qué diferencia de actitud ante el nuevo reto! La segunda es casual porque, ¡oh, caprichos de los dioses de los concursantes!- coincidí en el programa de nuevo con Pedro Cortés, mi suave compañero en este lunes de marras. Llegamos juntos y nos echaron en el mismo programa. Hoy, siete de junio, voy a comprarle en la Feria del Libro de Madrid su primera novela publicada porque la firma esta tarde y será un placer felicitarle por ello y darle un fuerte apretón de manos. Está visto que Pedro le tiene que robar horas al día para sacar adelante todo lo hace –en el que ha incluido la procreación-. Mi admiración. Y dicho esto, cierro paréntesis osando aseverar que no volveré a mencionar en esta crónica mi segunda participación en Saber y Ganar porque apagaría el germen del arrebato y la necesidad interna por la que se comenzó y ha ido creciendo ésta en la que estamos inmersos. Si acudo a la segunda sin cuidado, sería muy difícil evitar las continuas comparaciones y terminaría por relativizar erróneamente todo lo sentido hasta la aflicción en la primera y la desnudaría de la triste épica que creo que atesora. Así que, me atrevo a asegurarle: «No, ese cura no es mi padre.»)

   Y llegamos a “Las preguntas calientes”, la prueba estrella de Saber y Ganar porque es la más sustanciosa si se juzgan a las pruebas pecuniariamente (Obviamos, de momento, la última, la muy peculiar “Parte por el todo” que casi siempre es más suculenta en dinero para quien la resuelve). Consta de diez preguntas de temática y dificultad muy dispar. Por buscar una característica común a estas “preguntas calientes” decir que en su mayoría son muy específicas; es decir, que desde luego una cultura general muy acusada ayuda una barbaridad para responderlas correctamente, pero sí que depende bastante el salir airoso de ellas el hecho de que versen sobre temas determinados que el concursante conozca mejor que otros. Así que, indefectiblemente, la suerte influye bastante; que te acompañe para que el mayor número posible de ellas, aunque sean difíciles, Marmotaestén referidas a tus temas más controlados. Claro, luego está la agilidad mental para encontrar la respuesta; es evidente, si estás marmota es como si estuvieras pez. Y finalmente existe otra contingencia más y no poco importante; también depende cada concursante de cuántas de esas diez preguntas le son atribuidas –enviadas, le dicen en el argot del programa-, que seas tú el primero de los tres concursantes que tiene el derecho de responderla. Y esto es un juego más. La primera pregunta de las diez la plantea el equipo del programa –Juanjo Cardenal-, y se la realizan al concursante que menos puntuación tiene en ese momento. Si la falla –imperdonable que no conozca esta regla, quizás usted pueda ayudarme- ignoro si el segundo concursante con derecho a respuesta es el contiguo o el siguiente con menor puntuación. Lo planteo porque en mi participación y para mí, sí tuvo su importancia esa primera pregunta, luego lo aclararé. Pero en las nueve restantes es el concursante al que le han enviado la pregunta anterior el que determina quién es el que debe responder la siguiente. (“Por asignación, X ¿a quién la envía?”, interviene siempre Jordi Hurtado”). Y este procedimiento también convierte la prueba en un juego de estrategia en el sentido de que el concursante que decide, puede enviar la pregunta a éste o al de más allá, en función de los circunstancias del momento, casi siempre dependiendo del estado de los marcadores en ese instante, y elegir el destinatario del envío de la pregunta en función de lo que sea más beneficioso o menos para él mismo. Dicen los decálogos y reglas no predeterminadas sobre esta prueba, que, en puridad, la pregunta se debe de enviar al que menos puntuación tiene; pero es una pauta que no veo que se tenga en cuenta demasiado en esta prueba, sobre todo en las últimas preguntas de la serie de las que depende el resultado final de la prueba. Decir que las consecuencias de este resultado –amén del dinero acumulado, cien euros por cada acierto, menos diez por cada error, “paso” o silencio- son las siguientes: El concursante con menor puntuación va derechito a lo que llaman “área de descanso” –unas sillas en un esquinazo oscuro del plató con botellitas de agua para pasar el mal trago. (Yo, como una idea paliativa –sé que no da el presupuesto-, añadiría en el staff un psicólogo experto en estados de shock y experto también en saber recoger con una fregona la autoestima de algunos de nosotros)-; y son los dos concursantes con mayor puntuación los que disputan la prueba denominada “El duelo”. Con mucha asiduidad el concursante que resulta último tras “Las preguntas calientes” y queda excluido de “El Duelo” en el área de descanso, es el mismo que, finalmente, se ha de jugar su permanencia en el programa en “El reto” –este Giorgi que suscribe, es un buen ejemplo-. Así que, no quedar relegado en esta prueba es bastante importante y ello da lugar a que, dentro de las posibilidades de cada cual, se hagan cábalas internas para decidir a quién sí y a quién no es más beneficioso que le atribuyas –le envíes- cada pregunta. En la larga vida de Saber y Ganar, también hemos presenciado que en algún programa puntual (¡Ahí va!, Discusión¿qué pasa?), ha surgido un pique raro entre dos de los concursantes de la terna. Los vemos enconarse, intentar perjudicarse entre sí, responder las preguntas con agresividad y arrastrar la ojeriza mutua hasta El Duelo, que al tratarse de una prueba basada en un sistema de apuestas por respuesta acertada, se hace más evidente ese deseo de causarse daño mutuo. Pero estos comportamientos son muy raros, lo natural es que la prueba se conduzca como se ha explicado. Uno, cuando lo ha denotado en determinado programa, no puede explicarse qué ha podido suceder. Y lo más que imagina es que en algún momento de la convivencia en comidas o cenas, se ha producido un choque de soberbias o algo más pueril como ¡Te has comido el último panecillo de jamón! ¡Me lo has quitado a mí, a mí…! ¡No sabes con quien te juegas los cuartos, te vas a enterar! La vanidad del ser humano es honda e indeleble…

