LIBRO:  FRAGMENTOS DE UNA ENSEÑANZA DESCONOCIDA  (1916)

FragmentosDeUnaEnseñanza

              (En busca de lo milagroso)         

   P.D. Ouspensky   (Rusia) 

    RCR edicciones

 

    Traducción: PURIFICACIÓN SANTOS ACEITUNO

                 

 

 Fragmentos de libros

p31

- Vuelve a hablar usted de algo diferente –replicó- Habla de errores provocados por las percepciones, pero yo no estoy hablando de ésos. Dentro de los límites de las percepciones dadas, el hombre puede errar más o menos. Como ya he dicho, el mayor error del hombre es estar convencido de que puede hacer. Todas las personas creen que pueden hacer, todas las personas desean hacer, y la primera pregunta que todo el mundo se formula es qué tiene que hacer. Pero, en realidad, nadie hace nada ni nadie puede hacer nada. Esto es lo primero que debe comprenderse. Todo sucede. Todo lo que acontece al hombre, todo cuanto éste hace, todo lo que de él viene –todo eso sucede. Y ocurre exactamente del mismo modo que cae la lluvia como resultado de un cambio de temperatura en las regiones más elevadas de la atmósfera o en las nubes circundantes, igual que la nieve se derrite bajo los rayos del sol, igual que se levanta polvo cuando hace viento.

ElHombreEsUnaMáquina“El hombre es una máquina. Todos sus hechos, acciones, palabras, pensamientos, sentimientos, convicciones, opiniones y hábitos son resultado de influencias externas, de sensaciones externas. Por sí mismo, el hombre no sabe producir ni un solo pensamiento, ni una sola acción. Todo cuanto dice, hace, piensa, siente –todo eso sucede. El hombre no puede descubrir nada ni inventar nada: todo sucede.

 

Del Capítulo 3.

Un hombre nunca es el mismo mucho tiempo. Está cambiando continuamente. Rara vez es el mismo, ni siquiera media hora. Pensamos que si un hombre se llama Iván, siempre es Iván. Nada de eso. Ahora es Iván, más tarde será Pedro, y un poco después será Nicolás, Sergio, Mateo o Simón. Y todos creen que es Iván. Saben que Iván es incapaz de hacer determinada cosa. Por ejemplo, que no sabe mentir. Luego, descubren que ha mentido y les sorprende que lo haya hecho. Y, ciertamente, Iván no sabe mentir; es Nicolás quien lo ha hecho. Y, cuando se presenta la ocasión, Nicolás no puede evitar hacerlo. Se asombrarían si supieran la multitud de Ivanes y Nicolases que viven dentro de un hombre. Si aprenden a observarlos, no tendrán necesidad de asistir la cine….

… Todos se llaman a sí mismo “yo”. O sea, se consideran amos y ninguno quiere reconocer al otro. Cada uno de ellos es califa durante una hora, hace lo que le viene en gana sin importarle nada, y después, los demás han de pagar las consecuencias. Entre ellos no existe ningún tipo de orden. Quien más alto levante el brazo es el jefe… Y así sigue ocurriendo toda la vida. Imaginen un país donde todo el mundo pueda ser rey durante cinco minutos y que haga, durante esos cinco minutos, exactamente lo que le plazca  con todo el reino. Así es nuestra vida…

p106

Cuando G. se marchó a Moscú nuestro grupo permanente se reunía sin él.

En mi memoria aún conservaba varias conversaciones mantenidas por nuestro grupo, relacionadas con lo que G. acababa de decir.

Tuvimos muchos debates acerca de la idea de los milagros y sobre la cuestión de que el Absoluto no podía manifestar su volunta en nuestro mundo; que dicha voluntad solo se manifiesta en forma de leyes mecánicas; y que no puede manifestarse violando esas leyes,

No recuerdo quien de nosotros fue el primero en acordarse de una historia muy conocida de la escuela, aunque no muy respetuosa, en la que enseguida vimos ilustrada esa ley –

La historia hablaba de un estudiante seminarista que ya había rebasado la edad escolar y quien, en un examen final, no entendía la idea de un Dios Omnipotente:

“- Bien, póngame usted un ejemplo de algo que el Señor no pueda hacer” exclamó el obispo examinador.

“-No lleva mucho tiempo hacerlo, Eminencia –replicó el seminarista-. Todo el mundo sabe que ni siquiera el Señor puede ganar al as de corazones con un dos.”

Nada podía estar más claro.

