UN BUEN LIBRO PARA LEER:  NOSOTROS LOS MALDITOS  (1976-77)

NosotrosLosMalditos

                       

  Pau Malvido ("Pau Maragall") 

  Editorial  ANAGRAMA

 

                                      IconoFraLib ... algo decimos de este libro

 

 

 Fragmentos de libros:

             Izquierdistas y Grifotas  

     Continuemos el rollo. 

     Las familias medias, que en aquellos años habían hecho sus buenos negocios, consideraban que enviar al nene a la Universidad era lo mejor, el futuro asegurado. y los nenes llegaban a la Universidad dispuestos a todo...  Pero la Universidad no ofrecía mucho. Cátedros aburridos, niños ricos que se pasaban el día en el bar o aprobaban por su buen nombre, bedeles policíacos. Y el niño bueno de familia media perdía el culo... y se fijaba en aquellos elementos extraños que se dedicaban a propagar los ideales democráticos. El movimiento estudiantil se lanzó a fondo. Asambleas de millares de estudiantes con la policía cargando en plan duro. El sindicato falangista se acabó de hundir. Los estudiantes comunistas estaban eufóricos. En marzo de 1966 se reunieron cerca de 500 delegados de curso en el convento con los capuchinos de Sarriá” y quedó constituido el nuevo Sindicato Democrático. Tres días y noches con la policía rodeando el lugar y con entrada final, recogida de carnés y palos en la calle. Toda esta gente, en sus ratos libres, escuchaban a Dylan ya los Beatles, algunos. Pero lo más importante para ellos era la lucha contra los “grises”, la organización del Sindicato. No conocían demasiado la música rock y si la conocían no significaba nada más que eso: música... Cuando el Sindicato estuvo hecho nadie sabía qué hacer con él. La policía encarcelaba una y otra vez a los delegados. Es que, además, los estudiantes lo que querían era luchar.

       Algunos grupos incluso consiguieron armas y realizaron algunos atracos para financiar su organización. Pillaron a muchos y les dejaron baldados.. Otros despistados y cansados conectaron con aquellos más mayores que hacía años pasaban de todo y se iban al Boccaccio a fumar porros de grifa de los que se vendían en el barrio chino por legionarios y grifotas clásicos. Y así, señores y señoras, nace el movimiento hippi de Barcelona, muy diferente de la pacífica generación de los hippies yanquis de los que entonces se empezaba a hablar. Recuerdo que en el 67 cuando empezó la disgregación de los estudiantes y comunistas y los consiguientes desmadres, en las facultades apenas habían dos o tres peludos al estilo yanqui. Pero en cambio la gente rabiosa que iban a buscar grifa eran bastantes.

    Se formó una mezcla increíble. Un peluquero del chino, un gitano joven y moderno, un negro hijo de jefe de tribu africana, tres estudiantes izquierdistas y un par de snobs de mucha plata formaban corro para fumarse el “canuto” en las callejuelas cercanas al jazz Colón. Los herederos de los viejos rockeros se apuntaron también al rollo. Siempre se dice que en España las modas llegan muy tarde. En este caso no es verdad. Aquí habían hippis en el 67. Y en el 68 ya estaban dos catalanas y un catalán apalancados en Afganistán y varios grupos más en Ámsterdam y Copenhague.

Marihuana

DE LA GRIFA AL HASHISH (Sustituto)

      Cuando empezó a propagarse que en América la marihuana preocupaba a las autoridades, cuando se empezó a ver que la “rama” ya no sólo la fumaba gente cercana a los ambientes delictivos sino también estudiantes jóvenes burgueses, entonces la represión aumentó. Además, el tráfico se hacía cada día más descarado. El caso es que la cosa se ponía cada vez más peligrosa.

    Entonces apareció el hashish. que rápidamente adquirió el nombre de “chocolate”. Lo traían los hippies de sus viajes por Oriente y de Marruecos. La gente del rollo lo aceptó bien, sobretodo porque olía mucho menos que la grifa y era más “camufable”. Aunque los efectos eran más pesados. Cuando se mezclaba con alcohol, como se hacía con la rama, los principiantes podían quedar “amuermados”, como desvanecidos o idos. Los grifotas clásicos y los gitanos siempre han continuado prefiriendo la hierba, más dinámica y vacilona.                                            

HendrixTres discos circularon de mano en mano, procedentes de un yanqui que los había cambiado por unos tejanos. Uno de Hendrix, de los primeros, uno de la Velvet
TheVelvetUndergroundUnderground
, el del plátano, y otro de Grateful Dead. Se escuchaban con fruición. Por primera vez la música no era sólo ritmo.