Recapitulemos entonces. Pedro, Jorge y yo hemos llegado a “Las preguntas calientes” en esta situación de marcador: Giorgi, 100 puntos, Pedro, 80 puntos, Jorge, 40 puntos. Entonces la primera pregunta le será enviada por Juanjo Cardenal a Jorge…

Por todo lo que se ha contado anteriormente, y si usted es un seguidor asiduo de Saber y Ganar, tengo la sospecha de que se ha debido plantear alguna vez, como yo, la posibilidad de que un concursante puede perseguir ser el primero en ser preguntado en “Las preguntas calientes” por medio de intencionados y calculados errores en las respuestas de “Cada Sabio con su tema”. Efectivamente, si se van a realizar diez preguntas y si la prueba se desarrollase de manera teórico-equitativa, un concursante recibiría cuatro preguntas y los otros dos, tres. La diferencia potencial son cien puntos. ¿Merecería entonces la pena arriesgar y obtener veinte, cuarenta, sesenta puntos menos para conseguir ser el primero en ser preguntado? Bueno, no es descabellado que se nos haya pasado por la cabeza. De hecho, y aquí está la duda generada por mi mente calenturienta, debo reconocer que he llegado a recelar de si mi compañero Jorge no estaría utilizando programa tras programa esta estrategia. Ya está dicho que Jorge resultó ser muy competente y rechinaba un poco su reiterada impericia en “Cada sabio con su tema”. También he conjeturado aquí sobre la posibilidad de que Jorge fuera un “profesional” de los concursos. Aunque, desde luego, conseguir solo 40 puntos en la prueba de nuestro programa para ser el primero en ser preguntado se hace demasiado escaso, ya que con 60 –de perseguirlo- también le hubiese bastado. Lo que pasa es que en los dos, tres, cuatro… programas siguientes, en donde continuó demostrando una buena capacidad, también fue el concursante que recibió la primera pregunta al quedar último en “Cada sabio con su tema”… Final y honestamente creo que no era premeditado, y mi recelo fue un producto equivocado de mis pensamientos torcidos por despecho, o Jorge rectificó sobre la marcha, no sé, porque sí ocurrió que, después del tercer o cuarto programa de su permanencia, Jorge se condujo en esta prueba de manera natural, es decir, respondiendo acertadamente el mayor número posible de las cuestiones que le plantearon en “Cada sabio….”. De todas las formas esta posible argucia conjeturada sí constituye un agujero por donde los concursantes se puedan plantear colarse. Si lo he olfateado yo, se me hace imposible que no lo haya visto como una posibilidad usted mismo. Lo que pasa es que es muy difícil guardar la compostura y tener la flema TrampaMonossuficiente como para errar adrede respuestas que conoces cuando andas enfrascado y en tensión en la carraca de preguntas/respuestas. El orgullo siempre nos vence. Además somos primates –siempre tengámoslo presente porque nos evitará sorpresas o falsas conciencias-. Y no está de más recordar aquí la manera como se les da caza a algunos monos: Se introduce algo muy apetecible en un tronco de árbol hueco con un agujero en el centro o algún artilugio similar por donde el primate puede introducir la mano para cogerlo, una mano que cabe para entrar si se posiciona como para enguantarla, pero que no puede salir del tronco en forma puño con lo apetecido bien aferrado. Y entonces, usted va y lo caza tranquilamente porque al primate le es imposible huir sin soltar el cebo y aunque le vea a usted acercarse con el lazo, sin embargo, no es capaz de desasirse del deseo apresado ni relacionar su libertad con la renuncia.

Dicho todo esto como era menester explicar, recojamos a Jordi Hurtado presentando la siguiente prueba…

- A ver qué ocurre ahora con las Preguntas Calientes. ¡Ahíííí, ahíí! hay muchas… muchas preguntas, que son diez en total, por tanto muchos puntos en juego… Visitaremos una ciudaaad…, la doble pregunta de Pilaaar y… ¡Atención, atención!, Juanjo, ¿cuál es ya la primera?

