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Artículo del mes: Septiembre

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FRAGMENTOS DE LIBROS.  ENTREVISTAS BREVES CON HOMBRES REPULSIVOS  (1999)   

 

EntrevistasBrevesConHombresRepulsivos

             (Brief Interviews with Hideous Men)

        David Foster Wallace    (EEUU)  

  

            Editorial      :   DEBOLSILLO  

         https://www.facebook.com/editorialdebolsillo/

        Traducción  :  Javier Calvo 

     

 Fragmentos de libros 

    

De la sección ENTREVISTAS BREVES CON HOMBRES REPULSIVOS

 

De E.B. nº52 VI-1997

PEORIA HEIGHTS, ILLINOIS

 

- Ese ruido de algo blando que cae. El susurro suave del papel. Los pequeños gruñidos involuntarios. La imagen singular de un anciano ante el inodoro de pared, la manera en que se coloca allí, asienta los pies, apunta y deja escapar un suspiro intemporal del que uno sabe que no es consciente.

»Aquel era su ambiente. Estaba allí seis días por semana. Los sábados doblaba el turno. Esa sensación irritante que produce la orina mezclada con el agua. El susurro invisible de los periódicos sobre los muslos desnudos. Los olores.

P.

- En un hotel histórico de los más lujosos de todo el estado. Con el vestíbulo más opulento y los lavabos de caballeros más lujosos que había de costa a costa, eso seguro. Y llevaba en ese puesto desde mil novecientos sesenta y nueve. Con mobiliario rococó y pilas festoneadas. Un sitio opulento y lleno de ecos. Un lavabo opulento y lleno de ecos para hombres de negocios, hombres importantes, de esos que van a sitios y se reúnen con gente. Y los olores. No preguntes por los olores. Lo distintos que son los olores de algunos hombres y la semejanza entre los olores de todos los hombres. Todos los sonidos amplificados por los azulejos y la piedra florentina. Los gemidos de los enfermos de próstata. El susurro de las pilas. Los esputos rugientes de flema profunda, el chapoteo al chocar con la porcelana. El ruido de los zapatos caros sobre el suelo de dolomita. Los ruidos de tripas a la altura de las ingles. Los reventones infernales de gases y el ruido de la materia al caer en el agua. Medio atomizada por las presiones ejercidas sobre ella. En estado sólido, líquido y gaseoso. Todos los olores. Los olores como entorno. Todo el día. Nueve horas al día. Pasar todo el día allí de pie, de buen talante y vestido de blanco. Todos los ruidos amplificados, reverberando ligeramente. Hombres entrando y saliendo. Ocho retretes, seis inodoros de pared y dieciséis pilas. Haz cuentas. ¿En qué estaban pensando?

P.: …

MenLetrero- Allí estaba él de pie. En el centro de todos los ruidos. Donde antes estaba el puesto del limpiabotas. En el espacio artesonado entre el final de los lavamanos y el principio de los retretes. Aquel era el espacio pensado para que él permaneciera de pie. El vórtice. Justo al lado del marco alargado del espejo, junto a las pilas: un lavamanos continuo de mármol florentino, con dieciséis pilas festoneadas, hojas de oro laminado alrededor del mobiliario y espejo de espléndido cristal danés. Frente al cual los hombres de buena posición se sacaban cuerpos extraños del rabillo y de los lagrimales de los ojos, se apretaban los poros infectados, se sonaban las narices sobre las pilas y se marchaban sin lavarse las manos. Ahí estaba él todo el día con sus toallas y sus estuches de material de aseo de tamaño unipersonal. Un vago aroma balsámico en el susurro de los tres conductos de ventilación. La trinodia de los tres respiraderos solamente se oía cuando los lavabos estaban vacíos. Cuando estaban vacíos, él también estaba allí. Aquella era su ocupación, su carrera. Iba todo vestido de blanco, como un masajista. Llevaba una camiseta blanca y lisa marca Hanes, unos pantalones y unas zapatillas de tenis que tenía que tirar en cuanto tenían una sola manchita. Les cogía las maletas y los abrigos, se los guardaba y recordaba de quién eran sin preguntar. Había que hablar lo menos posible con aquella acústica. Había que aparecer junto al brazo de los hombres para pasarles toallas. Esa impasividad que permite pasar inadvertido. Aquel era el oficio de mi padre.

P.: …

- Las puertas de los retretes terminaban a treinta centímetros del suelo. ¿A qué se debe esto? ¿Esta tradición? ¿Viene de los compartimientos de los establos? ¿Tiene algo que ver con los establos de los animales? Unos compartimientos, unos retretes de lujo que garantizan cierta privacidad visual y nada más. El aroma balsámico empeoraba los olores porque los endulzaba. Las punteras de los zapatos de vestir se desplegaban tras la fila de huecos de debajo de las puertas. Los retretes siempre estaban llenos después de la comida. Eran como una caja alargada y rectangular de zapatos. Algunos de ellos daban golpecitos en el suelo. Algunos canturreaban o hablaban solos en voz alta, olvidando que no estaban solos. Las flatulencias, las toses y el chapoteo sordo al caer la materia. La defecación, la excreción, la extrusión, la deyección, el vaciado, la purgación. El ruido inconfundible de los rollos de papel higiénico. El clic ocasional de los cortaúñas o las tijeritas depilatorias. Los vertidos. Las emisiones. La emisión, la micción, la secreción, la evacuación, la deposición, la catarsis. ¿Por qué tantos sinónimos? ¿Qué intentamos decirnos a nosotros mismos de tantas maneras?

P.: …

the-americans-mens-room- El choque olfativo de las distintas colonias de hombre, desodorantes, tónicos capilares, ceras para el bigote. El olor intenso de los extranjeros y de los que no se habían bañado. Algunos de los zapatos de los retretes tocaban a su pareja en actitud dubitativa, tentativa, como si la estuvieran husmeando. El pulso minúsculo del agua de las distintas tazas. Las manchitas que sobreviven al agua de la cisterna. El goteo y el borboteo incesante de los inodoros de pared. El olor a indol de la comida putrefacta, el hedor glandular en las chaquetas, la brisa urémica que sigue a cada vaciado de la cisterna. Hombres que apretaban el botón de la cisterna con el pie. Hombres que solamente tocaban el mobiliario con pañuelos de papel. Hombres que salían del retrete con el papel pegado, formando una cola como la de una cometa a sus espaldas, con el papel alojado en su ano. Ano. La palabra ano. Los anos de los hombres pudientes desfilando sobre el agua de las tazas, flexionándose, arrugándose, distendiéndose. Las caras flácidas fruncidas por el esfuerzo. Viejos que necesitaban toda clase de ayuda repulsiva: agacharse y limpiar las espinillas de otro hombre, limpiar a otro hombre. Silencioso, callado, impasible. Cepillar los hombros de otro hombre, sacudirle las gotas, quitarle un pelo púbico del pliegue de sus pantalones. Por una moneda. El letrero lo decía todo. Hombres que dejaban propina y hombres que no dejaban. No podía pasar completamente inadvertido porque se olvidaban de él a la hora de la propina. El truco a la hora de comportarse era parecer que solamente estaba de forma provisional, que solamente existía cuando lo necesitaban. Ayudar sin estorbar. Servir sin ser un sirviente. Ningún hombre quiere saber que otro hombre le está oliendo. Millonarios que no dejaban propina. Hombres peripuestos que salpicaban la taza y dejaban cinco centavos de propina. Magnates que se hurgaban la nariz con el pulgar. Filántropos que tiraban colillas de cigarrillo en el suelo. Hombres hechos a sí mismos que escupían en el lavamanos. Hombres increíblemente ricos que no tiraban de la cadena y sin pensarlo dejaban que tirara el que venía detrás porque era literalmente lo que estaban acostumbrados a hacer: el viejo dicho «¿Harías esto en tu casa?».

»Se blanqueaba él mismo su ropa de trabajo con lejía y la planchaba. Nunca oímos una palabra de queja. Era impasible. La clase de hombre que permanece todo el día en el mismo sitio. A veces solamente se veían las suelas de los zapatos ahí abajo, en los retretes, de hombres que vomitaban. La palabra «vómito». La simple palabra. Hombres vomitando en una sala con aquella acústica. Los ruidos mortales que debía de soportar a diario. Intenta imaginarlo. Las palabrotas masculladas por los hombres estreñidos, los hombres con colitis, íleo, intestinos irritables, lientería, dispepsia, diverticulitis, úlceras, flujo sangrante. Hombres con colostomía que le daban la bolsa con sus heces para que se encargara de ella. Un secretario privado de la humanidad. Oír sin oír. Ver solamente la necesidad. El ligero asentimiento que en los lavabos de hombres significaba reconocimiento y deferencia al mismo tiempo. Los olores repugnantes metastatizados de los desayunos europeos y las comidas de negocios. Y siempre que podía, doblaba el turno. Comida en la mesa, un techo y niños que alimentar. Las plantas de los pies le dolían de tanto estar de pie. Sus pies descalzos eran como crema de maicena. Se duchaba tres veces al día y se frotaba hasta irritarse la piel, pero el trabajo nunca le abandonaba. Nunca dijo una palabra.

Santai Las3Verdades»El letrero de la puerta lo decía todo: HOMBRES. No le he visto desde mil novecientos setenta y ocho, pero sé que sigue allí, todo de blanco, de pie. Apartando los ojos para preservar la dignidad de aquellos hombres. Pero ¿y la suya? ¿Y sus cinco sentidos? ¿Cómo se llamaban aquellos tres monos?* Su tarea era permanecer allí como si no estuviera allí. Como si no estuviera en realidad. Había un truco. Una manera especial de no mirar nada.

P.

- No lo descubrí en un lavabo de hombres, eso te lo aseguro.

- Imagínate no existir hasta que un hombre te necesita. Estar ahí pero sin estar. Ser traslúcido de forma voluntaria. Estar de forma provisional, de forma contingente. El viejo dicho «Vive para servir». Era su carrera. Se ganaba el pan. Todas las mañanas se levantaba a las seis, nos daba un beso de despedida y se llevaba una tostada para comerla en el autobús. La comida propiamente dicha la hacía en su descanso. Uno de los conserjes iba a una tienda de comida preparada. La presión producida por la presión. Los eructos bienestantes de comidas caras. Los restos de grasa y pus y estornudos en los espejos. El gesto grave de asentimiento con que recogía las propinas. El gracias inaudible ue murmuraba a los habituales. A veces decía un nombre. Todos aquellos residuos sólidos cayendo de aquellos anos blancos, calientes, blandos, gordos, húmedos y flexionados. Imagínatelo. Encargarse de semejante desfile. Ver hombres importantes en sus actos más elementales. Era su carrera. Un hombre de carrera.

P.

- Porque se traía el trabajo a casa. Aquella cara que ponía en el lavabo de hombres. No se la podía quitar. Su cráneo se deformó para ajustarse a aquella cara. A aquella expresión o, mejor dicho, a aquella falta de expresión. El encargado y nada más. Alerta pero ausente. Más que reservado. Como si siempre se estuviera reservando para alguna prueba dura por venir.

P.: …

- Nunca llevo nada blanco. Ni una sola cosa de color blanco, te lo aseguro. Evito hacer ruido en los lavabos o no voy. Dejo propina. Nunca me olvido de que hay alguien al lado.

»¿Admiro acaso la fortaleza de esos humildes trabajadores? ¿Su estoicismo? ¿Aquellas agallas de antaño? ¿El permanecer ahí todos esos años, sin un solo día de enfermedad, sirviendo? ¿O más bien le desprecio, te estás preguntando, siento asco y repugnancia por cualquier persona que pueda permanecer inadvertida en medio de esa miasma y dando toallas a cambio de una moneda?

P.

- …

P.

- ¿Puedes volver a repetir las dos opciones?

 

 * Se refiere a los tres monos del relato budista de los Santai (las Tres Verdades), uno de los cuales se tapa las orejas con las manos para no oír, otro se tapa la boca para no hablar y el tercero se tapa los ojos para no ver. (N. del T.)

 

 

E. B. n.º 51, XI-1997

FORT DODGE, IOWA

 

Impotencia- Siempre pienso: «¿Y si no puedo?». Luego pienso: «Mierda, no pienses en eso». Porque pensar en ello puede provocar que suceda. No es que me haya pasado muchas veces. Pero me da miedo. A todos nos da miedo. Cualquiera que te diga que no le da miedo es un embustero. Todo el mundo tiene miedo de que le pase. Luego siempre pienso: «No estaría preocupado si ella no estuviera aquí». Entonces me cabreo. Me da la impresión, no sé, de que ella está esperando algo. Que si ella no estuviera ahí tumbada esperando y preguntándose y, no sé, evaluando, ni siquiera se me habría ocurrido la idea. Entonces me entra una especie de cabreo. Me cabreo tanto que deja de importarme una mierda si puedo o no. Es como si me entraran ganas de darle una lección. Es como si le dijera: «Vale, puta, tú te lo has buscado». Luego todo va bien.

 

E. B. n.º 46, VII-1997 

NUTLEY, NUEVA JERSEY

- Lo único que… O piensa en el Holocausto. ¿Acaso el Holocausto fue bueno? De ninguna manera. ¿Acaso piensa alguien que fue bueno que ocurriera? De ninguna manera. Pero ¿has leído a Victor Frankl? ¿Has leído El hombre en busca de sentido de Victor Frankl? Es un libro increíble. Frankl estuvo en un campo de concentración en el Holocausto y el libro procede de esa experiencia, es sobre su experiencia en el Lado Oscuro de la humanidad y sobre cómo preservó su identidad humana en medio de la degradación del campo, la violencia y el sufrimiento total que estaban desgarrando su identidad. Es un libro increíble, pero piensa en ello: si no hubiera habido Holocausto ahora no existiría El hombre en busca de sentido.