 GratefulDead    Las enrolladas sexuales, cuando se presentaban en pleno colocón, adquirían una intensidad inusitada y profunda. Para todos aquellos enloquecidos izquierdistas, acostumbrados a pasar de todo, a no conceder importancia a nada que no fuese la lucha, la ideología y la línea correcta, todo aquéllo era absolutamente nuevo. Pero tampoco iban a contentarse con esas vivencias enrolladas pero sencillas. Su mente elucubradora, rabiosa tras tantos años de “nene no hagas eso, nene no hagas aquello”, intentaba en muchas ocasiones ir más lejos de aquella vacilada placentera y semi-clandestina. Además la sensación de ilegalidad era muy intensa y uno no podía abandonarse tranquilamente a esos placeres sencillos a no ser que estuviera protegido por  una buena cantidad de plata, por una buena posición social…. En Formentera se instalaron unos pocos, rodeados de yanquis y holandeses mucho más ricos que ellos. De todas formas casi ningún barcelonés alcanzó la beatitud casi tonta de algunos de los hippies extranjeros que veíamos por aquí. Llevábamos detrás demasiada carga como para eso. Los placeres, la sencillez, los ropajes amplios y cómodos, la fraternidad, la no-obligación de hacer cosas “importantes” o de provecho, el ocio y el arte, todo eso lo intentamos y en buena parte lo conseguimos, pero acompañándolo siempre de una cierta dosis de mala leche, de enfrentamiento con todo lo que nos rodeaba. Es muy diferente un estudiante yanqui con “pasta” que se va al campo, aun campo fértil y organizado, que disfruta de una beca o un seguro de desempleo, de un catalán pobretón, en un país fascista, que se va a un campo depauperado y seco, sobretodo en, Formentera donde para plantar una lechuga hay que extraer diez kilos de pedruscos y traer el agua desde una cisterna semivacía a trescientos metros.  Toda esa dureza social, económica y política hacía que el abandono de los hippies catalanes fuera relativo. Un ojo abierto y otro cerrado… Por eso los freaks y los hippies no se limitan a vivir una vida diferente a como lo tenían y para eso nada más adecuado que el LSD que no tardó en aparecer. Hasta entonces se leían cosas, novelas, libros orientales, noticias de los hippis, se vacilaba mentalmente, habían varios profetas iniciales y un par de músicos del rollo. Pau Riba y Sisa. Conciertos minoritarios en parroquias y colegios. Alguno en la Universidad ante la ira de los politizados  Pero en fin, toda esa época entre el 67 y el 70, fue la época de las minorías, del chocolate, del hippismo vacilón y clandestino. En el 69 se abrió “Les Enfants Terribles”, local que recogió a toda esa heterogénea masa antes de su dispersión con la llegada de nuevas promociones y con la salida a la superficie del rollo a base de los conciertos del Iris organizados por el bocacciano Regás.

    PauRibaSisaLaGalletaMusicaDispersa Entrada1970

Alucinados en masa 

       Alucinados en el sentido más literal: fascinados por imágenes, ideas, delirios y músicas psicodélicas. El LSD corría de mano en mano, rodeado de misterio y euforia...Todo aquel mundo empezó a romperse o más bien diluirse con la llegada de mucha más gente. Los estudiantillos de bachillerato o de principio de universidad se encontraron en el 70 con una Universidad destrempada, con una extrema izquierda agotada que iniciaba un proceso de reconversión hacia posturas más serias y tradicionales… y con un rollo “raro”, fricado, hipoide, alucinante que corría por ahí. Los que se pasaron a esto último lo hicieron aceleradamente. El camino ya estaba abierto. Las Ramblas, Formentera, los pisos multitudinarios y hasta algunos profetas conocidos. Aparte de Sisa, Música Dispersa y Pau Riba que en ese momento estaba llegando a lo más alto de su enrollada hippiosa, aparecieron varios padrinos espirituales…  Los “antiguos” quedaron sorprendidos cuando se celebró el festival permanente del salón Iris, en 1971, con todos los grupos “progresivos” del país, con masiva asistencia y vestimentas raras en cantidad. Coincidió con la campaña contra los procesos de Burgos en los que se pedían penas de muerte para varios tíos de la ETA. La policía estaba alerta y hubieron palos en cantidad... 