Había más sentido en esta historia insulsa que en un millar de tratados teológicos. Las leyes del juego hacen la esencia del luego. La violación de estas leyes destruiría todo el juego. El Absoluto puede interferir tan poco en nuestras vidas y sustituir por otros los resultados naturales de las causas creadas por nosotros, o por la circunstancias, como vencer al as de corazones con un dos. Turgenev escribió en algún sitio que todas las oraciones podrían reducirse a una sola: “Dios mío, haz que dos más dos no sean cuatro”. Es lo mismo que el as de corazones del seminarista.

p118

“La observación ha de empezar desde el principio. Toda experiencia previa, los resultados de toda observación previa, deben dejarse a un lado. Puede ser que contengan material muy valioso. Pero todo este material está basado en una falsa división de las funciones observadas y está mal dividido. No puede, por tanto, utilizarse… Es preciso empezar por el principio. El hombre debe comenzar observándose a sí mismo como si no se conociese en absoluto, como si jamás se hubiera observado…

p123

… La máquina está equilibrada en todos sus detalles, en cada momento de su actividad. Si un hombre observa dentro de él algo que le desagrade y empieza a realizar ejercicios para alterarlo, tal vez consiga obtener algún resultado, Pero, junto a este resultado, inevitablemente obtendrá otro resultado que, ni por lo más remoto, esperaba ni deseaba obtener y que tampoco podñia haber imaginado. Luchando por destruir y aniquilar todo lo que no le gusta, realizando esfuerzos por alcanzar este objetivo, desestabiliza el equilibrio de la máquina. La máquina lucha por restablecer el equilibrio y lo restablece creando una nueva función que el hombre no puede haber previsto. Por ejemplo, tal vez un hombre observe que es muy distraído, que se olvida de todo, que lo pierde todo, etc. Empieza a luchar contra este hábito y, si es lo bastante metódico y resuelto, logra, después de un tiempo, alcanzar el resultado deseado: deja de olvidar y de perder cosas. Se da cuenta de ello, pero hay algo que no advierte y que otras personas sí advierten: que se ha vuelto irritable, pedante, criticón y desagradable. La irritabilidad ha surgido como resultado de haber perdido su despiste. ¿Por qué? Es imposible decirlo. Solo un…

              LaLeyDeOctavas        eneagrama

p135

El número de leyes fundamentales que gobiernan todos los procesos, ya sea en el mundo o en el hombre, es muy pequeño. Diferentes combinaciones numéricas de unas cuantas fuerzas primarias crean toda la aparente variedad de fenómenos…

“La primera ley fundamental del universo es la ley de las tres fuerzas o principios, o, muchas veces se denomina, la ley del tres. De acuerdo con esta ley, toda acción, todo fenómeno en todos los mundos, sin excepción, es el resultado de la acción simultánea de tres fuerzas: la positiva, la negativa y la neutralizadora….

“La siguiente ley fundamental del universo es la ley del siete o la ley de octavas.

“Para comprender el significado de esta ley, es preciso considerar el universo como si estuviera compuesto de vibraciones. Estas vibraciones actúan en la materia de todo tipo, aspecto y densidad que compone el universo, desde la más sutil a la más densa; emanan de diversas fuentes y actúan en varias direcciones; cruzándose unas con otras, colisionando ,fortaleciéndose, debilitándose, atrayéndose entre sí, etc…

         

        p172

            …”Una idea permanente del bien y del mal solo puede formarse en el hombre en relación con un propósito y un entendimiento permanentes. El hombre comprende que está dormido y desea despertar, todo lo que le ayude a despertar será el bien y todo lo que se lo impida, todo lo que prolongue su sueño, sera el mal… Pero esto es así solamente para aquéllos que desean despertar, o sea, para quienes saben que están dormido. Los que no saben que están dormidos y quienes no desean despertar, no tendrán conocimiento del bien y del mal. Y como la abrumadora mayoría de personas no son conscientes de estar dormidas, para ellas, en realidad, no existe ni el bien ni el mal.

            “Esto contradice las ideas generalmente aceptadas. La gente acostumbra a pensar que el bien y el mal deber ser lo mismo para todos y, sobre todo, que el bien y el mal existen para todo el mundo. Sin embargo, en realidad, el bien y el mal solo existen para unos pocos, para aquellos que tienen un propósito y tratan de alcanzarlo. Entonces, lo que les impide ir en busca de ese fin es el mal y lo que les ayuda es el bien.

            “Por supuesto, la mayoría de los durmientes dirá que ellos tienen un propósito y que caminan hacia algún lugar. Percibir el hecho de que no se tiene propósito y que no se está yendo a parte alguna es el primer signo de acercamiento al despertar del hombre o de que despertar es, en realidad, posible para él. El despertar comienza cuando el hombre se da cuenta de que no va a ninguna parte y de que no sabe adónde ir.