P.

el hombre en busca de sentido- Lo único que intento decirte es que hay que tener cuidado a la hora de rechazar de forma visceral la violencia y la degradación, también en el caso de las mujeres. Rechazar cualquier cosa de forma visceral es un error absoluto, eso es lo que estoy diciendo. Pero sobre todo en el caso de las mujeres, donde todo se limita a ese rollo tan condicionado y condescendiente de decir que son cosas frágiles y quebradizas y que pueden ser destruidas con facilidad. Es como si tuviéramos que envolverlas en algodones y protegerlas más que al resto de la gente. Eso me parece visceral y condescendiente. Estoy hablando de dignidad y de respeto, no de tratarlas como si fueran muñequitas de porcelana o algo así. Todo el mundo se siente a veces herido, vulnerado y roto. ¿Qué tienen de especial las mujeres?

P.

- Solamente digo que quiénes somos nosotros para decir que tener una relación incestuosa o ser agredido o violado no puede tener también sus aspectos positivos para los seres humanos a largo plazo. No que los tenga de forma necesaria todo el tiempo, pero ¿quiénes somos nosotros para decir de forma tan visceral que nunca los tienen? No digo que todo el mundo tenga que sufrir agresiones o violaciones, no digo que no sea totalmente terrible y negativo mientras está teniendo lugar, eso no lo cuestiono. Nadie podría decir eso. Pero eso es mientras está teniendo lugar. ¿Y qué pasa después? ¿Qué pasa al cabo del tiempo, qué pasa cuando la mujer tiene oportunidad de contar con una perspectiva más serena de la forma en que su mente reacciona? ¿Se adapta a lo que ha pasado, la forma en que lo que ha pasado se convierte en una parte de lo que ella es? Lo único que estoy diciendo es que no es imposible que haya casos en que todo eso pueda hacer crecer a la mujer. Te puede hacer más grande de lo que eras antes. Un ser humano más completo. Como Victor Frankl. O como ese refrán que dice que todo lo que no te mata te hace más fuerte. ¿Crees que el que dijo eso estaba a favor de que violaran a las mujeres? De ninguna manera. Lo que pasa es que no estaba siendo visceral.

P.: …

- No estoy diciendo que no existan las víctimas. Lo único que estoy diciendo es que a veces tendemos a ser estrechos de miras sobre los miles de cosas distintas que ayudan a la gente a convertirse en quienes son. Estoy diciendo que tenemos una perspectiva tan visceral y condescendiente sobre los derechos y la justicia perfecta y proteger a la gente que no nos paramos a considerar que nadie es solamente una víctima y que nada es solamente negativo y solamente injusto: casi nada es así. Lo único que… Es posible que incluso las peores cosas que te puedan pasar puedan terminar siendo factores positivos de tu persona. De lo que eres, porque eres una persona humana completa y no… Piensa en ser violada en grupo, degradada y atacada hasta quedar reducida a un fragmento minúsculo de tu vida, por ejemplo. Nadie va a decir que eso es bueno, no estoy diciendo eso, nadie va a decir que los cabrones que lo hicieron no tengan que ir a la cárcel. Nadie está sugiriendo que a la mujer le gustara mientras estaba ocurriendo o que tuviera que pasarle. Pero miremos dos cosas desde la perspectiva correcta. Una es que después ella sabe algo de sí misma que no sabía antes.

P.

- Lo que sabe es que la cosa más absolutamente terrible y degradante que podía imaginar que le pasara le ha pasado de verdad. Y ha sobrevivido. Todavía vive para contarlo. No estoy diciendo que se alegre, que se alegre de lo que ha pasado o que ahora esté en buena forma y entrechocando los talones de alegría por lo que le ha pasado, pero sigue viva y lo sabe, y ahora sabe algo. Quiero decir que lo sabe de verdad. Ahora su idea de ella misma y de lo que puede experimentar y aun así sobrevivir es más grande. Ha aumentado, se ha profundizado. Ahora es más fuerte de lo que hubiera imaginado nunca y lo sabe, sabe que es fuerte de una forma completamente distinta que si lo supiera porque se lo han dicho sus amigas o porque un orador en una reunión de estudiantes le haga repetir una y otra vez que es Alguien y que es Fuerte. Lo único que estoy diciendo es que ya no es la misma y que alguna de las maneras en que no es la misma… Por ejemplo, aunque todavía tiene miedo de ir andando hasta su coche a medianoche en un aparcamiento o de que la asalten y sufrir una violación en grupo, ahora tiene miedo de una forma distinta. No es que quiera que le pase de nuevo, ser violada en grupo, de ninguna forma. Pero ahora sabe que eso no la va a matar, podrá sobrevivir, no acabará con ella ni la convertirá en algo, no sé, infrahumano.

P.: …

Brief Interviews2- Y además ahora conoce mejor la condición humana, el sufrimiento, el terror y la degradación. Quiero decir que todos admitimos que el sufrimiento y el horror son parte de estar vivo y de la existencia, o al menos nos jactamos de que lo sabemos, de que así es la condición humana. Pero ahora ella lo sabe de verdad. No digo que se alegre. Pero piensa en cuánto se ha ampliado su perspectiva del mundo, piensa en lo amplia y profunda que se ha hecho su perspectiva mental. Puede entender el sufrimiento de una forma totalmente distinta. Es más de lo que era antes. Eso es lo que estoy diciendo. Ha crecido como ser humano. Ahora conoce algo que tú no conoces.

P.

- Esa es una reacción visceral, de eso estoy hablando, de coger todo lo que yo digo y filtrarlo a través de tu propia perspectiva estrecha y decir que lo que yo digo es: «Oh, pero si los tíos que la violaron le hicieron un favor». Eso no es lo que estoy diciendo. No estoy diciendo que fuera bueno ni justo ni que tuviera que haber pasado ni que ella no esté completamente hecha polvo y destrozada ni que tuviera que haber sucedido alguna vez. En cualquier situación en que una mujer estuviera siendo violada en grupo o atacada o algo así, si yo estuviera allí y tuviera el poder de decir «Adelante» o «Deteneos», les diría que se detuvieran. Pero yo no puedo hacer eso. Nadie puede hacerlo. Suceden cosas completamente horribles. La existencia y la vida destrozan todo el tiempo a la gente de toda clase de maneras espantosas. Lo sé bien, créeme, he pasado por ello.

P.

- Y yo creo que esa es la diferencia verdadera. Entre tú y yo. Porque no es una cuestión de política ni de feminismo ni de nada por el estilo. Para ti todo esto no son más que ideas, crees que estamos hablando de ideas. No has pasado por ello. No estoy diciendo que nunca te haya pasado nada malo en la vida, eres atractiva y apuesto a que te ha tocado padecer alguna clase de degradación en tu vida. No estoy hablando de eso. Estamos hablando de un terror, un sufrimiento y una violación totales, como lo que se cuenta sobre el Holocausto en El hombre en busca de sentido de Frankl. Del verdadero Lado Oscuro. Y chica, me doy cuenta simplemente mirándote de que nunca lo has vivido. Ni siquiera irías vestida de esa manera, créeme.

P.

- Puede que sí que admitas que crees que sí, que vale, que la condición humana está llena de un sufrimiento humano atroz y que uno puede sobrevivir a cualquier cosa. Y puede que lo creas realmente. Te lo crees, muy bien, pero ¿qué pasaría si te dijera que yo no lo creo, que yo lo sé? ¿Cambiaría eso algo de lo que estoy diciendo? ¿Y si te dijera que mi mujer sufrió una violación en grupo? ¿Y si te contara una historia sobre una chica de dieciséis años que fue a la fiesta equivocada con el tío equivocado y sus amigotes y terminara… y le hicieran prácticamente todo lo que cuatro tíos te pueden hacer en términos de violaciones? Estuvo seis semanas en el hospital. ¿Y si te contara que todavía hoy tiene que ir a diálisis dos veces por semana, de lo mal que quedó?

P.

- Te podría decir que ella nunca diría que se lo buscó de ninguna forma ni le gustó ni le gusta tener solamente medio riñón, y si ella pudiera de alguna forma volver atrás y encontrar una forma de pararlo lo habría parado, y sin embargo, pregúntale si querría meterse en su propia cabeza y olvidarlo todo, no sé, borrar de su memoria la cinta de lo que pasó; ¿qué crees que diría ella? ¿Puedes estar completamente segura de lo que te diría? ¿Crees que desearía, no sé, no haber tenido nunca que estructurar su mente para amoldarse a lo que le pasó o para saber de pronto que el mundo te puede destrozar con tanta facilidad? Para saber que otros seres humanos, aquellos tíos, pueden mirarte mientras estás ahí tirada y verte por completo como una cosa, no como a una persona, sino como una cosa, como una muñeca hinchable o un saco de arena o un agujero, como un simple agujero en el que meten una botella de Jack Daniels tan adentro que te destrozan los riñones… Tal vez ella te diría que después de todo, por mucho que todo aquello fuera totalmente negativo, ahora por fin ella entiende que es posible, que la gente puede hacer esas cosas.

P.

- Verte como una cosa, que puedan verte como una cosa. ¿Sabes lo que eso significa? Es terrible, sabemos que como idea es terrible, y que está mal, y creemos que sabemos todas esas cosas sobre los derechos humanos y la dignidad humana y lo terrible que es arrebatarle la humanidad a alguien, lo que llamamos su humanidad, pero entonces te ocurre a ti, ¿lo ves?, y entonces lo sabes de verdad. Ya no es una simple idea que te hace reaccionar de forma visceral. Cuando te pasa es cuando pruebas en tus propias carnes el Lado Oscuro. No la simple iEBcHR Carteldea de la oscuridad, sino el verdadero Lado Oscuro. Y ahora conoces su poder. El poder total. Porque si realmente uno puede ver a alguien como una cosa entonces le puede hacer cualquier cosa, no hay límites, la humanidad, la dignidad, los derechos, la justicia… Ya no hay límites. Lo único que… ¿Y si ella te dijera que es como hacer una gira breve y carísima por un lado de la condición humana del que todo el mundo habla como si lo conociera, pero en realidad ni siquiera se lo pueden imaginar, no de verdad, no a menos que uno lo haya vivido en sus carnes? De forma que si a fin de cuentas lo que ha pasado es que su visión del mundo se ha ampliado, ¿qué pasaría si yo te dijera eso? ¿Qué dirías tú? Y la visión que ella tiene de sí misma, su manera de percibirse. Ahora entiende que puede ser vista como una cosa. ¿No entiendes que eso puede cambiarlo todo…? ¿Que puede derrumbarlo todo? Tu visión de ti misma, lo que piensas acerca de ti misma. Puede derrumbar todo eso. ¿Y qué queda entonces? ¿Te parece que te lo puedes imaginar? Es como cuando Victor Frankl en su libro dice que en los peores momentos en el campo de concentración durante el Holocausto, cuando te han arrebatado la libertad, la intimidad y la dignidad porque estás desnudo en un campo atestado y tienes que ir al lavabo delante de todo el mundo porque ya no queda nada parecido a la intimidad y tu mujer ha muerto y tus hijos se mueren de hambre y tú tienes que verlo y no tienes comida ni calor ni mantas y os tratan como a ratas porque para ellos realmente sois ratas y no seres humanos y os llaman y os meten en un sitio y os torturan con aparatos científicos a fin de mostraros que pueden arrebataros también vuestros cuerpos, que vuestro cuerpo ya no sois vosotros, sino que es vuestro enemigo, es lo que ellos usan para torturaros porque para ellos es una cosa y con ella hacen experimentos de laboratorio, ni siquiera lo hacen por sadismo, no están siendo sádicos porque para ellos lo que están torturando no es un ser humano; que cuando se derrumba todo lo que tiene alguna relación con el individuo que crees ser, entonces lo que queda, ¿qué es? ¿Qué es lo que queda, si es que queda algo? ¿Sigues vivo y por tanto lo que queda eres tú? ¿Y eso qué es? ¿Qué quiere decir «tú» ahora? Ha llegado el momento crucial, ahora es cuando descubres lo que eres de verdad para ti misma. Lo que la mayoría de la gente con dignidad, humanidad, derechos y todo eso nunca llega a saber. Lo que es posible. Que nada es sagrado de forma automática. De eso está hablando Frankl. Está diciendo que es mediante el sufrimiento, el terror y el Lado Oscuro como se revela lo que queda, y solamente entonces lo sabes.

P.

- ¿Y si te dijera que ella dijo que lo peor no fue la violación ni el terror ni el dolor ni nada de eso, sino…? ¿Que lo más fuerte, después, al intentar estructurar su mente en relación a lo ocurrido, al encajar lo ocurrido en su mundo, que lo peor y lo más duro de todo fue descubrir que ella también podía pensar en sí misma de ese modo si quería? En sí misma como una cosa. Que es totalmente posible pensar en ti misma no como en ti, ni siquiera como una persona, sino como una cosa, como hicieron aquellos tíos. Y qué fácil y poderoso resultó pensar de ese modo, incluso mientras la violación estaba teniendo lugar, qué sencillo fue desdoblarse y subir flotando hacia el techo y desde allí quedarse mirando hacia abajo y ver que la cosa estaba cada vez peor y le iban haciendo cosas peores y la cosa eras tú pero no significaba nada, no tenía ningún significado automático, y aquello producía una sensación intensa de libertad y poder en muchos sentidos, el hecho de que ya no hubiera límites y todo estuviera sobre la mesa y pudieras hacerle cualquier cosa a alguien, incluso a ti misma si querías, porque a nadie le importaba y porque nada importaba porque qué eras tú en el fondo si no una cosa donde meter una botella de Jack Daniels, y a quién le importaba si era una botella y qué más daba si era una polla, un puño, un desatascador o este bastón… ¿Cómo debe de ser ser capaz de hacer eso? ¿Crees que puedes imaginártelo? Crees que sí, pero no puedes. ¿Y si te dijera que ella sí que puede ahora? ¿Y si te dijera que ella sí que puede porque le ha pasado todo eso y ahora sabe con certeza que es posible no ser más que una cosa pero que, igual que Victor Frankl, en adelante durante cada minuto de la vida uno puede elegir ser más si quiere, puede elegir ser un ser humano y que eso signifique algo? ¿Qué dirías entonces?