  LSD   A pesar de todo, el LSD es una droga. Se toma. Se deja. Empieza y acaba. Pasan muchas cosas, cambian muchas cosas, se rompen muchas cosas, aparecen otras, pero en fin de cuentas es una droga. En cambio el mundo está ahí, siempre, No sé si algún día el mundo será tan ancho como para que la vida sea un trip real libre. De momento la vida es un trip, aunque no muy libre. La libertad hoy por hoy se paga cara dentro y fuera de uno mismo. Dentro por toda la estrechez que nos han metido y fuera por los palos que te pueden caer.

     En fin, para quien quiera conocer los detalles del asunto, diré que en aquellos momentos el LSD llegaba de muy diversas maneras, casi siempre en pequeñas cantidades, de Ámsterdam o de Nueva York… El precio (al por menor) oscilaba entre 150 y 250 pesetas. Los efectos entre seis y doce horas. Había grandes discusiones en torno a la calidad de cada remesa que llegaba. La preocupación de todos era la anfetamina (speed) que pudiera contener cada tipo de ácido… La mezcla con anfetamina, para dar mayor “patada” al trip, era lo más usual. Casi todos los vendedores lo vendían así… Algunos sectores de hippies yanquis hicieron campañas contra el speed, campañas a las que nosotros prestábamos la mayor atención y yo, personalmente, continuo pensando que la anfetamina es un desastre para cuerpo y alma… Se llegó a decir que el speed era cosa de la CIA para joder el invento, como también se decía que el FBI favorecía la introducción de drogas fuertes entre los núcleos de fumadores de hierba y viajantes psicodélicos de LSD, para deshacerlos, para acabar con lo que de positivo, no peligroso a nivel físico y psicológico…

    La realidad es que en Barcelona no nos pudimos librar del todo de esa plaga anfetamínica. Los trips llevaban nombres curiosos según su procedencia, color y características. En los 70- 72 se apreciaban los “Window Open” (ventana abierta), los “California Sunshine” sol de California) y los “Orange trip” (viaje naranja).

   Algún catalán consiguió LSD puro, en líquido, y lo vendía a gotas sobre papel o sobre lo que el comprador quisiese y lo cierto es que muchos querían la gota metida dentro de una pastilla anfetamínica. Al principio los trips se tomaban en grupo, procurando rodearse de un ambiente agradable ya ser posible en el campo. La comunicación con la naturaleza resultaba esencial. De repente algún “triposo” se daba cuenta de que entendía a las vacas, de que percibía el calor de la tierra de noche, cuando desprende el que ha acumulado durante el día, o se quedaba horas y horas fascinado por el movimiento del mar. Las salidas de sol eran el gran tema final. Una bola roja quemando, vibrando y hablando de vibrar, la percepción de las “vibraciones” de la gente se volvía aguda. Se podía adivinar a distancia, y más que adivinar ver, la “onda” que llevaba cada uno en cada momento, simpatías, paranoias, magnificencias, exaltaciones, fascinaciones. Las caras de la gente, tanto de los que “trapeaban” en grupo como las de la gente ajena con las que tropezaba el “tripeante”, resultaban extremadas, caricaturescas, terriblemente expresivas de lo bueno y de lo malo, adquiriendo formas prototípicas: payaso, vampiro, tigre, mesonero medieval, profeta, vieja cosiendo, gorrión. El LSD tenía algo de devolvernos a las raíces, a las formas que desde siempre llevamos dentro, a la tierra y al cielo que siempre han estado junto a los hombres..   

