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LO QUE DECIMOS EN FRAGMENTOS DE LIBROS DE:   EL QUIMÉRICO INQUILINO       

       El quimérico inquilino, como ha pasado con otros libros, -por ejemplo, La Naranja mecánica o Yo Claudio o, incluso, Fahrenheit 451-, es una novela que debe su reconocimiento (o simplemente, su conocimiento) a las películas o series que se rodaron basadas en ellas y que, luego, alcanzaron un buen éxito de público y memoria.

 

        Lo de esta novela de Roland Topor es más extraño. Como la propia novela, claro. Desde ella se construyó el guión para que Roman Polanski dirigiera y protagonizara en 1976 la película Le locataire -The Tenant-, comercializada en España con el título original de la novela: El quimérico inquilinoLe locataire chimerique-). Desde luego, si se compara el impacto de este film con otros de este director genial y polémico como puedan ser La semilla del diablo, Chinatown, La muerte y la doncella o Lunas de hiel, quizás pudiera decirse que se trata de una obra “menor”. Pero no parece que lo sea. Los incondicionales de Polanski –alguno conozco- la entronan como una de sus mejores películas por lo que tiene de pureza en lo que se llama “cine de autor” y desde luego porque su ambiente sórdido, sus simbolismos, las dobles o triples realidades, el filo finísimo que separa la cordura de la enajenación –sin que quede claro a qué lado de la cuchilla está cada cosa-, son obsesiones, temas y aspectos  que casi siempre están presentes en Polanski y que en esta película –y en el libro- pueden aparecer en toda su pureza y entonces, el director (y actor aquí) se puede desenvolver en su propia salsa.

 

       Pero pasa una cosa curiosa: Yo no he visto la película. Tengo un amigo que es uno de esos entusiastas, forofos, apasionados de Polanski y que lleva años recomendándomela porque para él es su mejor película. Pero resulta que también tengo una buena amiga que, complementariamente, no ha visto la película pero que considera el libro uno de los mejores que ha leído –es sicóloga, y va un poco de su palo-; y, surgido el asunto entre cervecitas, fue a una librería, lo compró y aquí a mi lado lo tengo con una simpática dedicatoria (El quimérico inquilino Ed. Valdemar 2009).  Y hace dos noches lo he leído del tirón. También resulta que al buscar algo de información para enriquecer la referencia que le brindo en esta página de mi amores y desvelos, me he encontrado varias webs y blogs de cine en las que se menoscababa por olvido o desconocimiento al verdadero creador de la idea y del argumento: ROLAND TOPOR; y que sin haber visto el film pero deduciendo muchos de sus aspectos de las propias entradas leídas y del buen número de comentarios aportados, he concluido que las claves, el tema principal, la atmósfera, el argumento, la personalidad de los personajes, uno de los monólogos del protagonista más impactante, muchos de los detalles, YA ESTÁN EN EL LIBRO. Claro que, entonces, lo mínimo que he podido hacer para dar al César lo que es del César, ha sido aportar en esas páginas olvidadizas e involuntariamente injustas, mis comentarios sobre el libro, lo que la película le debe, para que el nombre del señor Roland Topor (ilustrador, dibujante comprometido, pintor, cineasta, cofundador junto a Fernando Arrabal y Jodorowsky del legendario Grupo Pánico, de tinte surrealista) se sitúe en el sitio que merece en esta truculenta e inquietante historia de Trelkovsky, el quimérico inquilino.

 

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