P.

 EBcHR Poster- Estoy tranquilo, no te preocupes por mí. Es como cuando Frankl descubrió que no es algo automático, que uno tiene que decidir ser un ser humano con derechos sagrados en lugar de una cosa o una rata, y la mayoría de la gente es tan petulante y visceral y va por la vida tan sonámbula que no saben ni siquiera que es algo que uno tiene que decidir por sí mismo y que solamente tiene significado cuando todos los decorados y los accesorios del escenario que te permitían ir por la vida con tanta petulancia asumiendo que no eres una cosa se derrumban y se rompen porque de pronto el mundo te ve como a una cosa, todo el mundo cree que eres una rata o una cosa y ahora depende de ti, eres la única persona que puede decidir si eres más. ¿Y si te dijera que ni siquiera he estado casado? ¿Entonces qué? Entonces es la hora de la verdad, créeme, chica, y créeme que cualquiera que haya sufrido esa clase de asalto total y de violación en la que todo lo que creían que tenían de forma automática cuando nacieron, y que les permite ir por el mundo con tanta petulancia asumiendo de forma automática que son más que una cosa, se derrumba y se junta todo dentro de una botella de Jack Daniels que te meten por el culo cuatro tíos borrachos para quienes tu violación y tu sufrimiento es su idea de la diversión, una forma de matar un par de horas, nada importante, probablemente ninguno de ellos se acuerda, créeme que nadie que haya sufrido esta clase de cosas llega a tener una perspectiva tan amplia después, a saber con total seguridad que siempre es una decisión, que eres tú el que te construyes a ti mismo a cada segundo a partir de ahora, que el único que piensa que eres una persona todo el tiempo eres tú y que puedes dejar de hacerlo en cualquier instante y que siempre que quieras puedes volver a ser una simple cosa que come, folla, caga, intenta dormir, va a diálisis, una cosa a la que le meten una botella cuadrada por el culo, tan adentro que se rompe, cuatro tíos borrachos que se ponen a darle patadas en los huevos para que se doble hacia delante, cuatro tíos a los que ni siquiera conocías ni habías visto en tu vida y a quienes nunca hiciste nada que le diera algún sentido al hecho de que quisieran darte de patadas o violarte o desear aquella clase de degradación total. Que ni siquiera sabían tu nombre, que te hicieron aquello y ni siquiera sabían cómo te llamabas, no sabían que tenías nombre. Uno no tiene nombre de forma automática, no es algo que todo el mundo tenga, ¿sabes? Un día descubres que tienes que decidir incluso el mero hecho de tener nombre o ser algo más que una máquina programada con reacciones distintas cuando te hacen cosas distintas, cuando se les ocurren cosas para matar el rato hasta que se cansan y que después te toca a ti decidir durante todo el tiempo de tu vida, ¿y si te dijera que me pasó a mí? ¿Cambiaría eso algo? ¿Todas esas ideas políticas viscerales tuyas acerca de las víctimas? ¿Es que hay que ser una mujer? Te crees, a lo mejor te crees que te lo podrías imaginar mejor si se tratara de una mujer porque sus rasgos exteriores se parecen más a los tuyos, de forma que es más fácil verla como a un ser humano que está siendo violado, pero si es alguien con polla y sin tetas ya no te parece tan real. Pero si en el Holocausto no hubiera habido judíos sino únicamente yo, ¿a quién crees que le importaría? ¿Crees que a alguien le importó Victor Frankl o que alguien admiró su humanidad hasta que escribió El hombre en busca de sentido? No estoy diciendo que me sucediera a mí ni a él ni a mi mujer, ni siquiera que haya sucedido, pero ¿y si hubiera sucedido? ¿Y si yo te lo hiciera a ti? Aquí mismo. ¿Y si te violara con una botella? ¿Acaso cambiaría algo? ¿Por qué? ¿Qué eres tú? ¿Tú qué sabes? No tienes ni puta idea.

 

 

Del capítulo OCTETO

 

DE ACERTIJO POP 9

…  y entre las piezas supervivientes va a ser discernible o percibible por parte de alguien más, a saber, de un completo extraño que probablemente se va a sentar al final de una jornada
Regla del Octeto2de duro trabajo para relajarse leyendo esta especie de «Octeto» literario leyendo esta especie de «Octeto» literario. [6] (Sigues determinado a llamar «Octeto» al ciclo. No importa si tiene o no sentido para nadie más. En esta cuestión eres intransigente. Si esta intransigencia es una especie de integridad o una simple chaladura es una cuestión en la que te niegas a gastar tiempo de trabajo. Lo has apostado todo al título «Octeto» y «Octeto» es como se va a llamar.)  Eres consciente de que te has metido en un buen atolladero como escritor de ficción. Hay maneras correctas y fructíferas de intentar establecer una «empatía» con el lector, pero tener que imaginarte a ti mismo como el lector no es una de ellas; en realidad está peligrosamente cerca de la trampa temible de intentar anticipar si al lector le va a «gustar» algo en lo que estás trabajando, y tanto tú como los pocos escritores de ficción con los que tienes amistad sabéis que no existe manera más rápida de meterte en atolladeros y matar cualquier perentoriedad en tu trabajo que intentar calcular por anticipado si lo que estás haciendo va a «gustar». Es algo letal. Se podría establecer la siguiente analogía: imagínate que vas a una fiesta donde conoces a muy poca gente y luego, de camino a casa, te das cuenta de pronto de que has pasado toda la fiesta tan preocupado por si parecías caerle bien a la gente que ahora no tienes ni la más remota idea de si a ti te caía bien alguno de ellos. Cualquiera que haya vivido una experiencia de esa clase sabe que se trata de una actitud completamente letal con la que ir a una fiesta. (Además, por supuesto, casi siempre resulta que a la gente que había en la fiesta no les has caído bien, por la sencilla razón de que todo el tiempo parecías tan poco espontáneo y tan artificioso que la gente se ha llevado la impresión subliminal y desagradable de que estabas usando la fiesta como un simple escenario donde actuar y de que ni siquiera te has fijado en ellos y de que probablemente te hayas marchado sin tener ni idea de si te caían bien o no, lo cual hiere sus sentimientos y provoca que les caigas mal (después de todo, solamente son humanos y tienen la misma inseguridad que tú acerca del hecho de caer bien).)

Pero después del tiempo requerido de preocupación intensiva, miedo, indecisión, recurso a los kleenex y a mordisquearse los nudillos, de pronto te das cuenta de que es posible que la misma estructura formal «interrogativa/dialógica» del semiocteto -la misma estructura que al principio parecía perentoria porque era una manera de coquetear en apariencia con algo que fosterhologram1podía ser una chorrada metatextual por razones que luego (o al menos eso esperabas) resultaban ser profundas y mucho más perentorias que el simple esquema de «mírame-cómo-miro-que-me-estás-mirando» de la vieja y gastada metanarrativa estándar, pero que luego te dejó sumido en un aprieto al requerirte que descartaras los Acertijos Pop que no funcionaban o que en última instancia resultaban estándar o coquetos en lugar de perentoriamente honestos y que reescribieras el Acertijo 6 de una forma que parecía peligrosamente meta-ística y dejarte con un medio octeto castrado y manifiestamente chapucero cuya perentoriedad original, ambiental pero unívoca, ya no estabas en absoluto seguro de que pudiera ser entendida por nadie más después de todos los cortes, nuevos intentos y devaneos en general, metiéndote en el atolladero literario letal de intentar anticipar el funcionamiento de la mente y el corazón de una lectora-, de que esa misma forma heurística vanguardista y potencialmente provista de una apariencia desastrosa puede proporcionarte una escapatoria del aprieto asfixiante, una oportunidad de resolver el fiasco potencial de notar que los 2+(2(1)) textos componen algo perentorio y humano, pero que a la lectora no le da esa impresión en absoluto. Porque ahora se te ocurre que simplemente puedes pedírselo. A la lectora. Puedes sacar la nariz por el agujero en la pared que ya han perforado expresiones como «El 6 ya no funciona como Acertijo Pop» y «He aquí otro intento», dirigirte directamente a la lectora y preguntarle si puede sentir algo de lo que tú sientes.

El truco para llevar a cabo esta solución es que hay que ser ciento por ciento honesto. Esto quiere decir no solamente ser honesto, sino mostrarte desnudo. Más que desnudo, mucho más indefenso. Sin defensas. «Esto que siento, no sé cómo se llama, pero me parece importante, ¿no te lo parece a ti también?», esta clase de pregunta directa no es para gente escrupulosa. En cierta manera está peligrosamente cerca de la pregunta: «¿Te caigo bien? Por favor, quiéreme», y sabes muy bien que el 99 por ciento de toda la manipulación y los jugueteos tramposos que tienen lugar entre las personas tienen lugar precisamente debido a la idea de que decir directamente este tipo de cosas se percibe como algo obsceno. De hecho, uno de los escasos tabúes interpersonales que todavía nos quedan son estas preguntas obscenamente directas y desnudas que se le hacen a otra persona. Resultan patéticas y desesperadas. Y así es como le van a resultar a la lectora. Tendrá que ser así. No hay manera de evitarlo. Si vas y le preguntas si está sintiendo algo y qué es lo que está sintiendo, hay que hacerlo sin ninguna timidez, teatralidad ni falsa-honestidad-encaminada-a-caerle-bien. Eso lo estropearía todo. ¿Lo entiendes?...

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Del capítulo ENTREVISTAS BREVES CON HOMBRES REPULSIVOS. 

D E. B. n.º 28, II

YPSILANTI, MICHIGAN [TRANSMISIÓN SIMULTÁNEA]

 

K.: Qué quieren las mujeres de hoy. Esa es la gran pregunta. 

 

E.: Estoy de acuerdo. Es la más grande de todas. Es la… ¿cómo se llama?

 

K.: O en otras palabras, ¿qué es lo que las mujeres de hoy creen que quieren y en cambio qué es lo que quieren en el fondo?

 

E.: ¿O qué es lo que creen que se supone que tienen que querer?

 

P.

 

K.: De un hombre.

 

E.: De un tío.

 

K.: Sexualmente.

 

E.: Hablamos del viejo ritual del apareamiento.

 

K.: Por muy neandertal que suene, yo sigo diciendo que es la gran cuestión. Porque todo este tema se ha enredado demasiado.

 

E.: Y que lo digas.

 

K.: Porque la mujer moderna tiene que soportar una cantidad sin precedentes de contradicciones sobre lo que se supone que quiere y sobre cómo se espera que se comporte sexualmente.

 

E.: La mujer moderna está hecha un lío de contradicciones que ella misma crea y que la acaban volviendo chiflada.

 

K.: Por eso es tan difícil saber qué es lo que quieren. Difícil, pero no imposible.

 

E.: Piensa, por ejemplo, en la clásica contradicción virgen versus puta. Chica buena versus zorra. La chica a la que respetas y llevas a casa para que conozca a tu madre versus la que te follas.

 

K.: Y no olvidemos que a esta contradicción se le añade la nueva expectativa feminista-barra-posfeminista de que las mujeres también son agentes sexuales igual que los hombres. Que está bien ser sexual, que está bien silbar los culos de los tíos y ser agresiva y perseguir lo que quieres. Que está bien ir follando por ahí. Que para la mujer de hoy es prácticamente obligatorio follar por ahí.

 

E.: Mientras que en el fondo persiste la vieja oposición chica respetable versus zorra. Está bien ir follando por ahí si eres feminista, pero al mismo tiempo no está bien ir follando por ahí porque la mayoría de tíos no son feministas y no te respetan y no te llaman más si te los follas.

 

K.: Hazlo pero no lo hagas. Es una contradicción sin salida

 

E.: Una paradoja. Hagas lo que hagas, estás lista. Y los medios de comunicación la perpetúan.

 

K.: Imagínate la cantidad de ansiedad interior que todo esto acumula sobre sus psiques.

 

E.: Han avanzado mucho, y una mierda.

 

K.: Por eso hay tantas que están chifladas.

 

E.: Las vuelve locas la ansiedad interior.

 

K.: Y ni siquiera es culpa de ellas.

 

E.: ¿Quién no estaría chiflada teniendo que soportar todo el tiempo ese montón de contradicciones en los medios de comunicación actuales?

 

K.: Y la cuestión es que por eso resulta tan difícil cuando, por ejemplo, estás sexualmente interesado en una de ellas, imaginarte qué es lo que quieren de un hombre.

 

E.: Están hechas un lío total. Te puedes volver loco intentando imaginar qué táctica adoptar. Puede que empiecen ellas o puede que no. Las mujeres de hoy en día son una puñetera ruleta. Es como tratar de resolver un acertijo zen. En lo tocante a lo que quieren, lo único que puedes hacer es cerrar los ojos y saltar.