Jordi ha perdido algo de concentración con el«¡Ahííííí, ahíí! hay muchas… muchas preguntas, que son diez en total…» Pero, como siempre, sale perfectamente de la curva… el determinante muchas lo deriva bien hacia el masculino puntos mientras da golpes de canto con su mano en la mesa con un recorrido de izquierda a derecha como cortando un brazo de gitano. Y luego separa muy bien algunas de las partes de la prueba como si pusiera ejemplos muy consabidos, alargando las aes de ciudad y de Pilar, mientras se ayuda espléndidamente de sus cuidadas manos, no me cansaré de ponderarlo.

- Vamos a ver…

Juanjo va a comenzar su temida batería. ¡Aiggg, Freddie! ¿Cómo se llamaban tus amigos…? Vámonos… ¡Con qué cara me veo afrontar la prueba! Todo un poema de la aflicción...

- ¿QUÉ DELITO COMETE EL JUEZ QUE DICTA UNA RESOLUCIÓN ARBITRARIA, A SABIENDAS DE QUE ES INJUSTA?

- Esta pregunta, precisamente, es para… Jorge, porque ahora tiene menor puntuación… Ese de-li-to, ¿cómo se denomina… Jorge?

¡Ahí va! ¿Oyen ahora bien mis oídos hipoacusiados la cadencia con la que Jordi ha pronunciado la palabra de-li-to, separando las sílabas y alargando y agudizando el sonido de la i y algo más nasal? Pues sí han oído bien, es evidente que Jordi ha parodiado la muy peculiar forma de hablar del varias veces procesado empresario RuizMateosJosé María Ruiz-Mateos. Bueno, ya sabe usted que es una especialidad de Jordi Hurtado el ir salpicando el programa, según el momento, de imitaciones bastante bien conseguidas de algunos personajes a los que alguna pregunta hace referencia o, principalmente, con las inflexiones o fonética de un dialecto o de una lengua, o, para mejor entenderse, con la “música” o la cadencia con la que las percibimos los castellano-hablantes. No puede Jordi, por ejemplo, sustraerse de hacerlo con el portugués o con el italiano o con el mejicano o con el chino. O con Dalí o con Jesús Hermida. Y tampoco intercalar expresiones como el “of course” inglés, el “arigato” japonés y otras, cuando al caso viene. Yo creo que estas salpicaduras de Jordi enriquecen el programa y son uno de los contrafuertes por los que un programa tan lineal, de tan escasas novedades y una miaja especialito, se haya mantenido en la televisión pública más de diecisiete años –y con un futuro despejado, si se lo permiten los mandamases- manteniendo el interés y el gusto de buena cantidad de personas pertenecientes a cualquier generación.

La pregunta es, entonces, para Jorge, que responde precipitadamente:

-   COHECHO.

-  No es correcto. ¡Rebote!

¡A mí el rebote! ¡A mí! –suplico para adentro, porque me la sé. Ya puntualicé aquí que en mi preparación de los programas de noviembre, mi media de preguntas calientes respondidas fue de cuatro y media. En el conjunto de las diez que se hicieron en el programa en el que participé, desde luego que no llegué ni por asomo a esa cifra, pero si hubo dos –créame- de las que no solo conocía su respuesta, sino que, además, la pude pescar de mi deshilachada memoria. Ésta del de-li-to del juez era una de ellas: Prevaricación. ¡A mí el rebote! ¡A mí!, entonces -suplico. En el programa emitido, la cámara, ese plano medio del concursante que debe responder la pregunta, hace evidente que la pregunta pasa rebotada a Pedro tras el error de Jorge, porque es a él a quien encuadran en espera de respuesta. Pero en el plató, desarrollándose la prueba, tú no tienes ni idea de qué cámara está encendida, si te están grabando arrascándote o con dedo en la nariz y, por tanto, no tienes esa evidencia que sí aparece en la emisión; así que, en aquel instante, yo no sabía a ciencia cierta, y soy honesto, quién debía responder la pregunta y me mantuve unos segundos anhelante. Racionalizando, desde luego que yo no era el contiguo a Jorge, y tampoco era el siguiente con la menor puntuación, así que posibilidades con cualquiera de esos criterios, ninguna. Pero si se seguía el sentido de las agujas del reloj, o por una deferencia al recién llegado, o por el gesto expectante grabado en mi cara rígida, o, cristianamente, por misericordia, a lo mejor tenía la suerte de ser yo al me correspondía responder… Pues no. Estaba escrito que no era mi mañana...

-   PREVARICACIÓN.

Contesta Pedro en su derecho y sin dudarlo… Seguro que ahora ya entiende bien lo quise transmitir más arriba sobre la suerte o sobre que no es una estrategia disparatada el perseguir quedar el último en la prueba anterior… Después de la primera pregunta caliente, este cronista contaba con los cien puntos conseguidos en “Cada Sabio…”. Si hubiese conseguido solo veinte (circunstancia muy extremosa, muy pocos puntos son, desde luego, casi nunca es necesaria una cantidad tan baja para quedar el tercero y ser el primer preguntado), pues me habría correspondido a mí decir “Prevaricación” y contaría ya con 120… Así que… Quede el asunto zanjado y cada cual con sus conclusiones.