FestivalGranollers

    El Festival de Granollers marcó el primer jalón histórico de este tipo de cosas y resultó muy representativo de lo que estaba pasando. Fue a finales de la primavera de 1971. Era el primer gran festival al aire libre, venía (¡por fin! pensaban algunos) un grupo extranjero: Family, y todos los grupos locales llenando las horas y horas previas. Un presentador bien trajeado que fue permanentemente abucheado. Todas las tribus de hippies y freaks se dieron cita allí… Los naturales del lugar comentaban “Aquests no deuen ser hippies de veritat, caminen massa depresa” (“Estos no deben ser hippies de verdad, andan demasiado rápido”). Todavía la imagen popular del hippi era la del vagabundo pacifista de amor y flores y de esos ya empezaban a quedar pocos. Ya he dicho en artículos anteriores que este hippismo de amor y flores era difícil en este país, donde no había ni plata sobrante, ni tolerancia, ni una agricultura apta para recibir a nuevos granjeros. Los hippies granjeros de Cataluña y de toda la península y no digamos ya los de las islas las han pasado canutas para sacar algo de plata de la tierra… Se encendieron fogatas y porros. La música iba y venía. Habían pequeños conciertos entre la gente tirada abajo. Al amanecer hubo el momento hermoso en el que la bajada del trip y la salida del sol se mezclan en un semisueño cansado, tranquilo y emotivo. Family, con su avión especial y sus miles de vatios tardaba en llegar. La gente empezó a inquietarse, la gente que esperaba al ídolo. Los grupos de triposos se lanzaron a hablar. Nada de Family, que se vayan a la mierda con sus aparatos. Nosotros nos lo pasamos la mar de bien sin ellos. Asambleas, discusiones. Cuando llegó Family más de la mitad de la gente había decidido boicotearlos y empezaron a largarse cuando empezaban a tocar. Algunas botellas de cerveza y muchos objetos llovieron sobre el escenario. Family se negaba a tocar en aquellas condiciones. Yo me fui carcajeándome suavemente, terriblemente cansado, andando despacio, muy despacio. los naturales debía pensar: ahora sí que parecen hippies. Y en cierto modo era verdad, al salir éramos más hippies que al entrar.

 

Represión, Formentera, flipada. 1972

     La primera generación de freaks barceloneses, los que empezaron a enrollarse por la vía rara hacia 1967-68, llegaron al máximo de su clímax psicodélico hacia 1971-72. Un ciclo de cuatro a cinco años durante el cual habían pasado del Preu recatado a la parida cósmica, pasando por la política, la grifa, la tribu y el LSD. De los dieciocho a los veintitrés. A partir de entonces la cosa cambió… Al llegar al clímax llegaron también al inicio de la bajada. El descenso fue duro para algunos y positivo para otros. En el 71 se organizó el Festival de Granollers, salió el Tercer Frente de Liberación Universal, los catalanes formaron un núcleo consistente en Formentera, el LSD estaba a la orden del día, Pau Riba había dado el golpe el año anterior en el Price, los festivales del Iris no habían tenido consecuencias posteriores. Los trips y sus temas empezaban a repetirse y parecía que toda aquella energía no encontraba salida al exterior. Casi todo quedaba dentro. En el 72 Sisa organizó el último coletazo público, el «Darling Sisa», en el Iris:-Pero ya la cosa iba por otros caminos. La familia Manson fue tomada como pretexto para desencadenar una campaña antihippie en todo el mundo. En el diario ABC de Madrid se denunciaba la presencia de indeseables drogadictos, violadores de menores nudistas en las playas baleáricas. Las nuevas generaciones hippies nacían en un ambiente aparentemente más abonado, más amplio, pero realmente más represivo. Se radicalizaron rápidamente. En el bar London de la calle Conde del Asalto se reunían los hippies frustrados y perseguidos. Sus intentonas poéticas, mágicas, libres, se veían cortadas por todos los lados y se formaron grupos libertarios, anarquistas, radicales («Estudiantes Libertarios», «Marginados Radicales», etc.).

   Si la primera promoción había pasado de la política radical al hippismo, las siguientes hicieron el camino inverso: del hippismo más entregado a la política radical, al freakpolítico, al anarquista inquietante. Recibieron muchos palos… Coincidieron con un ambiente antihippie y con una represión más eficaz. La Guardia Civil organizó la famosa «Brigadilla» compuesta de agentes y colaboradores peludos, pseudohippies, que compraban o vendían «mierda» por todas partes, fichando al personal en cantidad. 

    Y cayeron los palos. La redada de Cadaqués, masiva, los registros de pisos de forma simultánea, la persecución de menores de edad, los encierros sorpresa en las Ramblas, la actividad de la INTERPOL en Ibiza.

