UN BUEN LIBRO PARA LEER:  LA MUJER DE LA ARENA      (1962)                            

     (Sunna no onna)LaMujerDeLaArena

    

     Kôbô Abe      (Japón) 

       Editorial      :  EDICIONES SIRUELA   -  (LIBROS DEL TIEMPO) 

     Traducción del japonés:   Kazuya Sakai

      

 

 

Fragmentos de libros          

 

De la Primera parte

Del capítulo II

… El hombre quedó cautivado por el escarabajo de patas delanteras amarillentas.

Aparentemente, cuando se fijó en el suelo arenoso, su observación no había sido del todo errónea. En realidad, la familia de los escarabajos es representativa de los insectos del desierto. Una teoría dice que su extraña manera de volar es una artimaña para incitar a los pequeños animales a salir de sus escondites. Los ratones y lagartijas caen en el engaño y, una vez que se pierden en el desierto y mueren de hambre y de fatiga, se convierten en alimento de los escarabajos. Estos insectos poseen en japonés el elegante nombre de «portadores de letras» y presentan rasgos graciosos, pero en realidad tienen agudas mandíbulas y son feroces por naturaleza, al punto de comerse entre ellos…

 

EscarabajoArena… Ésta es una definición precisa. En una palabra, la arena proviene de rocas fragmentadas y es algo intermedio entre la arcilla y guijarro. Pero llamarla simplemente una substancia intermedia no ofrece una explicación satisfactoria. ¿Por qué –podemos preguntarnos- se forman desiertos separándose la arena de la tierra en la tanto el guijarro como la arena y la arcilla se encuentran completamente mezcladas? Y si en realidad es una substancia intermedia, la acción erosiva del viento o del agua debería necesariamente haber producido una interminable cantidad de otras formas intermedias que oscilaran entre la roca y la arcilla. No obstante, solo estas tres formas se pueden distinguir claramente una de otra. Más aún, parece extraño que la arena sea arena donde se halle, y que no exista diferencia considerable entre el tamaño de los granos, así provengan de la playa de Enoshima o del desierto de Gobi: todos siguen una curva gaussiana de distribución de aproximadamente 1/8 mm….

… Aquí se podría agregar esta parte a la primera definición: «…una partícula de rocas fragmentadas de tales dimensiones que se presta a ser movida por el fluido».

Desde el momento que hay vientos y corrientes de agua sobre la tierra, resulta inevitable la formación de la arena. Mientras los vientos soplen, los ríos corran y los mares de agiten, nacerá grano a grano la arena sobre la tierra, y como un ser viviente, se esparcirá por doquier. La arena nunca descansa. Silenciosa pero certeramente, invade y destruye la superficie del planeta…

… Es cierto que la arena no es apta para la vida. No obstante, ¿es acaso indispensable la condición inmóvil para la existencia? ¿No es porque uno trata de aferrarse a una determinada condición por lo que surge esa desagradable competencia entre los hombres? ¿Si uno abandonara esa posición fija para dejarse arrastrar por el movimiento de la arena, con seguridad la competencia cesaría…

 ArenaMovEsquema  

De la Segunda parte

Del capítulo XII

- ¡Puede salir a caminar al menos!

- ¿Caminar?

- Sí, dar un paseo. ¿No es motivo suficiente?... Quiero decir, antes de que yo llegara, ¿no salía a caminar por simples ganas de hacerlo?

- Si, pero lo único que se consigue saliendo a caminar sin propósito es cansarse…

- ¡No estoy bromeando! Pregúntese a usted misma. No es posible que no no lo entienda… ¡Hasta un perro enloquece si lo dejan encerrado en una jaula!

- Sí, he caminado… -empezó a hablar con una voz monótona, apagada-. Ya lo creo que me hicieron caminar… Hasta que vine aquí… Solía andar mucho tiempo con el niño a cuestas. Me cansé a morir de caminar….

El hombre se sorprendió. ¡Qué manera de hablar más extraña! No supo que contestar.

Recordaba cómo unos diez años antes, cuando solo quedaban ruinas de la guerra, todos anhelaban la libertad de no seguir caminando. Y ahora, pensó, ¿será que nos hemos cansado de la libertad de dejar de caminar? ¿Acaso él mismo no se había dejado seducir por esta arena, cansado ya de juegos caprichosos?... Arena… La continua corriente granulada de 1/8 mm… Era una autorretrato al revés, como en negativo, atado a esa libertad de no tener que caminar más….