 

K.: No estoy de acuerdo.

 

E.: Estoy hablando metafóricamente.

 

K.: No estoy de acuerdo en que sea imposible determinar qué es lo que quieren realmente.

 

E.: Yo no he dicho que sea imposible.

 

K.: Pero estoy de acuerdo en que en la época posfeminista actual la cuestión tiene una dificultad sin precedentes y hace falta mucha imaginación y un gran arsenal deductivo.

 

E.: Porque claro, si fuera literalmente imposible no habría especie, ¿no?

 

K.: Y estoy de acuerdo en que uno no puede fiarse simplemente de lo que dicen que quieren.

 

E.: Porque solo lo dicen porque creen que se supone que han de decirlo, ¿no?

 

K.: Mi posición es que actualmente la mayor parte del tiempo te puedes imaginar qué es lo que quieren, es decir, puedes deducirlo lógicamente, si estás dispuesto a hacer el esfuerzo de entenderlas y de entender la situación imposible en que están.

 

E.: Pero no puedes fiarte de lo que dicen, esa es la gran cuestión.

 

K.: Con eso tengo que estar de acuerdo. Lo que las feministas-barra-posfeministas te dirán que quieren es un trato igual y un respeto de su autonomía individual. Si va a haber sexo, te dirán, tiene que producirse por consenso y deseo mutuo entre dos seres iguales y autónomos, cada uno de los cuales es responsable de su propia sexualidad y de la expresión de la misma.

 

E.: Eso es casi palabra por palabra lo que les he oído decir.

 

K.: Y es una patraña absoluta.

 

E.: Dominan a la perfección toda esa jerga de asumir el poder, eso está claro

 

K.: Es muy fácil ver que son patrañas si uno se acuerda de tener en cuenta desde el principio la contradicción irresoluble de la que ya hemos hablado.

 

E.: No cuesta nada verlo.

 

P.

 

K.: Que se espera de ellas que estén sexualmente liberadas y que sean autónomas y enérgicas, pero al mismo tiempo son conscientes de la vieja dicotomía entre la chica respetable y la zorra y saben que hay chicas que siguen dejando que las usen sexualmente debido a una falta básica de respeto por sí mismas, y les sigue produciendo horror que las puedan ver como si formaran parte de esa clase de tías fáciles.

 

E.: Además, recuerda que las chicas posfeministas de hoy saben que el paradigma sexual masculino y el femenino son fundamentalmente distintos…

 

K.: «Marte y Venus».

 

E.: Sí, exacto, y saben que como mujeres están programadas por la naturaleza para tener una visión más altruista y más a largo plazo del sexo y a pensar siempre en términos de relaciones más que en términos de follar simplemente, de forma que si una mujer se hunde de inmediato y folla contigo, ella cree que en cierta forma te estás aprovechando de ella.

 

K.: Esto, por supuesto, es porque la época posfeminista actual es también la época posmoderna, en la que se supone que todo el mundo conoce a la perfección todo lo que subyace a todos los códigos semióticos y convenciones culturales, y se supone que todo el mundo sabe con qué paradigmas está actuando todo el mundo, y por tanto se entiende que todos como individuos somos mucho más responsables de nuestra sexualidad, porque todo lo que hacemos es consciente y está informado de una forma sin precedentes.

 

E.: Pero al mismo tiempo ellas están bajo una presión biológica increíble que las obliga a buscar pareja, aposentarse, tener hijos y criarlos, y si no, léete el rollo ese de Las normas, e intenta explicarme por qué es tan popular.

 

K.: El problema es que se espera de las mujeres de hoy que sean responsables ante la modernidad y al mismo tiempo ante la Historia.

 

E.: Por no mencionar la pura biología

 

K.: La biología ya está incluida en el espectro de lo que yo llamo «Historia».

 

E.: Entonces estás usando «Historia» más bien en un sentido foucaultiano, ¿no?

 

K.: Hablo de la Historia entendida como un conjunto de respuestas humanas conscientes e intencionadas a toda una gama de fuerzas de las cuales la biología y la evolución forman parte.

 

E.: La cuestión es que es una carga intolerable para las mujeres.

 

K.: La verdadera cuestión es que de hecho esas dos responsabilidades son lógicamente incompatibles.

 

E.: Incluso si la propia modernidad es un fenómeno histórico, diría Foucault.

 

K.: Solo estoy diciendo que nadie puede respetar dos conjuntos lógicamente incompatibles de responsabilidades. Esto no tiene nada que ver con la Historia, esto es pura lógica.

 

E.: Personalmente, yo culpo a los medios de comunicación.

 

K.: Pero ¿cuál es la solución?

 

E.: El discurso esquizofrénico de los medios que representa, por ejemplo, el Cosmopolitan: por un lado tienes que estar liberada y por otro asegúrate de encontrar marido. 

 

K.: La solución es comprender que las mujeres de hoy en día están en una situación imposible en términos de cuáles perciben que son sus responsabilidades sexuales.

 

E.: Como decía aquel anuncio: «Puedo traer el pan a casa, na ná na ná, y encargarme yo de todo, na ná na ná…».

 

K.: Y que, por tanto, querrán, como es natural, lo que querría cualquier ser humano enfrentado con dos conjuntos irresolublemente conflictivos de responsabilidades. Es decir, lo que querrán de verdad es escapar de alguna forma de esas responsabilidades.

 

E.: Alguna escapatoria.

 

K.: Psicológicamente hablando.

 

E.: Una puerta de atrás.

 

K.: De aquí la importancia intemporal de: la pasión.

 

E.: Quieren ser al mismo tiempo responsables y apasionadas.

 

K.: No, lo que quieren es experimentar una pasión tan enorme, abrumadora, poderosa e irresistible que anule toda culpa, tensión o remordimiento que puedan sentir por traicionar las responsabilidades que perciben como suyas.

 

E.: En otras palabras, lo que quieren de un tío es pasión.

 

K.: Quieren que se las lleven por delante. Que las hagan salir volando. Que las hagan volar por los aires. El conflicto lógico entre sus responsabilidades no se puede resolver, pero sí su conocimiento posmoderno de ese conflicto.

 

E.: Se puede eludir. Se puede negar.

 

K.: Lo cual quiere decir que, en el fondo, quieren a un hombre que vaya a ser tan abrumadoramente apasionado y poderoso que sientan que no tienen elección, que su historia los supera a ambos, que pueden olvidarse por completo de que existen las responsabilidades posfeministas.

 

E.: En el fondo, quieren ser irresponsables.

 

K.: Supongo que en cierta forma estoy de acuerdo, pero no creo que se les pueda culpar por ello, porque no creo que sea algo consciente.

 

E.: Es algo que persiste como un grito lacaniano, en el inconsciente infantil, para usar la jerga.

 

K.: Quiero decir que es comprensible, ¿no? Cuanto más se imponen esas responsabilidades lógicamente incompatibles sobre las mujeres de hoy, más fuerte es su deseo inconsciente de un hombre sobrecogedoramente poderoso y apasionado que pueda convertir esa contradicción irresoluble en algo irrelevante a base de abrumarlas con tanta pasión que eso les permita creer que no pueden hacer nada para evitarlo, que el sexo no ha sido una cuestión de elección consciente por la que se les pueda exigir responsabilidades y que en última instancia si ha habido alguien responsable es el hombre.

 

E.: Eso explica por qué cuanto más convencida sea la presunta feminista, más se aferrará a ti y te seguirá a todas partes después de dormir con ella.

 

K.: No estoy seguro de estar de acuerdo con eso.

 

E.: Pero de ahí se deriva que cuanto más convencida está la feminista, más agradecida y dependiente se va a sentir después de que hayas entrado cabalgando a lomos de tu corcel blanco y la hayas liberado de su responsabilidad.

 

K.: Con lo que no estoy de acuerdo es con lo de «presunta». No creo que las feministas de hoy sean insinceras de forma consciente cuando hablan de autonomía. Igual que no creo que sean estrictamente culpables de la terrible encrucijada en que se ven. Aunque en el fondo supongo que tengo que estar de acuerdo con que las mujeres están históricamente mal equipadas para hacerse responsables de sí mismas.

 

P.

 

E.: Supongo que ninguno de vosotros ha visto dónde estaba el meadero en este sitio.

 

K.: No lo digo en el mismo sentido que esos estudiantes neandertales-que-semeten-con-las-mujeres-porque-son-demasiado-inseguros-para-soportar-su-subjetividad-sexual. Y estoy perfectamente dispuesto a defenderlas de cualquier burla o acusación por una situación que claramente no es culpa de ellas.

 

E.: Porque ya va siendo hora de responder a la llamada de la naturaleza, no sé si me explico.

 

K.: Si uno mira simplemente la cuestión en términos de evolución, hay que estar de acuerdo con que cierta falta de autonomía-barra-responsabilidad fue una ventaja genética obvia en el caso de las mujeres primitivas, porque un sentido limitado de la autonomía atraía a esas mujeres hacia un hombre primitivo que le asegurara comida y protección.

 

E.: Mientras que las mujeres más autónomas, las machorras, podían dedicarse a la caza y llegar a competir con los hombres para conseguir comida.

 

K.: Pero la cuestión es que las que encontraban pareja y se apareaban eran las mujeres menos autónomas y menos autosuficientes.

 

E.: Y tenían descendencia.

 

K.: Y por tanto perpetuaban la especie.

 

E.: La selección natural favoreció a las que buscaban pareja en vez de irse de caza. Es decir, ¿cuántas pinturas rupestres has visto en las que aparezcan mujeres cazando?

 

K.: Mirando la historia, probablemente debamos señalar que cuando una mujer débil entre comillas se ha apareado y ha criado a sus hijos, a menudo muestra un sentido espectacular de la responsabilidad en todo lo que tenga que ver con sus hijos. No es que las mujeres no tengan capacidad para ser responsables. No estoy hablando de eso.

 

E.: Son unas madres geniales.

 

K.: De lo que estamos hablando aquí es de las mujeres adultas preprimíparas y de su capacidad genética-barra-histórica de autonomía, de hacerse responsables de sí mismas, por decirlo de algún modo, en el trato con los hombres.

 

E.: La evolución las ha desprovisto de esa capacidad. Mira las revistas. Mira las novelas de amor.

 

K.: Lo que las mujeres de hoy en día quieren, para decirlo en pocas palabras, son hombres con una sensibilidad apasionada y al mismo tiempo con el arsenal deductivo necesario para discernir que todos sus alegatos de autonomía no son más que gritos desesperados en medio de la soledad de su contradicción irresoluble.

 

E.: Todas quieren eso. Lo que pasa es que no lo pueden decir.

 

K.: Y te adjudican a ti, al hombre de hoy día que está interesado en ellas, el papel paradójico de ser prácticamente su psiquiatra o su sacerdote.

 

E.: Quieren la absolución.

 

K.: Cuando dicen: «Soy una persona por propio derecho», «No necesito a ningún hombre» o «Soy responsable de mi propia sexualidad», lo que te están diciendo realmente es lo que quieren que tú les hagas olvidar.

 

E.: Quieren ser rescatadas.

 

K.: Quieren que a cierto nivel estés sinceramente de acuerdo y respetes lo que están diciendo, pero que a otro nivel más profundo reconozcas que no son más que patrañas y que entres cabalgando a lomos de tu corcel blanco y las abrumes con tu pasión, tal como los hombres han hecho desde tiempos inmemoriales.

 

E.: Por eso no puedes entender de forma literal lo que dicen o te vuelves chiflado.

 

K.: Básicamente todo sigue siendo un código semiótico muy elaborado, donde los nuevos semas posmodernos de la autonomía y la responsabilidad reemplazan a los viejos semas premodernos de la caballerosidad y el cortejo.

 

E.: Realmente necesito ir al meódromo.

 

K.: La única manera de no dejarse engañar por ese código es llevar a cabo un acercamiento lógico a la cuestión. ¿Qué es lo que ellas están diciendo realmente?

 

E.: No no quiere decir sí, pero tampoco quiere decir no.

 

K.: Es decir, la capacidad de usar la lógica es lo que nos distinguió de los animales en el principio.

 

E.: Y no es por ofender, pero la lógica no es exactamente el fuerte de las mujeres.

 

K.: Pero aunque toda la situación sexual es ilógica, en mi opinión tampoco tiene sentido culpar a las mujeres de hoy día por no ser muy lógicas o por estar emitiendo continuamente una salva de señales paradójicas.

 

E.: En otras palabras, K. está diciendo que no son responsables.

 

K.: Estoy diciendo que es difícil y resulta complicado, pero si usas la cabeza no es imposible.

 

E.: Porque piensa en ello: si realmente fuera imposible, ¿dónde estaría la especie?

 

K.: La vida siempre encuentra su camino.

 

 

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Del capítulo  EN SU LECHO DE MUERTE, COGIÉNDOTE LA MANO, EL PADRE DEL ACLAMADO NUEVO DRAMATURGO JOVEN Y ALTERNATIVO PIDE UN EN SU LECHO DE MUERTE, COGIÉNDOTE LA MANO, EL PADRE DEL ACLAMADO NUEVO DRAMATURGO JOVEN Y ALTERNATIVO PIDE UN FAVOR.

 

EL PADRE: Escuche: yo lo despreciaba. Todavía lo desprecio.

[PAUSA para un episodio de oftalmorragia; frotis/drenaje de la órbita dextrocular por parte del técnico; cambio del vendaje.]