Formentera

    En varias ocasiones ha salido Formentera por estas páginas vagando como un fantasma absorbedor. Voy a entrar en Formentera ahora más de verdad y así quedará mejor explicado además el ciclo 68-72 del que hablo. Formentera tiene 17 kilómetros de largo… Los americanos y nórdicos llegaron en plan hippie hacia el 65-66. Gente limpia, sonriente, con teorías y prácticas de una nueva salud física y mental. Tenían casas alquiladas por cuatrocientas al mes como máximo. Iban y venían de Marruecos o Afganistán. Se hacían visitas entre sí y acogían con esmerada simpatía al forastero. Los nuevos que iban llegando se instalaban primero en la playa,.. Algunos catalanes llegaron por allí hacia 1968, en pleno apogeo yanqui-nórdico-sonriente. Se acoplaron más o menos a los rituales, pero no por mucho tiempo. Eran diferentes. Además la Guardia Civil y los propios campesinos mostraron hacia los catalanes una hostilidad que nunca habían utilizado con los extranjeros… Los payeses no podían evitar que las casas se llenasen más de lo permitido y entonces dudaban entre denunciarlo a la Guardia Civil o intentar cobrar más para compensarse del riesgo que corrían si la Guardia Civil registraba una casa y hallaba más elementos de los inscritos. La Guardia Civil de vez en cuando clausuraba alguna casa, sellándola y prohibiendo su habitabilidad durante uno o dos años.

    Los payeses no sabían si enfadarse con la Benemérita o con los hippies… Todo el asunto se basaba en teoría en una Ley de Salubridad e Higiene Pública que prohibía el amontonamiento de gente en las casas. Nosotros pensábamos con cierta amarga ironía en las masas de realquilados apretujados en el barrio viejo de Barcelona, en los bloques de tres familias por piso de los barrios obreros. A los extranjeros como máximo se les expulsaba, a los ibéricos se les hacía pasar por cuartelillos y juzgados… Parieron allí a sus primeros hijos sin médicos ni comadronas, a la luz de las velas y con el agua de la cisterna, lo que les valió cierta reputación de brujos entre los payeses que ya se habían acostumbrado a parir en las clínicas de Ibiza. El profeta ampurdanés, Damià, rondaba por allí tramando maniobras político-cósmicas. Un servidor se fue para allá con Ana y se flipó tremendamente a los cuatro meses, en pleno eclipse de luna. Las cosas se ponían algo durillas. Nada más llegar a la isla en aquel mi tercer y más decidido viaje me fui a una barraca en el kilómetro 9, abajo. Un amigo catalán y un escocés enloquecido se liaron. Brian, el escocés, quería matar a Quique con un hacha. Cuestión de mujer. Quique esquivó el golpe y el hacha le rozó la muñeca, en la que todavía le queda la señal… Lo fastidioso era la Peligrosidad Social, que caía a posteriori sobre todo ibérico absuelto en Ibiza. Como saben ustedes (y si no deberían saberlo) la Ley de la Peligrosidad Social no se basa en delitos probados sino en conductas. Por conducta extraña, vagancia, inmoralidad, «cinismo público» (¿?), homosexualidad, presencia en ambientes delictivos, actitud delictiva “en potencia”, etc., podían caerte y pueden caerte todavía diversas penas de cárcel, destierro, confinamiento, presentación regular en comisaría, demostración de un año seguido de trabajo fijo y si no destierro, etc. Todo ello independientemente de las sentencias de contrabando (multa) y atentado a la salud pública que corresponden propiamente al tráfico de drogas. Así, si uno salía librado de estas dos últimas cosas o si cumplía con lo sentenciado, encima le caía el juicio de Peligrosidad Social. En fin, una ley que es una joya.

    El ambiente, pues, se ponía duro y los antiguos americanos empezaron a desaparecer o en todo caso a cerrarse en banda y desconfiar de todo bicho con pinta de latino… El alcohol empezó acorrer como pasó también en Barcelona y en Nueva York y en donde quieras. El puritanismo inicial de los hippies respecto al alcohol se acabó. Los trips interiores en bajada, la represión aumentó, el dinero en descenso (hasta los nórdicos empezaron a tener menos dinero), la vida dura. Todo ello favoreció la salida del trip exterior, desmadrado vinícola. Moscatel y hierbas se empezaron a consumir en el bar de la Catalina y el Miquel a litros. Los payeses aquello lo entendían mejor y al mismo tiempo les daba motivo para modificar la visión que de los trips tenían. Antes eran unos personajes misteriosos y un tanto distantes (aunque los payeses todavía eran más desconfiados y distantes). Ahora con el vino y el desmadre los freaks aparecían como juerguistas, y por tanto más entendibles y más despreciables quizás. Cuando algo no se entiende se puede desconfiar, admirar o temer. Cuando se entiende por fin se puede decir: al fin y al cabo esta gente son como los borrachos y juerguistas que cada pueblo del mundo tiene. Tanto rollo y mira lo que son... y el cura y el «dinamita», que en su tiempo habían montado una banda de “apalizadores” de hippies, hoy pasan de todo. Al cura lo intentó destituir el obispo de Ibiza, por razones que no quiero mencionar para no insistir en la miseria de aquel hombre. El cura (que no es el de La Mola, es de abajo) se negó a irse. Le quitaron el sueldo y trabaja de camarero y continúa diciendo misa los domingos si no me equivoco… las nuevas promociones lo vivían todo a la vez: el gran trip, la flipada, la represión. Su ciclo fue mucho más corto. No tuvieron ni el tiempo ni la tolerancia ni la conducta clandestina que habrían necesitado para ser hippies. y entonces lo fueron todo a la vez: hippies, perseguidos, ratas de ciudad, activistas, triposos descarados.