 

Del capítulo XIII

Se derretía como cera. El sudor le tapaba los poros. Con el reloj parado, no podía tener la certeza de la hora, pero era posible que allá afuera, sobre el agujero, estuvieran aún en pleno día, aunque allí en el fondo, veinte metros más abajo, fuera ya el atardecer.

La mujer seguía durmiendo profundamente; debía estar soñando, a juzgar por los breves movimientos nerviosos de sus manos y pies. No había motivo para sobresaltar su sueño ahora; el mismo había dormido lo suficiente.

Se puso de pie y dejó que su piel se ventilara. La toalla que cubría su rostro debió haber caído mientras dormía, pues tenía una cantidad considerable de arena detrás de las orejas, alrededor de la nariz, y en las comisuras de los labios. Se puso unas gotas en los ojos; cada vez que lo hacía los cubría con una toalla; luego de repetir la operación varias veces estuvo en condiciones de abrirlos normalmente. Pero las gotas se acabarían en dos o tres días. Era otra razón para decidirse a poner rápido fin a esta situación. Sentía el cuerpo pesado, como si estuviera en un lecho imantado y vestido con un traje de hierro. Se esforzó por enfocar la vista, y a la débil luz que entraba por la puerta, apenas distinguió los caracteres impresos en el diario, como patas de moscas muertas…

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Es decir, suponiendo que de alguna manera pudiera soportarlo. Apenas la helada luz azul se divisaba desde el borde del pozo, todas las cosas se volvían del revés, y empezaba la lucha contra ese sueño que lo absorbía igual que una esponja absorbe el agua. Mientras este círculo vicioso no se rompiera por alguna parte, no solo su reloj sino el tiempo mismo sería inmovilizado por los granos de arena.

El diario decía las mismas cosas de siempre. No era posible encontrar indicios de que se hubiera producido en su vida una semana en blanco. Si el diario era la ventana del mundo exterior, debía tener el vidrio ahumado.

«Soborno en los impuestos cooperativos: alcanza a los funcionarios municipales»… «Piden que se instalen ciudad descolares en los centros industriales»… «El Gremio Central de los Trabajadores pronto dará a conocer su opinión sobre las huelgas»… «Madre estrangula a sus dos niños y luego se envenena» … … «Nuevo tumulto en Sudáfrica: 280 muertos y heridos»… «Escuela de ladrones para hombre y mujeres: no se paga colegiatura y se recibe diploma al pasar a la prueba final».

Ningún asunto importante. Una torre de quimera construida con ladrillos ilusorios y llenos de agujeros. Pero si la vida estuviera hecha solo de cosas importante, sería una frágil caja de cristal, que no se podría siquiera tocar al descuido… Pero vida cotidiana es exactamente como los titules de los diarios… Por eso mismo es que todos, conociendo la insignificancia de la vida, establecen como centro del compás su propia casa.

De repente, se detuvo en un artículo inesperado.

«Alrededor de las ocho de la mañana… el Sr. Tsutomu Tashiro, veintiocho años, conductor del volquete… resultó gravemente herido al ser aplastado por una avalancha de arena; fue conducido a un hospital cercano, donde falleció poco después. De acuerdo con las investigaciones… el accidente se habría producido al retirar una cantidad excesiva de arena de la base de una montaña de unos 10 metros de altura.»

¡Ajá!... ¡Con que este artículo era su mira! Los aldeanos no habían respondido desinteresadamente a su solicitud; bastaba con ver el trazo de tinta roja que enmarcaba el artículo. Recordó un arma peligros que llaman «cachiporra»… Consiste en una bolsa de cuero rellena de arena, y dicen que su golpe tiene un poder comparable al de una barra de hierro o de plomo… Aunque la arena fluya, no deja de ser diferente al agua… En el agua se puede nadar, pero la arena es capaz de envolver a un hombre y aplastarlo hasta darle muerte.

Dunas

Del capítulo XIX

Es muy cierto que el tiempo no puede galopar como un caballo. Pero tampoco puede ir más lento que un carrito empujado a mano. Rápidamente la temperatura de la mañana llegó a su previsible intensidad, haciendo hervir los seos, los globos de los ojos, tostando los intestinos y quemando los pulmones.