EL PADRE: ¿Por qué nadie le explica a uno estas cosas? ¿Por qué todo el mundo cree que es una bendición? Parece haber casi una conspiración para que uno no se entere de estas cosas. ¿Por qué nadie te lleva aparte y te explica lo que te espera? ¿Por qué no te cuentan la verdad? Que te van a quitar tu vida. Que se supone que tienes que darlo todo y no solamente nadie te lo va a agradecer sino que no vas a tener contigo a nadie. A nadie. Que has de suspender el toma y daca esencial, que pasaste años aprendiendo qué era la vida y ya no has de esperar nada más. Y te lo aseguro, lo que es peor que nada: que ya no vas a tener vida para ti. Que todo lo que deseaste para ti ahora se espera que lo has de desear para él. ¿Por qué se espera esto? ¿Le parece a usted una expectativa razonable? ¿Para un ser humano? ¿No tener nada y no esperar nada para uno? Que toda tu naturaleza humana tenga que cambiar de alguna forma, alterarse, como por arte de magia, en el momento en que te separas de tu mujer, causándole tanto dolor y deformando su cuerpo tan profundamente que nin… Que ella misma cambie automáticamente de esa misma forma, como por arte de magia, en el momento en que él sale, como por algún embrujo glandular, pero tú, que no lo has llevado dentro ni has estado unido a él mediante tubos, te vas a quedar, por dentro, igual que has sido siempre, y sin embargo se espera de ti que cambies también, que renuncies a todo, libremente. ¿Por qué nadie habla de esto, de esta locura? De que tu fracaso a la hora de renunciar a ti mismo, cambiarlo todo y estar loco de alegría por ello… De que te van a juzgar por ello. No solamente como, entre comillas, padre, sino como hombre. Tu valor humano. Esa mirada mojigata y petulante de quienes juzgan a los padres, que los juzgan por no cambiar por arte de magia, por no renunciar instantáneamente a todo lo que uno ha deseado hasta ese momento y… securus judicat orbis terrarum, Padre. Pero Padre, ¿realmente tenemos que creer que es obvio y natural que nadie considere nunca que hace falta avisar sobre esto? ¿Que es tan instintivo como parpadear? ¿Que nadie piense nunca en prevenirte? A mí no me parece obvio en absoluto, se lo aseguro. ¿Ha visto alguna vez una placenta? ¿Ha visto alguna vez con la boca abierta de asombro cómo sale y cae al suelo, y lo que hacen con ella? Nadie me avisó, se lo aseguro. Que la propia esposa va a considerarlo a uno deficiente por el simple hecho de continuar siendo el hombre con el que se casó. ¿Soy yo el único a quien nadie avisó? ¿Por qué ese silencio cuando…?

[PAUSA para un episodio de dispnea.]

EL PADRE: Lo desprecié desde el primer momento. No exagero. Desde el primer momento en que consideraron oportuno dejarme entrar y miré y lo vi ya unido a ella, ya mamando. Mamando de ella, nutriéndose de ella, y la cara de ella —de ella, que había dejado tan claro lo que pensaba acerca de chupar partes del cuerpo—, su cara vuelta hacia arriba, había cambiado, se había convertido en una abstracción, en la Madre, con su cara de parturienta embelesada y radiante, como si no hubiera sucedido nada invasivo ni grotesco. Ella había gritado sobre la camilla, gritado… Pero ¿dónde estaba ahora aquella chica? Yo nunca la había visto tan… El término exacto es «fuera de sí», ¿verdad? ¿Alguien ha analizado esta expresión? ¿Lo que implica verdaderamente? En aquel instante supe que lo despreciaba. No hay otra palabra. Era despreciable. Y todo lo que vino después. La verdad: no me pareció natural ni satisfactorio ni hermoso ni justo. Piense lo que quiera de mí. Es la verdad. Era repugnante. Todo el tiempo. El ataque a
Brief Interviews3los sentidos. No se lo imagina. La incontinencia. El vómito. El olor brutal. El ruido. Que te roben el sueño. El egoísmo, el egoísmo salvaje del recién nacido, usted no tiene ni idea. Nadie lo prepara a uno para eso, para algo tan desagradable. El gasto absurdo en cosas de plástico de color pastel. El hedor a cloaca de su cuarto. La ropa perpetuamente sucia. El olor y el ruido constante. El trastorno de cualquier horario imaginable. Las babas y el terror y los berridos punzantes. Unos berridos que se clavaban como cuchillos. Tal vez si alguien nos hubiera avisado, si nos hubieran prevenido. La remodelación incesante de todos los horarios en su honor. En honor a sus deseos. Él reinó desde su cuna, desde el primer momento. Reinó sobre ella, la redujo y la remodeló. Qué poder tenía, ya de niño. De él aprendí la codicia interminable. De mi hijo…

… A menudo me veía obligado a mirar a otro lado, a salir fuera, a esconderme detrás de una esquina. Su manera desconsiderada y ausente de hurgarse, rascarse, escarbarse y arrancarse costras, la fascinación narcisista infinita que sentía hacia su propio cuerpo. Como si sus extremidades fueran las cuatro esquinas del mundo. Era esclavo de sí mismo. Una máquina de voluntad ciega. Un reinado de terror, créame. Los berridos dementes cada vez que sus deseos se veían frustrados. Cada vez que se le negaba o se le retrasaba alguna gratificación. Era kafkiano: me castigaban por protegerlo de sí mismo. «No, no, hijo mío. No te puedo dejar que metas la mano en el agua caliente del vaporizador, no toques las aspas del ventilador, no te bebas ese disolvente…». Más berridos. Era algo demente. Uno no se podía explicar ni razonar con él. Solamente podías alejarte desolado. Había que armarse de valor para no dejarlo estar y la próxima vez simplemente dejarle que lo hiciera: «Bébete ese disolvente, hijo». Aprende por las malas. Los lloriqueos y las súplicas y los tirones de la manga y los ataques de rabia. Pronto me di cuenta de que no era algo psicótico. Su locura era astuta. Había un plan detrás de cada rabieta. «Está demasiado excitado», «demasiado cansado», «de mal humor», «tiene fiebre», «necesita acostarse un rato», «solamente está frustrado», «solamente ha tenido un día demasiado largo». La letanía de excusas que daba su madre para justificarlo. La manera infinita en que él la manipulaba emocionalmente. El hecho de que estuviera siempre haciéndolo y la reacción inhumana de ella: incluso cuando se daba cuenta de lo que él hacía, ella seguía excusándolo, estaba encantada por la desnudez de su inseguridad, por lo que ella llamaba la «necesidad» que el niño tenía de ella, lo que ella llamaba «la necesidad de confianza» de su hijo. ¿Necesidad de confianza? ¿Qué confianza? Nunca tuvo ninguna duda. Siempre supo que todo le pertenecía. Nunca dudó. Como si todo el mundo estuviera en deuda con él. Como si lo mereciera. Era un loco. Solipsista. Lo quería todo. Todo lo que yo tenía, lo que había tenido y lo que nunca tendría. Nunca se terminaba. Un apetito ciego e irracional. Lo diré: era perverso. Ya está. Me imagino la cara que está poniendo usted. Pero era perverso. Y yo era el único que parecía saberlo. Me causó un millar de aflicciones y yo no podía decir nada. Casi me dolía la cara al final del día por culpa del control que me veía obligado a ejercer sobre mi expresión: incluso en su respiración se podía percibir un ligero matiz de protesta. Los círculos violáceos de apetito insaciable debajo de sus ojos…

NiñoCome… Ella… A ella nunca le importó. Era su esclava. Tenía mentalidad de esclava. Aquella no era la chica a quien yo había pedido en matrimonio. Era su esclava y se creía que era feliz. Él jugaba con ella como un gato juega con un ratón de juguete y ella se sentía feliz. ¿Estaba loca? ¿Dónde estaba mi mujer? ¿Qué era aquella criatura a quien ella acariciaba mientras él mamaba de ella? Durante la mayor parte de su infancia, el recuerdo que tengo de ella se reduce a verme a mí mismo de pie a algunos metros de distancia, mirándolos completamente desconcertado. Escondido detrás de una sonrisa forzada. Demasiado cansado para dar mi opinión o para pedir nada. Aquella era mi vida. Esta es la verdad que he ocultado. Es usted muy amable por escucharme. Es más importante de lo que cree. El hecho de soltarlo todo. Te ju… Júzgueme como quiera. No, hágalo. Me estoy muriendo — sí, yo sé que sí—, estoy postrado, casi ciego, despanzurrado, congestionado, muriéndome, solo y sufriendo dolor. Mire todos estos malditos tubos. Toda una vida de silencio. Y por fin llega mi confesión. Muy amable de su parte. No es lo que usted… No busco su perdón. Solamente quiero que oiga la verdad. Sobre él. Que lo desprecio…

… Luego, cuando nos íbamos a casa, yo me inventaba alguna excusa e iba a mi estudio y me sentaba con la cabeza entre las manos. Parecía que él era capaz de hacerlo a voluntad. Todo el mundo había sucumbido. La gran mentira. Había engañado al mundo entero. No exagero. Usted no estaba allí para escucharlo todo boquiabierto: es tan brillante, tan sensible, tiene tanto criterio, es precoz sin jactarse de ello, es un placer tan grande conocerlo, es tan prometedor, tiene un talento ilimitado. Y etcétera. Es un regalo inefable, es maravilloso tenerlo en nuestra clase, en nuestro equipo, en nuestra lista, en nuestro personal, en nuestro grupo de teatro, en nuestras mentes. Tiene un, comillas, talento ilimitado. No se puede imaginar la sensación que me producía oír aquello: «talento». Como si lo estuviera regalando, como si no… Ojalá hubiera tenido las agallas una sola vez para agarrar a uno solo de ellos del nudo del fular y gritarle la verdad en toda la cara. Aquellas sonrisas embelesadas. Aquella esclavitud. Ojalá yo también hubiera permanecido engañado. Mi propio hijo. Cómo lo deseé, recé por ello, lo examiné y busqué, lo estudié y recé y lo ansié sin cesar, recé para permanecer engañado y hechizado yo también y permitir que la perspectiva de los demás cubriera la mía. Lo examiné desde todos los ángulos. Busqué concienzudamente lo que los demás creían ver, natus ad glo… Recuerdo que el director nos llevó aparte en aquella función y nos habló con un aliento que apestaba a ginebra y nos dijo que era el mejor alumno y el más prometedor que había visto desde que estaba en su cargo…

… Entiéndame, yo había leído con aquel niño. Largo y tendido. Le había hecho preguntas. Me había sentado para intentar enseñarle a sumar. Y él se había rascado el impétigo y había mirado la página con cara inexpresiva. Yo había observado con cara circunspecta cómo él leía con gran esfuerzo y luego lo había interrogado. Había conversado con él y lo había examinado, de forma sutil y a fondo y sin prejuicios. Tiene que creerme. Nunca hubo un atisbo de brillantez en mi hijo. Lo juro. Su techo intelectual era una competencia razonable con las sumas adquirida mediante un esfuerzo agotador por entender las operaciones más elementales. Estuvo escribiendo las eses de imprenta al revés hasta los ocho años. Pronunciaba «epígrafe» como si fuera una palabra llana. Un chico cuya actitud social era una afabilidad lerda y en quien no había un atisbo de ingenio ni de apreciación por los matices de la buena prosa inglesa. Eso no es pecado, de acuerdo, el ser un chico mediocre y ordinario… La mediocridad no es ningún pecado. No, pero ¿a qué venía entonces aquella estima tan alta? ¿De qué talento estaban hablando? Yo leía sus ejercicios sin falta antes de que los entregara. Adopté LaVenganzaDeOrestesla política de dedicarle tiempo. A estudiarlo. Intenté convencerme para abandonar mis prejuicios. Acechaba detrás de las puertas y lo vigilaba. Ya en la universidad fue un chico a quien la Orestiada de Sófocles le costó semanas de esfuerzo agotador. Yo lo observaba cuando no había nadie cerca. La Orestiada no es una obra difícil ni inaccesible. Yo miraba todo el tiempo, en secreto, intentando ver lo que todos parecían ver. Y en traducción. Semanas de esfuerzo agotador y ni siquiera era el griego de Sófocles, sino alguna adaptación de tres al cuarto, me quedaba allí escondido y asombrado. Y, sin embargo, consiguió… Los engañaba a todos. A todos, el mundo era su público. Todo un Pulitzer. Y sé muy bien cómo suena todo esto. Te judice, Padre. Pero esta es la verdad: yo lo he conocido, por dentro y por fuera, y solamente ha tenido un talento en toda su vida: la capacidad para parecer brillante, para parecer excepcional, precoz, lleno de talento y prometedor. Sí, prometedor, todos acababan diciendo lo mismo: «Es una promesa sin límites». Y es que aquel era su talento, ¿y acaso no ve usted las malas artes aquí, la genialidad con que manipulaba a su público? Su talento consistía en suscitar admiración, en lograr la estima de todo el mundo, en despertar las expectativas de todo el mundo y obligarte a que rezaras por él para que triunfara y estuviera a la altura y justificara aquellas expectativas a fin de evitarle no solamente a ella, sino a todo el mundo a quien él había engatusado para creer en su promesa sin límites, la amarga decepción de ver la verdad de su mediocridad esencial. ¿Acaso no ve usted la genialidad perversa de esto? ¿El tormento exquisito? Me obligó a rezar por su triunfo. A desear que su mentira se mantuviera. Y no por él, sino por los demás. Por ella….