-   ¡Correcto!

Saltan los 100 puntos más en el marcador de Pedro,  que llega a unos muy bonitos 180 puntos a estas alturas del programa.

-   Muy bien…, sigue Pedro porque, Juanjo, COHECHO no es lo mismo…

Cohecho

Efectivamente, cohecho no es lo mismo. La conducción del programa es estricta. Por detrás (o por encima o en paralelo) de lo que vemos en la televisión, del transcurso natural, relajado y de buenas avenencias del programa, de los “arigatos”, las imitaciones, el respeto a los concursantes, de las suaves bromas de Jordi por la edad o la invisibilidad de Juanjo y de que parece que todos estamos simplemente pasándolo bien aunque sea angustiosamente, existe un seguimiento muy serio, notarial, sobre lo que está sucediendo en el plató. No podemos olvidar que Saber y Ganar es un concurso donde se reparte dinero (quien tenga esa dicha). Mucha ilusión por participar, mucho amateurismo y deseo de demostrar cuánto sabes, pero no sé quiénes acudiríamos a concursar si en vez de euros se repartiesen cromos de la Liga de fútbol o un pin de recuerdo del paso por el programa. Muy pocos, desde luego –alguno habría que hay gente “pa tó”-. Pero como no es así, el procedimiento y su control deben ser rigurosos. Estoy bastante seguro de que se ha debido producir alguna situación en la que una pregunta/respuesta concreta ha sido impugnada o puesta en duda por algún concursante no conforme. Es dinero. Pudiera causarlo imprecisos o ambiguos planteos de las preguntas, posibilidad de respuestas doblemente válidas, o por un puro error de los guionistas porque nadie es perfecto (he leído rectificaciones y críticas a determinadas preguntas/respuestas en la Red). Así que no me sorprendió en absoluto que tras la respuesta correcta de Pedro, la grabación del programa se detuviera unos minutos para dar tiempo a que el equipo supervisor (en el que Juanjo Cardenal está incluido) rebuscara entre sus datos para poder confirmar que la pregunta se había formulado correctamente, que COHECHO era efectivamente una repuesta errónea y que lo definido correspondía a la acepción del término PREVARICACIÓN. Así que, después de esos minutos de cotejo, el programa continuó:

porque, Juanjo, COHECHO no es lo mismo…

-  No, no, no. El cohecho consiste en sobornar a un juez o un funcionario o, también, el aceptar un soborno por parte del juez o del funcionario. Eso es el cohecho.

-   Y lo que preguntábamos es PREVARICACIÓN. Por lo tanto, sigue Pedro… -retoma el hilo Jordi Hurtado.

 

 

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Entrada vigésimo primera (Los retos del comodín):   

Jordi Hurtado ha ejecutado la introducción, las presentaciones y los saludos con su soltura habitual, enfatizando cada frase con un lenguaje no verbal de catecismo. A partir de ese momento, la bien engrasada maquinaria de la grabación de mi programa, la pomada-pomada, se pone en marcha sin paliativos y sin alternativas, y ya solo se va a detener con la llorada ausencia de un insólito lucero; con ese desenlace infeliz que me dejará despachado y mustio.

Debo reconocer que ese desarrollo de la grabación sin pausas destacables me pasmó. Lo lamenté mucho porque no me brindó ninguna posibilidad de intentar una recomposición positiva. Incauto de mí, yo sí confiaba en que entre prueba y prueba se produciría algún receso breve, no sé, para un cafelito, una micción, un salpicado de cara, un ejercicio de espejo, un cigarrillo, una letanía, unos minutejos para respirar hondo… Pero no. No detiene su motor en ningún momento. Si acaso, de cuando en cuando, se queda al ralentí al producirse un exiguo corte programado o a causa de algún desarreglo leve; pero parar no, en ningún momento. Raca-raca, hasta el final. Es una idea excéntrica, pero ese desarrollo de la grabación se me asemeja más al de un proceso biológico que al de una máquina. Líquido senovial más que grasa. Simplemente sucede, como la lluvia, la mitosis o la fecundación. Muy limpio y profesional, sí señor.

Mitosis

 Pero el efecto para los que entramos a concursar ofuscados, es que no aparece ningún descansillo lo suficientemente laxo como para poder recuperar el resuello o ajustar los desarreglos; para deshollinar las neuronas o bajarte el estómago por debajo del esternón; para destensar los músculos de la cara y no salir en la televisión como si llevaras puesto un cilicio en la tripa; para transmitirle al corazón que no hay ningún peligro, que no circulan anfetaminas por la sangre como para que se haya vuelto tan loco... Bueno, no es del todo exacto porque yo sí tendré un instante de quietud –penumbrosa- en el “área de descanso” durante la prueba de “El Duelo” a la que, claro, tras las diez “preguntas calientes” en las que me conduciré con tanto desatino, serán Jorge y Pedro los que se habrán ganado el derecho a participar, y yo si contaré con un paréntesis en el que podré recapacitar y recomponerme, algo que será un imposible porque estaré sonado en la lona como un boxeador noqueado, y ya muy poco se podrá pedirle a una piltrafa que lo único que deseará es que todo acabe de una vez, volatilizarse.