La humedad que la arena absorbiera por la noche se convertía en vapor y era exhalada de nuevo hacía la atmósfera… La refracción de la luz solar daba a la arena un brillo semejante al del asfalto mojado… Sin embargo, la arena sigue siendo esencialmente la mis inalterada partícula de 1/8 mm., más seca que la harina tostada en hojalata.

Pronto se produjo el primer derrumbe de arena. era un ruido al que se había acostumbrado y formaba parte de su rutina diaria…

… Hurgó a bastante profundidad, sin encontrar ninguna resistencia; tal vez era a causa del derrumbe. Los rayos directos del sol pronto se volvieron intolerables. Las pupilas se le estrujaron… Su estómago empezó a bailar como una medusa… Un dolor violento taladraba su frente… No, ya no debía transpirar más… Había llegado al límite. ¿Dónde habré dejado la pala?... La llevé pensando defenderme con ella… Sí, entonces debe estar allí…. Siguiendo al ras del suelo, vio de pronto una zona con la forma de una pala.

Iba a escupir; pero se contuvo a tiempo. Debía retener cualquier cosa que encerrara algo de humedad; separó la arena mezclada en la saliva poniéndola entre los dientes y los labios, y con las puntas de los dedos sacó solo esa porción atascada entre los dientes… 


ReflejoMujerEnLaArena

… La garganta de la mujer se hinchó al tratar de tragar saliva. El sexo del hombre sintió que ésa era la señal para actual, pero la voz ronca de la mujer, lo interrumpió.

- Las mujeres de la ciudad… son bonitas, ¿verdad?

«¿Las mujeres de la ciudad?»… Súbitamente, se avergonzó… La fiebre de su miembro erecto se fue aplacando… Parecía que el peligro había desaparecido sin mayores problemas… No sabía que la influencia del melodrama pudiera sobrevenir aun en este páramo arenoso. En su mayoría, las mujeres parecen estar convencidas de que, cada vez que abren los muslos, tienen que usar el marco del melodrama para lograr que el hombre reconozca su valor. Pero en realidad, esta patética e inocente ilusión convierte a las mujeres en víctimas de la violación espiritual, unilateral…

 

Del capítulo XX

… El sudor empapó esa arena, y nuevamente otra capa de arena lo iba cubriendo. Temblaron los hombros de la mujer, y el sintió un tremendo calor, como agua hirviente a punto de volcarse. No podía entender esa terrible atracción de los muslos de la mujer… Quería arrancarse los nervios de su cuerpo, y uno por uno enroscarlos en esos muslos… Pensó que así sería el apetito de los animales carnívoros: vil, voraz, como un resorte listo para saltar… Se trataba de algo que no había experimentado con aquella. Sobre aquella cama, con la otra, se sentían un hombre y una mujer… Un hombre y una mujer que están viendo; un hombre mirándose a sí mismo en el momento de la experiencia y una mujer mirándose a sí misma en el momento de la experiencia… Una mujer viendo a un hombre que se mira a sí mismo y un hombre que mira a una mujer que también se observa a sí misma… Todo esto reflejado en espejos encontrados… La conciencia infinita del acto sexual… Afortunadamente el deseo sexual, con su historia de cientos de millones de años a partir de la ameba, no se va a extinguir tan fácilmente. Pero lo que necesitaba ahora, se dijo, era una pasión feroz, una excitación que hiciera clavar sus nervios entre los muslos de la mujer.

La avalancha cesó; y como si hubieran esperado esa señal, el hombre ayudó a la mujer a quitarse la arena del cuerpo. Ella lanzó una risa ronca. A medida que las manos del hombre iban pasando de los senos a las axilas, y de ahí hacia la cadera, para continuar más allá, los gestos se hacían más intensos y prolijos; los dedos de la mujer, en torno al cuello del hombre, se fueron crispando, hasta que ella lazó un gemido de sorpresa.

Cuando fue el turno de la mujer, el hombre cerró lo ojos y esperó, pasando su mano sobre el duro y áspero cabello femenino.