… ¿Qué pecados en mi triste vida merecían aquella maldición, ver la verdad y no poder hablar de ella? ¿De qué era culpable para tener que soportar aquello? ¿Qué clase de agudeza les faltaba a ellos y constituía mi maldición, y me hacía preguntarme por qué había tenido él que nacer? ¿Oh, por qué había tenido que nacer? La verdad la habría matado. Darse cuenta de que su propia vida se la había dado a… La había entregado por una mentira. Eso la habría matado en el acto. Lo intenté. Estuve a punto una o dos veces, una vez en su bod… Pero no tuve valor. Busqué en mi interior y no la encontré. Esa fortaleza que hace falta para hacer lo que uno tiene que hacer, caiga quien caiga. Y ella murió feliz, creyendo en esa mentira.

[PAUSA para que el técnico cambie la bolsa de la ileostomía y la barrera cutánea; examen del estoma; baño parcial con esponja.]

EL PADRE: Oh, pero él lo sabía. Lo sabía. Que detrás de mi máscara yo lo despreciaba. Solamente mi hijo lo sabía. Solamente él me veía. Yo lo escondí de mis seres queridos… Y a qué precio, sacrificando la vida y el amor por la necesidad de esconderles la verdad… Pero solamente él se daba cuenta. No podía escondérselo a aquel ser a quien tanto despreciaba. Aquel ojo tembloroso y protuberante caía sobre mí y leía el odio que yo sentía por la mentira andante que yo había engendrado y criado….

[PAUSA para que el técnico extraiga la bolsa de ileostomía y la barrera cutánea; evacuación de gases digestivos por parte del PADRE; succión mediante catéter de partículas edémicas; dispnea moderada; la enfermera hace un comentario sobre la fatiga y recomienda la interrupción de la visita; el PADRE reprende violentamente a la enfermera, al técnico y a la jefa de planta.]

EL PADRE: Que ella muriera sin conocer mis sentimientos. Sin la unión total que nos habíamos prometido mutuamente ante Dios y la Iglesia y con sus padres y mi madre y mi hermano todos delante. Por amor. Era así, Padre. Nuestro matrimonio era una mentira y ella no lo sabía, nunca supo que yo estaba tan solo. Que yo avanzaba a hurtadillas por nuestra vida en silencio y solo. Mi decisión de ocultárselo. Por amor. Dios sabe cuánto la quería. Aquel silencio. Yo era débil. Horrible, patético, trágico en mi debili… Porque la verdad tendría que haberla atraído hacia mí. Yo habría conseguido mostrarle a ella cómo era él. Su verdadero talento, lo que realmente hacía. No tuve ocasión. Muy pocas posibilidades. Nunca pude hacerlo. Yo era demasiado débil para asumir el hecho de causarle dolor a ella, un dolor que era culpa de él. Ella orbitaba alrededor de él y yo de ella. Mi odio hacia él me debilitó. Llegué a conocerme a mí mismo: soy débil. Deficiente. Mi propia deficiencia me asquea. Un espécimen patético. No tengo agallas.

… Asume la felicidad como algo que se le debe sin importar el… Pronto los tendré aquí, de pie a mi lado. Cogiéndome la mano igual que usted ahora. ¿Qué hora es? ¿Qué hora tiene? Ya está en camino, lo noto. Volverá a mirarme aquí postrado, entre estas dos barras, entubado, incontinente, destrozado, luchando por el mero hecho de respirar, y la inexpresividad intrínseca de su cara seguirá oculta a todas las caras salvo la mía, el entusiasmo de su mirada, de sus dos ojos, al verme así. Y él ni siquiera sabrá que está entusiasmado, es ciego incluso para sí mismo, él mismo cree en su mentira. Esa es la verdadera afrenta. Ese es su coup de théâtre. Que él también permanece engañado, que él también cree que me quiere, cree que me quiere. También lo haré por él. Decirlo. Romperé el embrujo que lo tiene a él atrapado también. Porque es perverso no saber siquiera que uno mismo es perverso, ¿verdad? Salvaré su alma, se podría decir. Tal vez. Ojalá tenga suficientes agallas. Qué veleidad. Ojalá encuentre la fortaleza. ¿No sería eso una liberación? ¿No es esa la promesa, Padre? Es usted quien lo puede saber. ¿Sí? Perdóneme porque yo… Hermana, quiero quedarme en paz. Cerrar el circuito. Soltarlo en medio de la habitación: que sé quién es. Que me da asco y lo desp… Que me repele y lo desprecio y que su nacimiento fue una mancha, algo insoportable. Tal vez sí, sí, levantaré los dos brazos y… Qué broma tan cruel que sea yo el que se está asfixiando aquí, seguro que él ya lo sabía, ya lo debía de saber cuando estaba en aquel cohete que yo pagué sin…

[PAUSA.]

esquiloEL PADRE: Dios mío, Esquilo. La Orestiada. De Esquilo. Su introducción, que leyó rascándose y en traducción. Esquilo, no Sófocles. Patético.

[PAUSA.]

EL PADRE: Las uñas largas en los hombres son asquerosas. Hay que tenerlas siempre cortas y limpias. Ese es mi lema.

[PAUSA para episodio de oftalmorragia; el técnico limpia/drena la órbita dextrocular; cambio de vendajes faciales.]

EL PADRE: Ya la he hecho. Mi confesión. A ustedes, las caritativas Hermanas de la Caridad. No, no el hecho de despreciarlo. Porque si lo conocieran. Si hubieran visto lo que yo he visto lo habrían ahogado con la almohada hace mucho tiempo, créanme. Mi confesión es que la maldita debilidad y el amor mal entendido me van a enviar al cielo sin haber dicho la verdad. La verdad prohibida. Nadie se atreve a decir en voz alta que no se puede decir. Te judice. Si pudiera. ¡Oh, cómo detesto mi falta de fuerza! Si supiera cómo duele… Cómo… Pero no llore. No llore. No por mí. Yo no merezco… ¿Por qué llora? No se atreva a compadecerme. Lo que necesito… No necesito compasión de usted. No es lo que. Ni mucho menos… Deje de hacer eso, no quiero verlo. Pare.

TÚ [cruelmente]: Pero, Padre, soy yo. Soy tu hijo. Somos nosotros, estamos aquí, te queremos mucho.

EL PADRE: Padre, qué bien que esté aquí, porque necesito algo de usted. Padre, escuche. No puede vencer. La maldad. Ahora… Ahora ya ha oído la verdad. Eso está bien. Haga una cosa: ódiele por mí cuando yo ya esté muerto. Se lo suplico. Es la petición de un moribundo. Un servicio pastoral. Por caridad. Porque usted ama la verdad, porque Dios el… Porque lo confieso: no voy a decir nada. Me conozco a mí mismo y ya es demasiado tarde. No puedo. No es más que una fantasía. Porque en estos momentos está en camino, trayendo regalos. Levantará a sus manzanitas para que me vean todo entero. No es más que una ilusión, levantarme igual que Lázaro con vil costra asquerosa para que todos… ¿Dónde está mi campanilla? Se reunirán a mi alrededor y su ojo malo caerá sobre mí en medio de la cháchara servil de su mujer. Llevará a una niña en brazos. La mirada de su ojo encontrará mi mirada y su labio siempre rojo y húmedo se torcerá de forma apenas visible en secreto reconocimiento entre él y yo y luego yo intentaré levantar los brazos y romper el embrujo con mi último aliento, para derrocarlo, desenmascararlo, para revocar el viejo embrujo que él usó para que ella me hiciera mantenerlo erguido. Padre, judicat orbis. Nunca antes he suplicado. Me pongo de rodillas… No me abandone. Se lo suplico. Despréciele por mí. En mi nombre. Prométame que lo hará. Tiene que sobrevivir. Soy débil lleve mi carga salve a su sirviente te judice porque tuyo es el… No…

[PAUSA para episodio de dispnea grave; esterilización y anestesia parcial de órbita dextral; llamada en clave al médico.]

EL PADRE: No me olvide. Sea mi campanilla. Yo no me la mereciiía. No quiero morir con este silencio atroz. Este vacío cargado y embarazoso que me rodea. Ese agujero húmedo y viscoso detrás del ojo. Ese ojo terrible inminente. Ese silencio.

 

 

Del capítulo ENTREVISTAS BREVES CON HOMBRES REPULSIVOS.

 

E. B. n.º 20, XII-1996

NEW HAVEN, CONNECTICUT

...

P.

- Pero tal vez resultara menos increíble teniendo en cuenta el tipo al que pertenecía, porque era de esas a las que llaman Masticadoras de Avena, o poshippies, o creyentes New Age, lo que sea; en la universidad, que es donde uno se expone por primera vez a las taxonomías sociales, las llamábamos Masticadoras de Avena o simplemente Masticadoras, término que comprende las arquetípicas sandalias, la ropa de fibra sin tratar, la charla extravagante sobre misterios arcanos, la incontinencia emocional, el pelo flamantemente largo, la extrema liberalidad en cuestiones sociales, el apoyo financiero de unos padres a los que detestan, los pies descalzos, las religiones raras de importación, la indiferencia hacia la higiene, un vocabulario empalagoso y vagamente enlatado, todo ese lenguaje predecible poshippie sobre paz y amor que im…

P.

MasticadoraAvena- En un enorme concierto-barraperformance artístico al aire libre en un festival que se celebró en un parque del centro de la ciudad, donde… En fin, me la camelé, así de simple. No voy a intentar representarlo como algo más agradable o más señalado por el destino. Y, a riesgo de parecer mezquino, admitiré que su morfología arquetípica de Masticadora me resultó evidente a primera vista, desde el otro lado del escenario, y dictó los términos del acercamiento y la táctica del ligue e hizo que la cosa fuera criminalmente simple. La mitad de las mujeres… Es una tipología más común de lo que parece entre las chicas con estudios de por aquí. No quieras saber qué clase de festival era ni por qué estábamos allí los tres, créeme. Agarraré el toro político por los cuernos y confesaré que la clasifiqué como objetivo de una noche, y que mi interés por ella se debía casi por completo al hecho de que era guapa. Sexualmente atractiva, sexy. Tenía un cuerpo fenomenal, y eso que llevaba un poncho. Fue su cuerpo el que me atrajo. Su cara era un poco extraña…

… No hay nada particularmente malo en esto, las necesidades psicológicas son así, pero por supuesto tendríamos que recordar que una necesidad profunda de cualquier cosa de los demás nos convierte en presas fáciles. Puedo deducir de tu expresión lo que piensas sobre la honestidad brutal. Lo cierto es que ella tenía un cuerpo que mi cuerpo encontraba sexualmente atractivo y con el que quería tener relaciones sexuales y la realidad es que no era nada más noble o más complicado que eso. Y debería interpolar que ciertamente estaba sacada directamente de la Factoría Central de Masticadores de Avena. Sentía una especie de odio monomaniaco contra la industria maderera americana y era miembro de una de esas religiones medio orientales con muchos apóstrofos en el nombre que yo desafiaría a cualquiera a pronunciarlo correctamente, y también tenía una fe muy fuerte en el valor supremo de las vitaminas y los minerales en suspensión coloidal en lugar de en forma de tabletas, etcétera. Y luego, cuando yo había conseguido que una cosa condujera estúpidamente a la otra y ella ya estaba en mi apartamento y ya habíamos hecho lo que yo quería hacer y habíamos intercambiado los cumplidos y las frases tranquilizadoras que se suelen decir cuando se está en la cama, ella se puso a parlotear sobre la perspectiva que tenía su oscura religión oriental de los campos de energía, las almas y las conexiones que se podían establecer entre almas mediante lo que ella definía todo el tiempo como concentración, y a usar la palabra, bueno, esa palabra que empieza por A varias veces sin ninguna ironía e incluso sin conciencia aparente de que esa palabra ha quedado completamente trillada por culpa de su excesivo uso táctico y ahora requiere ir entre comillas invisibles como mínimo, y supongo que debería decirte que ya desde el principio yo estaba planeando darle mi número telefónico especial falso cuando intercambiáramos nuestros números de teléfono por la mañana, algo que solo una minoría extremadamente reducida y cínica quiere hacer siempre…

… Fue la lucha crucial de toda su vida espiritual, me contó, con el terror perfectamente comprensible bajo las circunstancias y el odio que sentía por aquel delincuente sexual amenazando con diluir su concentración y romper la conexión. Y al mismo tiempo los efectos de la concentración en la cara del psicópata eran cada vez más obvios: cuando ella fue capaz de mantener la concentración, penetrar en el interior de él y mantener la conexión espiritual, el mulato al volante fue dejando gradualmente de despotricar y guardó un silencio tenso, como si estuviera preocupado, su perfil derecho se tensó y se puso hipertónicamente tirante y su ojo derecho vidrioso se llenó de ansiedad y de conflicto al sentir los inicios todavía frágiles del tipo de conexión con otra alma que siempre había deseado de forma obvia en las profundidades de su psique.

P.

- Pues que todo el mundo sabe que una de las razones principales por las que el prototípico asesino sexual viola y mata es porque percibe la violación y el asesinato como su único medio viable de establecer alguna clase de conexión significativa con su víctima. Que se trata de una necesidad básica humana. Me refiero a alguna clase de conexión, por supuesto. Pero también es temible y desemboca fácilmente en el delirio y la psicosis. Es su manera retorcida de tener una, entre comillas, relación. Las relaciones convencionales le aterran. Pero con una víctima a la que viola, tortura y mata, el psicópata sexual es capaz de forjar una especie de, entre comillas, conexión a través de su capacidad de hacerle sentir un miedo y un dolor intensos, mientras que su sensación exultante de control divino total sobre ella -sobre lo que ella siente, sobre el hecho de que respire y viva-, esto le permite cierto margen de seguridad en sus relaciones.

P.