            “… Los hombres se atribuyen muchas cualidad que, en realizada, solo pueden pertenecer a personas de un nivel de desarrollo y un nivel de evolución superiores al del hombre número uno, número dos y número tres. La individualidad, un yo único y permanente, consciencia, voluntad, la capacidad de hacer, un estado de voluntad interior, todas ellas son facultades que el hombre común no posee. A la misma categoría pertenece la idea del bien y el mal, cuya propia existencia está relacionada con un propósito, una dirección y un centro de gravedad permanente.

            “A veces, la idea del bien y del mal se relaciona con la de verdadero o falso. Pero, de la misma manera que no existen el bien y el mal para el hombre común, tampoco existe lo verdadero y lo falso.

    EBienYelMal        “La verdad y la falsedad permanente pueden existir para un hombre permanente. Si el hombre mismo está cambiando constantemente. Y si todas las personas están en estados diferentes a cada momento, su concepción de la verdad debe ser tan variada como su concepción del bien. El hombre no advierte de u´qe modo empieza a considerar verdad lo que ayer consideraba falso, y viceversa. No advierte estas transiciones como tampoco advierte las transiciones de sus propios “yos” a otros.

            En la vida de un hombre común, lo verdadero y lo falso carecen de todo valor moral porque no puede atenerse a una sola verdad: su verdad cambia. Si no cambia durante cierto tiempo, es simplemente porque la retienen los ‘topes'. Un hombre jamás podrá decir la verdad. Unas veces ‘se dice’ la verdad y otras veces ¡se dice una mentira’. Por consiguiente, su verdad y su mentira no tienen valor, ninguna de las dos depende de él; ambas dependen de la casualidad. Y lo mismo ocurre si aplicamos esto a las palabras de un hombre, a sus pensamientos, a sus sentimiento y a sus concepciones de lo verdadero y lo falso.

            “Para comprender la interrelación que existe entre lo verdadero y lo falso en la vida, el hombre debe conocer la falsedad dentro de sí, las contínuas e incesantes mentiras que se cuenta a sí mismo.

            “Esas mentiras son creadas por los ‘topes’. Deben destruirse los ‘topes’ a fin de destruir las mentiras que se llevan dentro, asñ como las mentiras que se cuentan inconscientemente a los demás. Los ‘topes’ controlan de forma automática los actos, las palabras, los pensamiento y los sentimientos de un hombre…

            p202

Ya se ha explicado antes que en condiciones de vida normales no nos recordamos a nosotros mismos; no nos recordamos, o sea, no nos sentimos, no tenemos conciencia de nosotros mismos en el momento de una percepción, de una emoción, de un pensamiento o de una acción. Si un hombre comprende esto y trata de recordarse, toda impresión que reciba mientas se recuerda será, en cierta manera, doblada. En un estado psíquico ordinario, simplemente miro a la calle; siento que estoy mirando, como si me dijese a mí mismo: “estoy mirando”. En vez de una impresión de la calle hay dos impresiones, una de la calle y otra de mí, mirándola. Esta segunda impresión, producida por el hecho de estar recordándome yo mismo, es el “choque adicional”.

p270

Los debates en los grupos continuaron como de costumbre. En cierta ocasión, G. dijo que deseaba llevar a cabo un experimento para separar la personalidad de la esencia. Todos nosotros estábamos muy interesados porque llevaba mucho tiempo prometiendo que haría “experimentos” y hasta entonces no habíamos visto ninguno. No describiré sus métodos; solo describiré las personas que él eligió para el experimento aquella primera tarde. Uno de los elegidos ya no era joven; era un hombre que ocupaba un puesto muy prominente en la sociedad. En nuestras reuniones, hablaba bastante y a menudo de sí mismo, de su familia, del cristianismo y de los acontecimientos actuales relacionados con la guerra y con todo posible “escándalo” que le hubiese molestado mucho. El otro era más joven. Muchos de nosotros no le considerábamos una persona seria. Con frecuencia, hacía, como suele decirse, el tonto; o, por el contrario, iniciaba unas argumentaciones formales sin fin sobre tal o cual detalle del sistema que no tenían ninguna relación con el conjunto. Resultaba muy difícil entenderle. Hablaba de un modo confuso e intrincado de las cosas más simples, mezclando de la forma más imposible puntos de vista diferentes y palabras que pertenecían a distintas categorías y niveles.

Omitiré el comienzo del experimento.

Estábamos sentados en el gran salón.

La conversación seguía su curso habitual.

- Ahora, observe- dijo G. en voz baja.