Un espasmo, luego otro…, la misma, invariable repetición, a la que se había consagrado soñando con otra cosa…, comer, caminar, dormir, tener hipo, gritar, copular…


SunnaNoOnna

Del capítulo XXI

Las convulsiones de la humanidad siguen acumulando capas interminables de fósiles… Ni los dientes de los dinosaurios ni los glaciares tenían el poder de contener el impulso reproductor con sus gritos y éxtasis. Finalmente, una blanca luz de bengala estremeció su agitado cuerpo… Un enjambre de meteoros se esparció, penetrando en la oscuridad sin límites… Estrellas herrumbrosas de color naranja… Un coro alcalino…

El resplandor se arrastró y por fin desapareció… Las manos de la mujer, palmeándole las nalgas para excitarlo, de nada servían ya. Sus nervios, que se habían desplazado al encuentro de la ingle de la mujer; se habían consumido como un rábano congelado por la escarcha, paralizando su miembro aprisionado. Ella siguió presionando con sus caderas tratando de aferrar al hombre, hasta que también acabó exhausta, satisfecha, sin aliento.

Un trapo viejo que se pudría tristemente detrás de una cómoda…, una avenida frente al velódromo, por donde solía regresar cubierto con el polvo de arrepentimiento.

Después de todo, nada había comenzado, nada había terminado. Como si no fuera él quien había satisfecho sus deseos, sino alguien totalmente ajeno que había tomado prestado su cuerpo; el sexo, por su naturaleza, no se definí en cada cuerpo sino según las especies. EL individuo, terminada su tarea, debe volver de inmediato a su situación anterior. Solo los fieles regresan a la satisfacción… Los tristes vuelven a la desesperación… Los que estaban muriendo, a su lecho de muerte… En verdad, no entendía como una farsa semejante llegaba a considerarse amor desenfrenado… ¿Y en esta gran pasión había algo mejor que la comunicación de los sexos? Si fuera así, más valdría ser un asceta de vidrio…

 

Del capítulo XXIII

… Los pozos de los esclavos se encontraban en hilera a la izquierda del camino. Los senderos hechos por los portadores de cestos se ramificaban aquí y allá, y más lejos había sacos gastados enterrados en la arena, indicando el lugar de los pozos… Un paisaje que de solo mirarlo resultaba doloroso. En algunos sitios no se veían escaleras de soga enrolladas en los sacos, pero había más lugares con escalera que sin ella. ¿Significaba eso que tantos aldeanos habían perdido todo deseo de huir?

No le era incomprensible una vida así. Había cocinas, fogones encendidos, había cajones de manzanas en lugar de escritorios, con libros de texto encima; había cocinas, había fogones hundidos, había lámparas, lumbre en el fogón, y había puertas corredizas de papel rotas; había techos negros de hollín, relojes que funcionaban y relojes parados; había radios encendidas y radios rotas; había cocinas con el fuego encendido… Y en medio de todo eso había monedas de cien yens, animales domésticos, niños, sexo, pagarés, adulterios, incensarios, fotografías de recuerdo, y… Y así una repetición aterradora… Y ésta era la repetición indispensable de la vida, igual que los latidos del corazón; pero también es cierto que los latidos del corazón no son todo lo que hay en esta vida.

Corvo¡Al suelo, rápido! No, no era nada; solo un cuervo… Lástima no poder agarrarlo y disecarlo. Pero esas cosas ya no importaban; el deseo de tatuajes, medallas, condecoraciones, solo aparece cuando se tienen sueños en los que no se cree.

… Se dejó resbalar dentro del hoyo y permaneció así, recostado. Tal vez por estar a resguardo del viento, hasta logró respirar con calma; se sintió aliviado y satisfecho. El perro desapareció tras la polvareda, tambaleándose por las rachas del viento. El que un pero salvaje viviera en un lugar como ése bien podía indicar la proximidad de gente… Mientras el perro no fuera a la oficina de la cooperativa a denunciarlo, podía decir que se encontraba a salvo. Se sentía bien, a pesar del sudor que le empezaba a correr en forma lenta y continua. ¡Qué tranquilidad!... Era como si estuviera encerrado en el fondo de una taza de gelatina… Aun cuando tenía en sus manos una bomba de tiempo ajustada para explotar en el momento fijado, eso no le molestaba más que el sonido del balancín de su reloj despertador… Su amigo Círculo de Móbius habría analizado inmediatamente la situación diciendo:

- Amigo mío, lo que estás haciendo es una manera típica de consolarse convirtiendo los medios en fines.

- Muy cierto –estaba completamente de acuerdo-. Pero me pregunto si en verdad es necesaria una distinción tan precisa entre los medios y los fines… ¿No sería posible emplear las definiciones de acuerdo con las necesidades?...

- No, no, eso no estaría bien. ¿Acaso puedes medir el tiempo verticalmente? Es un hecho reconocido que su transcurso es horizontal.