- Simplemente que esto es lo que al principio resultó en cierta forma ingenioso en su estrategia: que se dirigía al núcleo de debilidad del psicópata, a su grotesca timidez, por llamarla de algún modo, al terror a que toda conexión convencional y al descubierto con otro ser humano fuera a amenazarlo con englobarlo y/o anularlo, en otras palabras, a que él se fuera a convertir en la víctima…

… Ya sé que no te estoy contando nada que no hayas decidido ya que sabes. Se te nota en esa sonrisita hipócrita. No eres la única persona que sabe leer en los demás, ¿sabes? Estás pensando que este tío es un tonto porque se cree que le ha tomado el pelo a una mujer. Como si hubiera logrado algo con eso. He aquí al típico satirosauro heterosapiens sibarita masculino, del tipo que todas esas menstruales quemadoras de sostenes de pelo corto pueden reconocer a un kilómetro de distancia. Qué patético. Es un depredador, piensas tú, y él también cree que es un depredador, pero es él el que está realmente asustado, es él el que está corriendo.

P.

- Te estoy invitando a que consideres que la parte psicótica no se encuentra en la motivación. La permutación es simplemente el acto psicótico de sustituir la violación, el asesinato y el terror desquiciante por hacer el amor de forma exquisita y dar un número falso cuya falsedad no sea evidente de una forma tan inmediata que vaya a herir de forma innecesaria los sentimientos de alguien y causarle dolor.

P.

- Y te comunico que estoy bastante familiarizado con el tipo de persona que se esconde detrás de esas expresiones insulsas que usas y esas preguntitas cínicas. Sé lo que es un excurso y sé lo que es la mordacidad. No te creas que me estás haciendo admitir a la fuerza cosas sin que me dé cuenta. Simplemente considera la posibilidad de que yo entienda más cosas de las que crees. Pero si quieres tomarte otra, no tengo problemas en invitarte.

P.

- Muy bien. Lo explicaré otra vez, más despacio. Que matar literalmente en lugar de limitarse a salir corriendo es la forma psicóticamente literal que tiene el psicópata de resolver el conflicto entre su necesidad de conexión emocional y el terror que siente a estar conectado de alguna forma. Especialmente, sí, con una mujer, a quienes la gran mayoría de los psicópatas sexuales odian y temen, a menudo debido a relaciones malsanas que tuvieron con sus madres cuando eran niños. El asesino psicótico sexual está por tanto a menudo, entre comillas, matando simbólicamente a la madre, a quien teme y odia pero a quien por supuesto no puede matar literalmente porque sigue enredado en la creencia infantil de que sin el amor de su madre se moriría. La relación del psicópata con ella es tanto de odio y terror como de necesidad desesperada. Este conflicto le resulta insoportable y por tanto debe resolverlo simbólicamente mediante crímenes sexuales psicóticos.

P.

- Su forma de hablar tenía poca o ninguna… Parecía contarme simplemente lo que le había pasado sin hacer ningún comentario al respecto ni mostrar reacción alguna. Aunque tampoco se mostraba distante ni monótona. Mostraba cierta insin… cierta ecuanimidad, una especie de ensimismamiento o de tosquedad que me pareció entonces, y me sigue pareciendo, una especie de concentración intensa. Ya me había dado cuenta de ello en el parque cuando la vi por primera vez y fui a agacharme a su lado, dado que un grado elevado de atención y concentración carentes de afectación no son exactamente elementos habituales en una preciosa Masticadora de Avena sentada sobre una manta de lana frente…

P.

- Bueno, yo no lo consideraría en absoluto esotérico, ¿no? Porque está en boca de todos, todo el mundo en la cultura popular de hoy día conoce la conexión de la infancia con los delitos sexuales en la vida adulta. Pon las noticias, por Dios. No hace falta ser precisamente un Von Braun para relacionar los problemas para conectar con las mujeres con los problemas en la relación infantil con la madre. Todo el mundo lo sabe.

P.

cuttlass- Que fue una lucha titánica, me contó, estar allí en el Cutlass internándose cada vez más en la zona solitaria, porque siempre que se dejaba vencer un momento por el terror o que por alguna razón perdía su intensa concentración sobre el mulato, aunque fuera un instante, el efecto sobre su conexión era obvio: el perfil del psicópata se relajaba, su sonrisa reaparecía y su ojo derecho se volvía de nuevo vidrioso a medida que se recrudecía y empezaba a canturrear de nuevo psicóticamente sobre los instrumentos que llevaba en el maletero y lo que le tenía reservado en cuanto encontrara el lugar solitario ideal, y ella notaba que siempre que flaqueaba su conexión espiritual él volvía automáticamente a resolver sus conflictos conectivos de la única forma que sabía. Y la recuerdo con claridad a ella diciendo que para entonces, siempre que sucumbía y perdía concentración durante un momento y el ojo y el rostro de él recuperaban aquel regocijo psicótico terrorífico y carente de conflictos, a ella le sorprendía no encontrar en su interior un terror paralizante por sí misma, sino una tristeza casi desgarradora por él, por aquel mulato psicótico. Y diré también que fue más o menos en este momento de la historia, estando todavía desnudos en la cama, cuando empecé a admitir para mis adentros que no se trataba únicamente de una notable anécdota poscoital, sino que se trataba más bien, en cierta forma, de una mujer notable, y me sentí un poco triste y melancólico por no haber notado aquella cualidad cuando por primera vez me sentí atraído por ella en el parque. Para entonces el mulato por fin divisó un lugar que se ajustaba a sus criterios y aparcó con un chirrido de las ruedas sobre la gravilla en el arcén de la carretera en la zona solitaria y le pidió, por lo visto con un tono un tanto apologético o ambivalente, que saliera del Cutlass, se tumbara boca abajo en el suelo y juntara las manos detrás de la cabeza en esa posición que caracteriza tanto a las detenciones policiales como a las ejecuciones en el mundo del hampa, una posición de sobras conocida y sin duda elegida por sus asociaciones y encaminada a enfatizar tanto las ideas de custodia punitiva como de muerte violenta. Ella no perdió la entereza ni suplicó . Hacía rato que había decidido que no tenía que ceder a la tentación de suplicar, rogar por su vida, protestar ni hacer nada que diera la impresión de que se estaba resistiendo. Decidió jugárselo todo a aquellas creencias aparentemente chifladas en la conexión, la nobleza y la compasión como componentes más fundamentales y primarios del alma que la psicosis y la maldad. Creo que estas creencias parecen menos enlatadas o insulsas cuando polemoniosalguien parece dispuesto a arriesgar la vida por ellas. Mientras tanto, él le ordenó que se tumbara cabeza abajo sobre la grava del arcén mientras iba al maletero a rebuscar en su colección de instrumentos de tortura. Ella me dijo que para entonces pudo sentir con gran claridad que los poderes conectivos de su concentración ultraafilada estaban siendo asistidos por fuerzas espirituales mucho más poderosas que la suya propia, porque aunque se encontraba tumbada boca abajo, tenía la cara y los ojos entre los tréboles y polemonios que crecían en la grava junto al coche y los ojos fuertemente cerrados, sintió que la conexión espiritual entre ella y el mulato no solo resistía sino que se reforzaba y percibió el conflicto y la desorientación en los pasos del delincuente sexual mientras este se dirigía al maletero del Cutlass. Estaba experimentando una nueva variante más profunda de la concentración. Yo la escuchaba con gran atención. No era suspense. Allí tumbada, indefensa y espiritualmente conectada, me dijo que sus sentidos experimentaron esa agudeza casi insoportable que asociamos con las drogas o los estados meditativos extremos. Ella podía distinguir el aroma a lilas y a sorgo de los polemonios y los cenizos, el olor a menta y agua de los primeros brotes de trébol. Llevaba un leotardo debajo de una falda con peto sin cintura y en la muñeca un montón de pulseras de cobre con baño de oro. Podía diferenciar el olor de la grava que tenía en la cara del verdor frío y húmedo de la tierra fresca que había debajo de aquella y distinguir la forma de cada pieza de grava que se le clavaba en la cara y en sus pechos enormes a través del peto, notaba el ángulo del sol en la parte superior de la espalda y las volutas de la brisa intermitente que soplaba de izquierda a derecha y acariciaba la delgada película de sudor que tenía en el cuello. En otras palabras, experimentaba lo que se dice una acentuación casi alucinatoria del detalle, de la misma forma que en algunas pesadillas recuerdas los detalles precisos de cada hoja de hierba del jardín de tu padre el día que tu madre lo abandonó y te llevó a vivir a casa de su hermana. Por lo visto muchas de aquellas pulseras baratas habían sido regalos. Ella oía el tintineo persistente del sistema de refrigeración del automóvil y el zumbido de las abejas y los moscardones azules y a las chicharras cantando en los árboles lejanos, unos árboles Meat hookacariciados por las mismas volutas de brisa que acariciaban su espalda, y los pájaros -imagínate la tentación de desesperarse ante el canto de los pájaros y los insectos volando libres a unos metros del sitio donde uno yace con las extremidades inmovilizadas-, y los pasos tentativos y la respiración en medio del ruido metálico de los instrumentos cuyas formas podía imaginarse a partir del ruido que hacían al chocar entre ellas cuando eran removidas por aquellas manos perturbadas. El algodón de su falda con peto era ese algodón sin refinar tan fino que parece gasa.

P.

- Es un gancho de carnicero. Sirve para colgar a los animales por las patas traseras para que se desangren. Viene de la palabra hindú que significa «pierna». En ningún momento se le ocurrió levantarse y salir corriendo. Algunos psicópatas les cortan a sus víctimas los tendones de Aquiles para lisiarlos y evitar que salgan corriendo, pero quizá este notó que con ella no le haría falta, que no se iba a resistir, ni siquiera intentaba resistirse, sino que estaba usando toda su energía y su concentración para mantener la sensación de conexión con la desesperación turbulenta de él. Ella me dijo que en aquellos momentos sentía terror, pero no el de ella. Ella oyó finalmente que el mulato sacaba una especie de machete del maletero, luego una breve serie de pasos tambaleantes mientras el psicópata intentaba rodear el coche y llegar a donde ella estaba tumbada boca abajo, y por fin un jadeo y un patinazo de lado mientras él caía de rodillas en la gravilla junto al coche y empezaba a vomitar. A vomitar. Imagínate. Que fuera él el que estaba vomitando de terror en aquellos momentos. Ella me contó que en aquellos instantes algo la estaba ayudando a mantenerse totalmente concentrada. Que para entonces se había convertido en la encarnación de la misma idea de concentración, se había fusionado con la misma idea de la conexión espiritual. Su voz en la oscuridad carecía de inflexiones pero no era monótona: era natural de la misma forma que una campana es natural. Era como si volviera a estar allí junto a la carretera. Una especie de visión nocturna. Y en su estado alterado de percepción intensificada a todo cuanto la rodeaba me contó que pudo distinguir que el trébol tiene un olor vago a menta mientras que los polemonios huelen a heno segado y también sintió que ella, el trébol, los polemonios y la tierra fresca y húmeda que había bajo todos ellos e incluso los contenidos de su estómago estaban todos hechos de la misma cosa y conectados por algo más profundo y elemental que lo que de forma tan limitada llamamos, entre comillas, amor, algo que desde su perspectiva retrospectiva ella llamaba conexión, y que pudo sentir que el psicópata notaba que esto era verdad al mismo tiempo que ella y que podía sentir el terror repentino y los conflictos infantiles que aquel sentimiento de conexión suscitaba en su alma y volvió a afirmar sin ningún dramatismo ni afectación que ella también sentía aquel terror, que no era de ella sino de él. Y que cuando llegó hasta ella con el machete y un cuchillo de samekhcaza en el cinturón y también con una especie de dibujo o jeroglífico ritual parecido a la letra hebrea samekh o a la letra griega ómicron trazada en su frente tenebrosa con la sangre o la pintura de labios de una víctima anterior y la puso boca arriba en posición propicia para una violación sobre la gravilla, el mulato estaba llorando, mordiéndose el labio superior como un niño asustado y soltando gemiditos desolados. Y que ella mantuvo la mirada fija en él mientras le levantaba el poncho y la falda como de gasa y le cortaba el leotardo y la ropa interior, e imagínate cómo debió de ser para ella teniendo en cuenta aquella especie de nitidez sensorial surreal que ella estaba experimentando como resultado de su estado de concentración total, el hecho de ser violada sobre la gravilla por un psicópata lloroso mientras el mango de su cuchillo se le clavaba con cada acometida, con el ruido de las abejas y de los pájaros de la pradera y el susurro lejano de la autopista y el machete repiqueteando con un ruido monótono sobre las piedras con cada acometida, y ella me aseguró que no le supuso ningún esfuerzo ni ninguna fuerza de voluntad abrazarlo mientras él lloraba y farfullaba y la violaba, y que le estuvo acariciando la nuca y susurrándole monosílabos consoladores y canturreándole una cantinela maternal. Para entonces me di cuenta de que, aunque yo estaba completamente concentrado en su historia y en la violación junto a la carretera, mi propia mente y mis emociones también estaban revoloteando y llevando a cabo conexiones y asociaciones, por ejemplo me pareció que la conducta de ella durante la violación fue un modo no intencionado pero tácticamente ingenioso de evitarla, la violación, o de transformarla, de hacer que trascendiera su naturaleza de violación o ataque repulsivo, porque si una mujer cuando un violador va y la monta salvajemente elige por alguna razón entregarse, de forma sincera y compasiva, entonces no puede ser asaltada ni violada, ¿no? Y gracias a algún
juego de manos psicológico, ella ahora se estaba entregando en lugar de, entre comillas, estar siendo tomada por la fuerza, y de esa forma ingeniosa, sin resistirse de ninguna forma, le había negado al violador la capacidad de dominarla y de tomarla. Y, a juzgar por tu expresión, no, no estoy sugiriendo que aquello significara que ella estuviera buscándose nada ni que hubiera decidido que, entre comillas, le gustaba, y no, aquello tampoco comportaba que la violación ya no fuera un crimen. Ni tampoco era que ella estuviera empleando la aquiescencia o la compasión como tácticas para despojar a la violación de su fuerza de ataque, ni tampoco digo que la concentración y la conexión espiritual fueran tácticas que ella usaba para promover en él el conflicto y el dolor y el dolor gimoteante, de forma que en un punto cualquiera de aquella violación transfigurada y sensorialmente agudizada ella se diera cuenta de todo esto, viera los efectos que su concentración y sus increíbles logros a nivel de compasión y de conexión espiritual estaban teniendo en la psicosis y el alma de él y del miedo que le estaban causando, sino que todo se volvió complejo: su intención solamente había sido lograr que a él le resultara difícil matarla y romper la conexión espiritual, no provocarle dolor, de forma que cuando su concentración compasiva ya no comprendió solo su alma sino también el efecto de la propia concentración compasiva sobre esa alma, todo se dividió y se volvió doblemente complejo, un elemento de autorreflexión se había introducido SicopataLloray se había convertido en un objeto de concentración en sí mismo, como una especie de difracción o regresión a la autorreflexión y a la conciencia de la autorreflexión. Ella no habló de esta división o regresión más que en términos emocionales. Pero estaba teniendo lugar la división. Y yo estaba experimentando lo mismo, mientras escuchaba. En cierto nivel mi atención estaba intensamente concentrada en su voz y su relato. Pero en otro nivel yo… era como si mi mente estuviera en pleno mercadillo. No paraba de venirme a la cabeza un chiste muy malo que hacíamos durante un trabajo sobre religión que tuvimos que llevar a cabo en la licenciatura: un místico se acerca a un tenderete de perritos calientes y le dice al vendedor que le haga uno con todo. No era el tipo de distracción que uno experimenta cuando está escuchando y al mismo tiempo no escuchando. Yo estaba prestando atención tanto emocional como intelectualmente. Yo…