… marcadores a cero, y ¡saludemos ya aaal sabio! Juanjo Cardenal, ¡bienvenido!

-     Bien hallado, sr. Hurtado. Todo preparado.

-     ¿Todo preparado?

-     Si. Y para empezar…, tengo los comodines..

-     ¡Claro, claro! ¡En buusca del comodín! Tres sobres, aquí están…

-     ¡Giorgi! Usted el primero. ¿El uno el dos o el tres?

-     El dos, vamos a empezar por el dos…

Bien, he elegido el dos aunque no era ese el sobre que deseaba. No se extrañe, ya le digo, todo parecía torcido ese lunes. Fui yo solito el que me obligué a elegirlo, por timidez, o quizás por esa faceta de mi carácter domesticada, creo yo, por la educación judeo-cristiana y que tiende a la aceptación, a la sumisión; que prefiere no quebrantar, no importunar; respetar el orden, las estructuras, lo establecido. Y lo digo porque supongo que con otra educación sí me habría atrevido a rectificar. Las nuevas generaciones están más liberadas con respecto a este prejuicio socio-religioso. Bueno, la verdad que, a priori, no tenía mucha importancia la elección del sobre, por lo que no presté mucha atención a la voz interior, la que vale, que pedía un cambio en el número elegido primeramente. Lo que pasó es que, no sé porqué causa, esta presentación de los comodines hubo de repetirse. En la primera toma, ante la pregunta de Jordi, yo sí había elegido el sobre número dos. Pero pasó que en el ínterin, esa voz interna me insinuó: ¡El uno, Giorgi, escoge el uno! Pero no, ya digo, no me atreví a cambiar la elección en la repetición. Y ese fue el primer error que cometí porque de los tres retos ofertados con los que conseguir el comodín, el número uno, el elegido por Pedro después, me pareció muy sencillo de resolver. Ni en ese estado de bloqueo se me hubiera escapado. El tres, el de Jorge, tampoco hubiese sabido solventarlo, pero el número uno, el que me chivó la voz interna, ese sí, con facilidad. En un tris estuve, pero no. Así que me oigo decir contra mi voluntad:

   -    El dos, vamos a empezar por el dos…

   -    Muy bien, Juanjo, pues en el dos tenemos estas iniciales, aquí están, HER. (Jordi las señala con el dedo índice, 3 veces, señalándolas con tres golpecitos, pero sin tocarlas). Estas son, Giorgi, mucha suerte, concentración y ¡a por el comodín! Adelante, tieemmmpo.

Reto HER

Aparecen en la pantalla las cinco sílabas HER. Hoy me veo en el video y parezco un pretoriano, la barbilla levantada, los labios apretados, pero la mirada no es marcial, no está perdida hacia el techo alto del plató, sino caída, muy fija en la pantalla donde se iluminan esas cinco HER que tengo que desentrañar. No sé porqué las miro tan atentamente si son las cinco iguales. Cuando Juanjo da la primera definición, ladeo la cabeza y oriento mi oreja derecha como un radar hacia el punto de donde procede la voz de Juanjo. Me faltaba decirlo, llevo conmigo una hipoacusia leve para los tonos graves, y la voz de Juanjo es grave. Nada invalidante, su voz también es clara y rotunda cuando da la primera definición:

  • Óxido del hierro                  

HERRUMBRE

        (Al dar la repuesta, lanzo una mirada rápida y fugaz hacia Juanjo, ¿dudo?)

CORRECTO.

  • Belleza de las cosas que pueden ser percibidas por el oído o por la vista.              

        (Durante esta definición, un poco larga, me ha dado tiempo a sacar la punta de la lengüina y a cerrar un momento los ojos, concentrado, antes de contestar…)

                                                           HERMOSURA

CORRECTO.

(Quedan 34 segundos, vamos de cine, reto facilón. Pero, en ésto, llega el genérico)

  • Instrumento, por lo común de hierro o acero, con que trabajan los artesanos.        

(Busco la respuesta en la parte derecha de mi cerebro porque dirijo mis ojos marcadamente hacia ese lado. Hay una teoría de psicología, o más propiamente de coaching, que sostiene que según adonde dirija la mirada una persona ante una pregunta nuestra, podemos saber si el preguntado dice la verdad o no. Si mira hacia uno de los lados es que está intentando recordar, si mira hacia el otro es que va a fabular. En ese momento, no recuerdo hacia que dirección implica una cosa o la otra. Pero, entiéndame, estoy contrarreloj y no puedo detenerme en estas consideraciones. No encuentro una palabra que comience por HER que cuadre con la definición oída, así que…)

PASO.