El más viejo de los dos, que estaba hablando apasionadamente sobre algo, quedo mudo de repente, sin terminar la frase, y pareció hundirse en su silla mientras miraba justo enfrente de él. A una seña de G. continuamos hablando sin mirarle. El más joven se dispuso a escuchar la conversación y, después, habló él mismo. Todos nosotros nos mirábamos unos a otros. Su voz había cambiado. Hizo algunas observaciones acerca de sí mismo de forma clara, sencilla e inteligible, sin emplear palabras superfluas, sin extravagancias y sin bufonadas. Luego, permaneció en silencio; se fumó un cigarrillo y, obviamente, estaba pensando en algo. El primero seguía sin moverse, como hecho una bola.

-Pregúntele que está pensando –dijo G., con calma.

-¿Yo? –levantó la cabeza como si hubiera despertado al hacerle la pregunta.

-En nada –sonrió débilmente como disculpándose o como si estuviera sorprendido de que alguien le preguntara lo que estaba pensando.

-Bueno, estaba hablando de la guerra ahora mismo –dijo uno de nosotros-, sobre lo que ocurriría si hiciésemos la paz con los alemanes; ¿sigue pensando como antes?

-En realidad, no sé -.dijo con voz insegura-. ¿Yo he dicho eso?

-Sí, desde luego, acaba de decir que todo el mundo está obligado a pensar en ello, que nadie tiene derecho a no pensar en ello y que nadie tiene derecho a olvidarse de la guerra; que todo el mundo debería tener una opinión definida: sí o no a favor o en contra de la guerra.

Escuchaba como si no entendiese lo que le estaban preguntando.

-¿Sí? –respondió-. ¡Qué extraño! No recuerdo nada de eso.

-¿Pero no está interesado en eso?

-No, no me interesa en absoluto.

… ¿Y lo que habló de Rusia? ¿Y de su familia? ¿Y del miedo al abismo que nos contaba?

No hubo respuesta.

- Pero ¿qué piensa ahora de todo eso?

- No pienso nada en absoluto.

- Si le preguntasen qué le gusta más, ¿qué diría?

- No quiero nada –nuevamente una mirada errante.

- Pero píenselo, ¿qué le gustaría?

Sobre la mesita que había junto a él, había un vaso de té aún sin tomar. Lo estuvo mirando fijamente durante mucho tiempo, como si estuviese meditando algo. Miró a su alrededor dos veces, volvió a mirar al vaso, y dijo con una voz y un tono tan solemne que todos nos miramos:

Frambuesas- Creo que me apetece un poco de mermelada de frambuesa.

- ¿Por qué le están interrogando? –dijo una voz procedente del rincón que apenas reconocimos.

Éste era el segundo sujeto del “experimento”.

-¿No ven que está dormido?

-¿Y usted? –preguntó uno de nosotros.

Ninguno de los dos recordaba nada al día siguiente. G, nos explicó…

La esencia sí recuerda –respondió G.-, la personalidad olvida. Y esto era necesario porque, de otro modo, la personalidad lo habñia viciado todo y se lo habría atribuido todo a sí misma.

- Pero esto es una especie de magia negra –dijo uno de nosotros.

- Peor –replicó G.- Esperen y verán cosas peores que eso.

    p325

            … Además, todas esas teorías en pro del bienestar general y de la igualdad general no solo son irrealizables sino que serían fatales si llegaran a realizarse. Todo en la Naturaleza tiene su razón de ser y su propósito, tanto la desigualdad del hombre como sus sufrimientos. Destruir esa desigualdad sería destruir la posibilidad de evolución. Destruir el sufrimiento significaría, en primer lugar, la destrucción del ‘choque’, es decir, la única fuerza que puede cambiar la situación. Y lo mismo ocurre con todas las teorías intelectuales.

            El proceso de evolución, de esa evolución que es posible para la humanidad tomada como un todo, es completamente análogo al proceso de evolución posible para el individuo. Empieza con lo mismo, esto es, un determinado grupo de células va cobrando conciencia gradualmente; luego, éste atrae hacia sí a otras células, subordina otras, y poco a poco, hace que todo el organismo sirva a sus fines en vez de simplemente comer, beber y dormir,,,

p329

Automatas

            (Recuerde que esto está escrito en 1916…)

            La cultura contemporánea necesita autómatas. Y las personas, indudablemente, están perdiendo sus hábitos de independencia adquiridos y se están convirtiendo en autómatas, en componentes de máquinas. Resulta imposible decir dónde acabará todo esto y dónde estará la solución –si es que hay un final y una solución-. Solo una cosa es cierta, que la esclavitud del hombre crece y va en aumento. El hombre se está convirtiendo en un esclavo voluntario. Ya no necesita cadenas. Está empezando a tomar cariño a su esclavitud, a estar orgulloso de ella. Y esto es lo más horrible que le puede ocurrir a un hombre.

 

 

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