… Del mismo modo, estoy viendo que ahora te estás formando opiniones basadas en el principio de las cosas que te estoy explicando que te impiden oír el resto de lo que te intento explicar. Gracias a la influencia de ella esto hace sentirme triste por ti en lugar de cabreado. Y todo aquello estaba pasando de forma simultánea. Me fui sintiendo cada vez más triste. Me fumé mi primer cigarrillo en dos años. La luz de la luna ya no la iluminaba a ella sino a mí, pero yo todavía podía ver su perfil. Un círculo de fluido del tamaño de un platillo se había formado sobre la sábana y se había secado. Eres la clase de oyente para la que los retóricos inventaron el Exordio. Desde debajo de él en la gravilla ella sometió al mulato psicótico a la notoria Mirada Femenina. Y ella describió la expresión facial de él durante la violación como la cosa más conmovedora del mundo. Me contó que no había sido tanto una expresión como una especie de antiexpresión, vacía de todo, mientras de forma no premeditada ella le desproveía de la única manera que él conocía para conectar con otras personas. Sus ojos eran agujeros practicados en el mundo. Ella se sintió prácticamente desconsolada, me dijo, cuando se dio cuenta de que su concentración y su conexión estaban infligiéndole más dolor al psicópata del que él podría haberle infligido nunca a ella. Así es como describió ella la división: un agujero practicado en el mundo. En la oscuridad de nuestra habitación empecé a sentir una tristeza y un miedo terribles. Me sentí como si hubiera habido mucha más emoción genuina y conexión en aquella antiviolación que ella había sufrido que en ninguno de los amoríos que yo me pasaba el tiempo persiguiendo. Estoy seguro de que sabes de qué te estoy hablando. Ahora estamos en tu Tierra Firme. Es el arquetípico síndrome masculino. Eric Arrastra A Sarah Al Tipi Por El Pelo. La notoria operación de contrapposto c skeesPrivilegiar al Sujeto. No creas que no sé hablar tu idioma. Ella terminó de hablar en la oscuridad y para entonces ya solamente podía verla bien en mi memoria. La notoria Mirada Masculina. Ella estaba sentada en la postura protofemenina del contrapposto con una cadera sobre aquella manta nicaragüense que despedía un fuerte olor a lana sin refinar y con sus piernas, que, créeme, por favor, eran sobrecogedoras, dobladas a un lado de forma que todo su peso se apoyaba en un brazo mientras con la otra mano sostenía la manzana… ¿la estoy describiendo bien?, ¿eres capaz de?... … la falda de toile, el pelo que casi le caía sobre la manta, el color verde oscuro de la manta con filigranas amarillas y una especie de fleco nauseabundo de color púrpura, camiseta de lino y chaleco de gamuza falsa, las sandalias en su bolsa de ratán, los pies descalzos con las plantas fenomenalmente sucias, una suciedad increíble, con las uñas como las uñas de las manos de un jornalero. Imagínate ser capaz de consolar a alguien que está llorando después de haber hecho lo que te ha hecho y tú le consuelas. ¿Es eso maravilloso o repugnante? ¿Has oído hablar de la couvade? Ella no llevaba perfume, solamente una leve fragancia a jabón sin refinar, como esas pastillas viejas de jabón de color amarillo oscuro para lavar la ropa que tu tía utilizaba para… Me di cuenta de que nunca había querido a nadie. ¿Verdad que es algo muy trillado? ¿Como un cliché que uno ha oído mil veces? ¿Te das cuenta de lo sincero que estoy siendo contigo? ¿Y quién se iba a molestar en hacer kebab solamente con verduras? Tuve que respetar los límites de su manta cuando me acerqué a ella. Uno no puede salir deambulando de la nada y pretender compartir la manta de alguien. Las líneas de demarcación territorial son importantes con ese tipo de mujeres. Me puse en cuclillas con ademán respetuoso justo en el límite de su manta con el peso apoyado en los nudillos de forma que mi corbata colgaba recta entre ella y yo formando una especie de contrapeso. Mientras charlábamos de manera informal y yo estaba desplegando mi táctica de confesión-angustiada-de-mi-verdadera-motivación, miré su rostro y me pareció como si ella ya supiera lo que yo estaba haciendo y por qué me estaba mostrando al mismo tiempo burlón y receptivo, noté que ella sentía una afinidad inmediata entre ambos, un aura de conexión, y es triste recordar mi reacción a su aquiescencia, al hecho de su reacción, me sentí un poco decepcionado porque fuera tan fácil, su facilidad resultó a la vez decepcionante y estimulante, el hecho de que no fuera una de esas chicas imponentes que se creen demasiado guapas para llevar la iniciativa y ven automáticamente a cualquier hombre como un memo libidinoso y suplicante, las frígidas, que requieren tácticas de desgaste en lugar de afinidad fingida, una afinidad que es desoladoramente fácil sentir, te lo aseguro, si uno conoce las tipologías femeninas. Te puedo repetir esto si quieres, si quieres apuntarlo con exactitud. La descripción que hizo ella de la violación, de ciertas cuestiones logísticas que estoy omitiendo, fue larga, detallada y retóricamente inocente. Me sentí cada vez más triste, oyéndola, intentando imaginar lo que ella había sido capaz de lograr, y me sentí cada vez más triste porque a medida que nos alejábamos del parque yo había sentido aquella punzada de decepción, quizá incluso de furia, al desear que ella me lo hubiera puesto más difícil. Que su voluntad y sus deseos se hubieran opuesto un poco más a los míos. Este fenómeno, por cierto, se conoce como el axioma de Werther, según el cual, entre comillas, la intensidad de un deseo D es inversamente proporcional a la facilidad con que D es satisfecho. También se conoce como Romance. Y me sentí cada vez más triste porque ni una sola vez, por lo visto -esto te gustará-, ni una sola vez se me había ocurrido hasta ese momento lo muy superficial que era mi manera de abordar a las mujeres, por entonces. Ni malvada ni depredatoria ni sexista, simplemente superficial. Como mirar sin ver, como comer sin hartarse. No sentir, sino quedarse en la superficie. Y mientras tanto, dentro del relato, ella seguía debajo del psicópata cuyo pene seguía dentro de ella, observando las huellas de sus pulgares mientras él intentaba a su vez acariciar la cabeza de ella, viendo el corte reciente y comprendiendo que era su propia sangre lo que el tipo había usado para hacerse la marca en la frente. Que no era una runa ni un jeroglífico en absoluto, yo lo sabía, sino un simple círculo, el Ur-vacío, el cero, ese axioma del Romance que llamamos matemáticas, lógica en estado puro, en donde uno no es igual a dos y nunca puede serlo. Y el color moka y los rasgos aquilinos del, entre comillas, violador podían muy bien ser brahmánicos en lugar de negroides. En otras palabras, arios. Aquellos y otros detalles ella se los reservó: y no tenía razón para ello, créeme. Y yo EBcHR Ftg2tampoco… No consigo, por mucho que lo intento, recordar si ella se comió el adhesivo con el precio ni lo que pasó con la manzana, si la tiró o qué. Términos como amor, alma o redimir que yo creía que solamente se podían usar entre comillas, clichés gastados. Créeme que puedo entender la tristeza insondable del mulato en aquellos momentos. Yo…

EBcHR Ftg1… Vaya mierda. No lo estoy explicando bien. No puedo hacerte sentir lo que yo sentí. Vas a convertir todo esto en Hombre Narcisista Exige Mirada De La Mujer Durante Clímax, ya lo sé. Pues mira, no me importa decirte que empecé a llorar en el clímax de la anécdota. En silencio, pero lo hice. Ninguno de nosotros estaba fumando ya. Los dos estábamos apoyados en el cabezal de la cama, los dos mirando en la misma dirección, aunque yo recuerdo haber estado dándonos la espalda durante la última parte de la historia, mientras yo lloraba. La memoria es extraña. Recuerdo que ella dijo algo acerca del hecho de que yo estuviera llorando. Me sentía avergonzado: no por llorar, sino por tener tantas ganas de saber qué le parecería a ella, si me hacía parecer caritativo o egoísta. Ella se quedó donde él la había dejado durante el resto del día, tumbada boca arriba sobre la gravilla, llorando, me contó, y dando gracias a sus principios y sus fuerzas religiosas particulares. Pero, por supuesto, tal como estoy seguro de que tú podrías haber predicho, yo estaba llorando por mí mismo. Él dejó el cuchillo y se fue en aquel Cutlass con el silenciador averiado, dejándola allí. Tal vez le dijo que no se moviera ni hiciera nada durante un intervalo determinado. De ser así, sé que ella obedeció. Ella dijo que todavía podía sentirlo en su alma, al mulato: era difícil romper la concentración. Parecía claro desde el inicio de la anécdota que alguien iba a tener que morir. La historia me causó una impresión profunda y sin precedentes que ni siquiera voy a intentar explicarte. Ella dijo que se echó a llorar porque se dio cuenta de que cuando se puso a hacer autostop las fuerzas espirituales de su religión habían guiado al psicópata hasta ella, que él había servido como instrumento para el desarrollo de la fe de ella y de su capacidad para concentrarse y alterar campos de energía por medio de la compasión. Lloró de gratitud, me dijo. El mulato había dejado el cuchillo hundido hasta el mango en el suelo junto a ella, donde lo había clavado, apuñalando por lo visto el suelo varias docenas de veces con una brutalidad desesperada. Ella no dijo ni una palabra acerca del hecho de que yo llorara o de lo que significaba para ella. Yo mostré mucha más emoción que ella. Ella me dijo que había aprendido más sobre el amor aquel día con el delincuente sexual que en ninguna otra etapa de su viaje espiritual. Tomémonos los dos la última y ya está…

… Crees que me estoy contradiciendo. Pero ¿te puedes imaginar cómo me sentí cuando vi sus sandalias al otro lado de la habitación y recordé lo que había pensado de ellas solamente unas horas antes? Yo no paraba de decir su nombre y ella me preguntaba qué y yo volvía a decir su nombre. No tengo miedo de la idea que te puedas formar sobre esto. No me siento avergonzado. Pero si pudieras entender, ¿no podría…? ¿Es que no ves que no podía dejarla que se marchara después de aquello? ¿Por qué sentí aquella tristeza y aquel miedo tan atípicos cuando me la imaginé cogiendo su bolsa y sus sandalias y su manta New Age y se marchó y se echó a reír cuando la agarré por el dobladillo y le supliqué que no se fuera y le dije que la amaba pero ella cerró la puerta suavemente y se fue descalza por el pasillo y nunca la volví a ver? ¿Por qué no me importaba que fuera panoli o no tuviera una inteligencia extraordinaria? Ya no me importaba nada más. Ella tenía toda mi atención. Me había enamorado de ella. Creí que ella me podía salvar. Ya sé cómo suena todo esto, créeme. Conozco a las de tu clase y sé lo que me vas a preguntar. Pregúntalo ahora. Ahora tienes la oportunidad. He dicho que creí que ella me podía salvar. Pregúntamelo ahora. Dilo. Me he desnudado delante de ti. ¡Júzgame, frígida de mierda! ¡Bollera, puta, marimacho, guarra, zorra, callo! ¿Estás contenta ahora? ¿Has confirmado todo lo que creías? Que te diviertas. No me importa. Sé que ella habría podido. Sé que la amé. Fin de la historia.

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