  • Arte de interpretar textos y, especialmente, interpretar los textos sagrados.

        (¿Cómo? No puede ser. No puede salir esta palabra en un reto del comodín. No, no la digo, es una palabra demasiado culta y no quiero pecar de fatuo, así que…)

PASO.

  • Someter algo a la acción del agua o de otro líquido en ebullición.

                                                               HERVIR

CORRECTO.

(Ya he oído la definición de las cinco palabras. Tres, muy fáciles. No he contestado a dos. Ya me noto menos concentrado, como si aceptara… Faltan quince segundos cuando Juanjo recomienza la rueda repitiendo la pregunta de los artesanos…)

  • Instrumento, por lo común de hierro o acero...

(Me doy unos segundos. AZADÓN, HOZ, HACHA… Rebusco visualmente entre los aperos de mi abuelo Elías. Tiene que provenir de la palabra HIERRO. Algo relacionado, seguro, con la HERRERÍA. No me llega nada que no sea HERRADURA, HERRAJE…)

PASO.

(Digo no con la cabeza. Juanjo plantea otra vez la del arte de interpretar textos e, incrédulo, contestando interrogativamente, con gesto perplejo, me atrevo a responder…)

¿HERMENÁUTICA?

CORRREEECTO.

(Increíble la palabreja. Además he dicho hermenáutica y no hermenéutica, que es como es. Quedan tres segundos. Juanjo comienza a repetir con mucha rapidez la definición que queda, pero yo no le dejo acabar y sobre el tiempo cumplido, lanzo desesperado la…)

HERRADURA.

COR… no, Herradura no, HEERRAMIENTA… Herramienta, no herradura.

Doy un respingo, resoplo y girando la cabeza me digo para mí mismo: ¡claro! y pongo cara de mecachis-qué-pena.

Entonces retoma el mando Jordi y formando una O con los dedos pulgar e índice y moviendo la mano de arriba abajo con ese gesto típico de la aseveración categórica, comenta...

- Qué lástima, Giorgi, a veces la palabra más fáaacil… Nos complicamos la vida (Jordi pone las manos como si cogiera una pelota a la altura de la boca, sentando cátedra) ¿eh?... y vamos buscando algo más difícil… era una HERRAMIENTA. Por esa herramienta, no ha conseguido el comodííín… que es una herramienta muy útil en el programa… ¡Cambio!. ¡Entra Pedro!. ¡Adelante, Pedro Cortés…!

¿Qué le parece? ¿Ha dado usted, ayudado por esa definición, con la palabra herramienta? Si es así, le felicito, porque no era tan evidente. Yo fui el primer listo al soltar ese ¡Claro! como si fuera de Perogrullo. Pues no. Ninguna de mis personas preguntadas –cuatro, cinco-  que vieron el programa y que me fueron francas, ninguna, supo en ese momento que aquel instrumento, generalmente de hierro o acero, que utilizan los artesanos era una herramienta. Y ¿por qué? Porque hoy en día no tenemos una asociación directa de esa definición con esa palabra. Los artesanos hay que rebuscarlos por los rincones y el término herramienta se utiliza para nombrar cosas muy heterogéneas, aunque en todas remarcando su faceta de utilidad. En la actualidad, con el nombre de herramienta designamos muchos útiles –no necesariamente instrumentos físicos- que nos ayudan a desarrollar una labor con mayor eficiencia o precisión, casi cualquier útil. Este programa Word que estoy usando para escribir, por ejemplo, es una herramienta, a un pene se oye por ahí llamarle “herramienta” (especialmente con el calificativo de buena, cuando lo HerramientaDRAEes), los trebejos para un juego, un gestor de contenidos, un diccionario… son herramientas -ojo, y en muchos contextos, sustituyen perfectamente al específico- y ninguna de esas cosas son de hierro o acero ni la utilizan principalmente los artesanos. Bueno el asunto no tiene más importancia y da para poco más, aunque quizás, y ya que estamos aquí, me parece que estaría bien curiosear un poco en las acepciones con las que el DRAE define el término herramienta.

 ¿Verdad que es muy curioso? Pues ya lo sabe, coloquialmente, una herramienta puede referirse a los cuernos de un toro, a los dientes o a las armas blancas. Acepciones un poco en desuso ¿no le parece? En fin, cerremos el asunto que queda mucho concurso por delante y mucho aún por lo que lamentarse.

 

PerezaAnimal

Una dilatada pausa –diez días- desde el último párrafo hasta esta reanudación. Me ha lastrado la pereza animal que me produce el deber de incorporar a esta crónica meras explicaciones o una sucesión de acciones desprovistas de apasionamiento; mero formalismo. Un informe de actividad sin la emoción necesaria, como no fuera la de ir empapándolo con los muy llorados efectos de mi estado-límite. Cuando lo que me toca relatar lo percibo como una mera exposición, esta crónica se gripa y llevarla hacia delante se convierte en un trabajo de tracción, no muy atractivo. Pero es necesario y se lo debo. Así que, a empujar toca, que a lo mejor no me resulta tan ingrato si me lo tomo bien.

