CucharaSaturada

Artículo del mes: Septiembre

BREVES FRAGMENTOS DE LIBROS.  NAVEGACIÓN

   Por AUTORES (alfabético).

 

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 Let K

 

Kavafis, Constantino.  Voces:           

 

              Voces ideales, tan amadas

              de aquellos que murieron, y de aquellos 

               perdidos hoy para nosotros como si estuvieran muertos,

               a veces, en lo hondo de un sueño, nos hablan;

               en el cerebro palpitante un pensamiento los resucita.

 

 

                                                  La ciudad (Poemas Canónicos):  

   

    Dices«Iré a otras tierras, a otros mares.

  

    Buscaré una ciudad mejor que ésta 

   

     en la que mis afanes no se cumplieron nunca, 

  

     frío sepulcro de mi sentimiento. 

  

     ¿Hasta cuándo errará mi alma en este marasmo? 

 

     Mire hacia donde mire, sólo veo 

  

     La negra ruina de mi vida, 

  

     Tiempo ya consumido que aquí desperdicié.» 

 

 

     No existen para ti otras tierras, otros mares 

 

     Esta ciudad irá donde tu vayas. 

 

     Recorrerás las mismas calles siempre. En el mismo 

 

     arrabal te harás viejo. Iras encaneciendo 

 

     En idéntica casa. 

 

     Nunca abandonarás esta ciudad. Ya para ti no hay otra, 

 

     Ni barcos ni caminos que te libren de ella. 

 

     Porque la vida que aquí malgastaste: 

 

     En toda la tierra la desbarataste. 

 

 

 

Kerouac, Jack   En el camino: 

 

       >  Esa noche dormí en un banco de la estación de ferrocarril de Harrisburg; al amanecer el jefe de estación me echó fuera. ¿No es cierto que se empieza la vida como un dulce niño que cree en todo lo que pasa bajo el techo de su padre? Luego llega el día de la decepción cuando uno se da cuenta de que es desgraciado y miserable y pobre y está ciego y desnudo, y con rostro de fantasma dolorido y amargado camina temblando por la pesadilla de la vida. Salí dando tumbos de la estación; ya no podía controlarme. Lo único que veía de la mañana era una blancura semejante a la blancura de la tumba. Me moría de hambre. Lo único que me quedaba en forma de calorías eran las gotas para la tos que había comprado en Shelton, Nebraska, meses atrás; las chupé porque tenían azúcar. No sabía ni cómo pedir limosna. Salí de la ciudad dando tumbos con apenas fuerzas suficientes para llegar a las afueras...

 

     Leer fragmentos:   EnelCamino

 

 

 

Kluge, Alexander   El hueco que deja el diablo: 

 

      - ¿Y cree que entretanto estos astutos animales, han desarrollado un efecto adicional para que las perlas, al cuello de bellas mujeres o en el turbante de un noble indio, siempre traigan mala suerte, hasta el punto de que el comercio se estanca? ¿Piensa que así ha intentado salvarse la especie? 

 

- Cuando el auténtico peligro es el lodo de los petroleros.

- ¿Ha visto una ostra alguna vez un petrolero?

- Tienen sentidos muy inteligentes, mágicos posiblemente, pero no ojos.

- Ojos no, pero sí lágrimas.

- Las perlas, precisamente. Dice Aristóteles que las ostras sienten dolor cuando nacen las perlas. Serían la señal de una herida.

 

2.- UN ÚLTIMO PRODUCTO QUE SOBREVIVIÓ A CARTAGO.

 

      - La cera púnica I es un producto alcalino hecho de jabón de cera; la cera púnica II es una cera de abeja que contiene un jabón de cera de natrón. La cera púnica I es bastante más dura que la cera de abeja; mezclada con un poco de aceite de oliva, la cera púnica II da una masa blanda muy apropiada para la fabricación de máscaras funerarias. Estas dos ceras son el único producto que sobrevivió a la destrucción de Cartago

 

     - Le está agradecida. Hay que volver a lo simple, -dijo él-. Si fueran, por ejemplo, organismos unicelulares, u ostras, sabrían que hacer al ritmo del flujo o reflujo, es decir, se abrirían con la marea alta para recibir sustancias flotantes y se cerrarían con la marea baja, para no secarse. Pero ella no es una ostra, y él no es el mar.

 

    Acceder a  fragmentos de "El hueco que deja el diablo":   ElHuecoQueDejaElDiablo

 

 

Kôbô, Abe. La mujer de la arena:   

 

             - Al suelo, rápido! No, no era nada; solo un cuervo... Lástima no poder agarrarlo y disecarlo. Pero esas cosas ya no importaban; el deseo de tatuajes, medallas, condecoraciones, solo aparece cuando se tienen sueños en los que no se cree. 

 

             - Lo invadió una tristeza como la luz del alba… Bien podían lamerse mutuamente las heridas. Pero, de persistir en las heridas que no se cierran nunca, terminarían por quedarse sin lengua. 

 

             - Los muertos, cada uno con diferente expresión, parecían empujarse unos a otros mientras hablaban incesantemente al hombre- ¿Por qué razón eso era El infierno de la soledad? En aquel momento pensó que se habían equivocado al poner el título; ahora podía entenderlo.  La soledad es una sed que la ilusión no satisface.

 

   Acceso a fragmentos de "La mujer de la arena":   LaMujerDeLaArena

 

 

                                                    

¿Y ahora, adónde vamos?

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