- ¿Y qué pasa si se intenta aprehenderlo en forma vertical?

- ¡Si lo haces, no eres más que un simple idiota!

El hombre soltó una risita y se quitó los zapatos. En realidad, era de creer que el tiempo transcurría de forma horizontal. No podía soportar la arena y el sudor, que se le habían acumulado en los zapatos; se quitó los calcetines y estiró los dedos para ventilarlos. Pero ¿por qué diablos olerán tan mal las guaridas de los animales?... Bien podrían existir animales que olieran a flores… Un momento, si es el olor de mis propios pies… Al darse cuenta eso, le invadió una extraña sensación de ternura; y, por cierto, no dejaba de sorprenderlo… Recordó que alguien había dicho que nada era tan sabroso como la cera de los oídos de unos mismo; algo más sabroso que los quesos auténticos… Y aun sin llegar a ese extremo, es bien cierto que, por ejemplo, el olor de la muela podrida ejerce una extraña fascinación que incita a continuar oliéndola…

ConCabezaEnLaArena… Hasta ayer, el solo pensar en este paisaje le había dado náuseas. Concluyó con fastidio que los pozos en la arena estaban hechos a la medida de estafadores como el vendedor de postales.

Sin embargo, no existía ninguna razón para imaginar la vida dentro del agujero oponiéndola a la belleza del paisaje; un paisaje hermoso no necesita estar en comunión con el hombre. Su propio punto de vista, que consideraba a la arena como un rechazo del estado estacionario, no era, después de todo, una locura… Un flujo de 1/8 mm…. Un mundo donde la existencia se componía de un sucesión de estados… En otras palabras, la belleza de la arena pertenecía al reino de la muerte. La belleza de la muerte, que lleva en sí un gran poder de destrucción u la magnificencia de las ruinas…

 

Del capítulo XXVI

… Puesto que no tenía nada que hacer, encendió la lámpara; fumaba distraídamente un cigarrillo cuando una araña gorda, pero ágil, empezó a dar vueltas alrededor de la lámpara. Si se tratara de una polilla se comprendería que fuera atraída por la luz, pero resultaba extraño en una araña. Esta a punto de quemarla con el cigarrillo, pero se detuvo: el insecto seguía girando con gran precisión en un radio de quince a veinte centímetros, como la manecilla de un reloj. Pudiera no ser simplemente una araña fototrópica. La estaba observando, a la expectativa, cuando llegó revoloteando una polilla de alas gris oscuro, con antenas blanco y negro. Varias veces, al chocar contra el tubo de la lámpara, proyectó en el techo su enorme sombra; luego se encaramó al asa de metal y se quedó allí inmóvil. A pesar de su aspecto corriente, era una polilla extraña. Al aplicarle el cigarrillo en el pecho, sus centros nerviosos quedaron destruidos; con un golpecito envió al insecto, que se retorcía hacia la araña. En seguida comenzó el drama. La araña saltó al instante adhiriéndose a la víctima, todavía con vida. Luego, arrastrando consigo a su presa, ya inmóvil, empezó a dar vueltas. Parecía relamerse por anticipado ante la idea de succionar a su víctima.

ArañaYPolilla

No sabía que había arañas así. Era muy ingenioso usar la lámpara en lugar de una telaraña. En la telaraña solo cabía una espera pasiva, mientas que usando la lámpara se podía atraer a la presa. Sin embargo, el requisito previo para hacer eficaz el método era procurarse la luz adecuada. Lástima que fuera imposible conseguir esa clase de luz en la naturaleza. No podía comenzar a dar vueltas a la luz de la luna, ni buscar un incendio forestal. ¿Sería entonces ésta una nueva especie de araña, que había desarrollado su instinto evolucionando después del hombre? No estaba mal la hipótesis… Pero, en ese caso, ¿cómo se explicaba la atracción de la luz sobre la polilla? Si no fuera por esta araña, difícilmente se podía pensar que la luz de una lámpara fuera útil para la continuidad de la especie. Y, sin embargo, se trataba de los mismo, ya que la atracción ejercida por la lámpara, tanto en la araña como en la polilla, había sido posterior a la aparición de la luz fabricada por le hombre. El hecho de que todas las polillas no salieran volando hacia la luna era una prueba irrefutable de ello. Se comprendía si fuera un hábito de una sola especie. Pero siendo común a las polillas de unas diez mil variedades, solo se podía deducir que era una ley inmutable. Ese ciego y loco batir de alas que suscitaba la luz creada por el hombre… esa conexión secreta e irracional entre luces, polillas y arañas…. Si una ley semejante aparecía así, alocadamente, ¿en qué diablos se podía creer?