El reto del comodín, por el que acabo de pasar, es una prueba relativamente reciente –unos pocos años- y menor en Saber y Ganar. Atinar con los cinco vocablos que responden a las definiciones no tiene efecto sobre las puntuaciones particulares, y lo que otorga como premio es lo que se llama “Comodín” que, como indica la palabra, es un valor que puede intercambiarse, una sola vez, por una respuesta correcta en cualquiera de las pruebas del programa –excepto en la prueba de “La parte por el todo”, de la que ya hemos contado algo en esta crónica-. De todas formas, lo de prueba menor es muy relativo. Debo reconocer sinceramente que de haber encontrado yo la herramienta en la herrería, no me hubiera servido para librarme de la eliminación (¿quién lo sabe?), pero, seguramente, sí me hubiera Gallinejasservido para llevarme a casa, al menos, un poco de dinerillo que me hubiera servido para invitar a una merienda informal a las personas más cercanas, a unas gallinejas, por ejemplo, para que así, bien untadas bocas, ojos y orejas de su grasura, me hubiese evitado padecer por la socarronería, ésa que mi psique se empeñó en adivinar durante muchos días hasta en las frases más inocentes. Pero también, conseguir el “Comodín” puede ser muy útil y principal. Son muchas las ocasiones en las que se utiliza en la prueba de “El Duelo”, porque sin saber una respuesta determinada, puedes arriesgar lo máximo (200 euros) y conseguir dar la respuesta correcta a cambio de ese comodín. También puede ser vital en la prueba del “Reto” final, en el que te juegas la supervivencia en el programa, porque si solo te resta para concluirlo una sola palabra que no te viene a la memoria o desconoces, sirve para evitar esa eliminación, y eso no es ninguna bagatela, desde luego. Así que, lo dicho, lo de prueba menor es muy relativo. 

Ahora, para que esta crónica sea cabal, y siguiendo el orden cronológico del programa, creo necesario reproducir los retos del comodín que afrontaron Pedro y Jorge. Evidentemente, no voy a hacer ningún juicio de valor ni ingeniar lo que pudo pasar por sus cabezas durante esas pruebas. Así que me limitaré a dejar aquí como un escribano concienzudo su transcripción exacta. Solo apuntar que, mientras se desarrollaban, yo intentaba entre bastidores responder para mi coleto esos retos, pero también continuaba golpeándome en la cabeza con la herramienta y perseguía encontrar en el chapapote pringoso de mi mente, ya muy desfondado y sin posibilidad ninguna, al escurridizo grupo de Freddie Mercury. ¿”Los Manolos”? No, “Los Manolos” tampoco. ¿Estás colgao, Giorgi? ¿Los Manolos?  Mejor no pienses, y déjalo llegar...

… ¡Cambio!. Entra Pedro. ¡Adelante Pedro Cortés…! Vamos allá, de Bruneeeete, de Madrid. ¿El uno o el tres?

- El uno, venga.

- Pues, ¡atención!, en el uno, Pedro, ¿qué tenemos?... ELE, A, CE… (Jordi, enseña el rótulo con un LAC escrito en negro sobre fondo blanco, y continúa…) No se complique la vida y a buscar siempre lo más fácil. ¿De acuerdo? Lo más elemental. (Jordi, al realizar este comentario, de nuevo ha juntado los dedos índice y Reto LACcorazón con su pulgar y sube y baja el brazo varias veces. Parece como si estuviera jugando con un globo, muy contento, sonriente. Yo entonces nada elucubré sobre estos comentarios, pero es evidente que era una frase referida a mi fracaso al buscar la Herramienta. Claro, era lo más llamativo y, evidentemente, Jordi ya había olvidado que esa palabra “fácil” estaba contigua a la "elemental" Hermenéutica. Pero no, de la “sencillez” de esta última no comentó nada. Bueno ya tiene usted mimbres suficientes como hacer su propio juicio de valor, así que guardo silencio y continúo, humilde, mi trabajo en la escribanía…)

- ¡Mucha suerte!. Adelante. Tiempo.

  • Flojo, débil, sin vigor.  

LACIO

       CORRECTO.

  • Criado de librea cuya principal ocupación era acompañar a su amo a pié, a caballo, en coche…

                                                           LACAYO

CORRECTO.

  • Que produce intenso sufrimiento.

                                                           LACERANTE

CORRECTO.

  • Breve, conciso, compendioso.

                                                           PASO.

(A Pedro le restan aún 23 segundos, ha contestado con rapidez y, salvo la del lacayo, las definiciones han sido breves. Bien)

  • Brazuelo del cerdo.

                                                           xxxxx.

NO ES CORRECTO.

                                                          PASO.

(Pedro ha pensado demasiado en esta definición y ha dado una respuesta incorrecta. Le quedan 15 segundos para dos palabras. Juanjo recomienza y repite la primera definición de las dos que faltan para completar el reto, la de: Breve, conciso, compendioso… Y Pedro, se detiene, busca la respuesta… Es un concursante muy eficiente con los retos, no se aturulla nunca. Tuvo que solventar más de los deseados en los días que permaneció en el programa… cuando finalmente quedó eliminado fue con una palabra inexplicablemente sencilla que no encontró, pero bueno, sí, era bastante hábil en esto de los retos. Así que, se tomó su tiempo y cuando quedaban solo cinco segundos, dio con la respuesta:)

                                                           LACÓNICO.

CORRECTO.

  • Brazuelo del cerdo.

(Juanjo, ha repetido esta definición muy deprisa, ayudando… y en el límite del tiempo, dos segundos, Pedro la responde:)

LACÓN.

- ¡Con grelos! ¡CORRECTO!.

- ¡Síiiii! ¡Lacón con grelos! ¡Claro…! Peeedro…. Ha tardado, ha tardado. ¿Qué pasaba…? ¿No veía el lacón?

- He tenido que ver Lacónico para ver el Lacón también –le contesta a Jordi, Pedro.

- Sí, sí, ha visto el Lacónico también. “Breve, conciso, compendioso”, ¡Lacónico! (Jordi, dice estas palabras asintiendo con la tarjeta de canto en la mano izquierda, la mueve de arriba abajo, como si estuviera cortando la carne para un guiso… Admirable, cómo se apoya en estos gestos medidos, muy expresivos, para mantener la atención sobre frases superfluas que sin esta expresividad quedarían sin sustancia ninguna) Muy bien. ¡Y tiene comodín!. Pedro tiene ¡Koojmodín! (Mucha fuerza al medio gritar esta palabra, como enfatiza el nombre de un jugador de fútbol un comentarista deportivo radiofónico cuando ha realizado una proeza –el jugador, no el comentarista-).

Bueno, también he querido “radiar” –se ha intentado- este reto de Pedro porque fue resuelto, porque estuve muy cerca de haberlo elegido yo y porque he osado escribir que, de haberlo hecho, lo hubiera superado. Por si no me creyera usted, decirle que, en directo y fuera del foco, mientras veía a Pedro pugnar con él, me fui dando las respuestas correctas con rapidez, y sufrí un poco durante el silencio tenso en el que Pedro no encontraba la no muy difícil palabra “laconico”.

Ahora –de nuevo me he fundido el espacio predestinado para esta entrada-, discúlpeme, entonces, que me limite a una simple transcripción del reto de Jorge para que también de él quede aquí constancia, pero que eluda el radiarlo. Creo que puede perdonárseme ya que no fue un reto superado (eso sí, por una sola palabra), no es el cronista de esta historia el que tuvo que afrontarlo ni ponderé la posibilidad de elegirlo. Siendo así, este fue el tercer reto, el del sobre número tres que Jorge no pudo superar y que permitió a Pedro ser el único de nosotros tres que contó con un comodín para el resto del programa:

Reto SOB

  • Dicho de una actriz o de un actor exagerar el tono o actitud del personaje que encarna.

 SOBREACTUAR.

CORRECTO.

  • Carente de adornos superfluos.

 SOBRIO.

     CORRECTO

  • Desistir de la pretensión o empeño que se tenía.

 PASO.

  • Se dice del bollo o de la torta cuya masa se ha agregado aceite o manteca.

 SOBAO.

    Sobado. CORRECTO

  • Sensación que proviene de un acontecimiento repentino o imprevisto.

SOBRESALTO.

    CORRECTO

Restan 15 segundos. Queda una palabra y Juanjo incide en su definición hasta por tres veces:

  • Desistir de la pretensión o empeño que se tenía.

El tantas veces certero Jorge,  no da con la palabra. Se acaba el tiempo y se escucha en “off” la pregunta de Jordi, que Juanjo contesta inmediatamente.

- ¿La palabra es...?

- SOBRESEER.  ¡Sobreseer! En derecho, por ejemplo, es cesar, dejar sin curso un procedimiento. ¡Desistir de la pretensión! SOBRESEER. 

Tras esta prueba llegará otra prueba a la que sí se la puede calificar como menor sin vacilaciones, porque, aunque cada respuesta acertada ya acumula puntos, es decir, euros; solo lo hace de veinte en veinte. Se llama “Los Sabios y sus temas”. Sirve para romper el hielo del marcador y, lo más importante, para establecer a cuál de los tres concursantes se le realizará la primera pregunta de las “Preguntas Calientes”. No nos detendremos demasiado en “Los Sabios y sus temas” y, seguramente, me limite a ofrecer una exposición testimonial porque es un prueba, creo yo, que tiene más efecto en la galería que en los concursantes –aunque, también, que todo suma-. Pero se haga lo que se haga, ya deberá darse su cumplimiento en la entrada siguiente porque en ésta, se me ha acabado el papel. Paciencia.

 

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