Cerró los ojos… Ante él flotaban ondulantes manchas de luz… Si trataba de atraparlas, en un instante se arremolinaban y escapaban… Como sobras de escarabajos que hubieses quedado en la arena…

- Cuando hierva el agua, ¿quiere que le lave la espalda?

OjoMujerArenaLo invadió una tristeza como la luz del alba… Bien podían lamerse mutuamente las heridas. Pero, de persistir en las heridas que no se cierran nunca, terminarían por quedarse sin lengua.

- No me había convencido… Pero imagino que la vida no es algo a lo que uno pueda conformarse… Hay vidas de todas las clases, y suelo verse más verde el otro lado del monte… Lo insoportable ara mí es no saber en qué voy a terminar si continúo viviendo de este modo… Aunque lo cierto es que nunca se sabe, cualquiera que sea la vida que uno lleve… No puedo dejar de sentir que sería preferible una vida con algo de distracción…

- ¿Quiere que lo lave?

Hablaba como dándole ánimos. Era una voz suave, atractiva. Lentamente se desabrochó la camisa y los pantalones. Sentía como si la arena lo hubiera invadido hasta dentro de la carne. (¿Qué estará haciendo «ella»?) Era como si todo lo sucedido hasta ayer estuviera a siglos de distancia.

La mujer empezó a enjabonar la toalla.

De la Tercera parte

Del capítulo XXVII

… Pasada una semana, ya no tuvo deseos de leer. Después de un mes, casi había olvidado que existían cosas tales como el periódico. Cierta vez encontró la reproducción de un grabado, El infierno de la soledad, y lo observó con curiosidad. Se trataba de un hombre flotando inestable en el aire, con sus ojos abiertos por el terror, pero el espacio que lo rodeaba, lejos de ser vacío, era una serie de sombras semitransparentes de muertos que impedían cualquier movimiento del hombre. Los muertos, cada uno con diferente expresión, parecían empujarse unos a otros mientras hablaban incesantemente al hombre- ¿Por qué razón eso era El infierno de la soledad? En aquel momento pensó que se habían equivocado al poner el título; ahora podía entenderlo.  La soledad es una sed que la ilusión no satisface.

Por eso uno se roe las uñas en la imposibilidad de hallar la paz en el simple latido del corazón; consume cigarrillos porque no está satisfecho con el ritmo de su propio cerebro; uno tiene que hacer templar su cuerpo al no encontrar la satisfacción tan solo en el sexo. La respiración, la marcha, el movimiento de los intestinos, el horario cotidiano, el domingo cada siete días, los exámenes finales después de cuatro meses, lejos de tranquilizarlo lo habían empujado a incurrir en nuevas repeticiones. Así, pronto se encontró fumando más que antes y tenía pesadillas en las que buscaba un lugar donde ocultarse de las miradas de la gente, junto con una mujer de uñas sucias; y finalmente, cuando advirtió los primeros síntomas de intoxicación, despertó su interés repentino hacia el cielo gobernado, por el más simple círculo elíptico y las dunas de arena graduadas en ondas de 1/8 mm…

RottenFish

… El cebo estaba ahí, tal como cuando pusiera la trampa. El hedor del pescado podrido le llenó la nariz. Hacía más de dos semanas que había puesto la «Esperanza» y nada había sucedido desde entonces. ¿Cuál sería la razón? Tenía fe en el mecanismo que había construido. Solo hacia falta que un cuervo se fiara del señuelo. Pero nada podía hacer cuando los pájaros no le prestaban atención.

¿Qué es lo que no les gusta de esta trampa? No tiene nada, desde el ángulo que se vea, que pueda despertar sospechas. Los cuervos son cautelosos en extremo por su hábito de andar husmeando entre las gentes, buscando los desechos humanos. Entonces, es cuestión de ver quién tiene más paciencia… Esperar a que ellos se acostumbren al pescado podrido del agujero… Cuando uno empieza a sentir que la paciencia es la derrota, está en el comienzo de la derrota. En realidad, bauticé «Esperanza» a la trampa pensando en este problema…

 

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