    Es necesario señalar un cambio significativo. Porque mientras los antiguos iniciaban todo un camino de bajada, desmadre y subida que duró al menos dos o tres años (72- 75) y los jóvenes iban en banda, perdidos por las calles, salieron otros hippies. Sí, sí, hippies de ropas amplias, limpias, cuidadosas, semicampestres. La figura de Maria del Mar Bonet puede resumir un poco la imagen de esta gente. Gente contemporánea a la primera promoción, pero que se incorporaron más tarde tras esperar unos años a ver qué pasaba. Gente ya de veinticinco años o más que recuperaba su tiempo perdido (perdido en cuanto a rollo pero ganado en cuanto a plata). Habían acabado sus carreras, se habían casado, emparejado o lo que fuese, trabajaban, ganaban buenos o malos sueldos. Probaron el LSD manteniendo su posición pero modernizándose en plan hippie. Profesionales, arquitectos, médicos. Se compraron casas en el campo. Menorca era su lugar: una isla mucho más rica, civilizada, liberal, armónica, estética. y así, mientras antiguos y jóvenes se fundían en una masa de freaks anónimos dispuestos a mucho pero con pocas posibilidades por el momento, unos nuevos hippies, mayores, más ricos, cuidadosos de su salud y de su estética, salían a flote. Algunos de ellos animaron y protegieron a los freaks-ratas-de-la-ciudad en sus intentos de expresión sobre todo a nivel artístico. El Zeleste viene a ser el resultado de ese apadrinamiento, el símbolo del contacto entre esos nuevos hippies mayores y los viejos y jóvenes freaks zarandeados por la vida y por la marcha que llevaban a cuestas.

 

La Borrachera Moderna

     Su evolución puede resumir la de muchos otros que saliendo de pequeños grupos hipíes súper enrollados y aislados hemos ido a parar a una situación mucho más abierta y también mucho más contradictoria. Hemos debido vivir los problemas de la “vida moderna” de la juventud. Dinero, trabajo: casa, conflictos sentimentales, conflictos sociales. Desde entonces hasta ahora la sociedad entera ha cambiado. Cuando nosotros éramos los únicos “modernos” en medio de un mundo uniforme y gris, estrecho, moralizante, nuestra exaltación, nuestra conciencia de la brutal diferencia que había entre nosotros y el mundo, esa sensación de gran aventura nos protegía un poco de las propias contradicciones. Pasada la gran borrachera cósmica nos hemos encontrado con una sociedad en la que ya es normal hablar de aparejamientos libres, porros, comunidades, partidos. Nuestra pequeña gran aventura es vivida ahora por muchos miles de jóvenes de una forma menos “cósmica” y más práctica. Sus problemas se discuten en revistas y libros. 

StarRevista     Quizá sea la actitud respecto al trabajo lo que más caracteriza al freak. Aunque muchos de ellos trabajan, la diferencia está en la importancia que dan a lo que hacen aparte de trabajo… A partir del año 73 en el que salió Zeteste, Star, Ajoblanco, cuando los festivales masivos con estrellas internacionales ya empezaron a ser normales (a partir del concierto de Santana en el Palacio de los Deportes), desde entonces hasta ahora es evidente que se ha formado una masa importante de peludos de todos los tipos con un denominador común de una cierta acritud frente al trabajo, con muchas ganas de enrollarse de manera diferente a la tradicional y absolutamente adictos a la música. Al empezar el artículo hablaba de una nueva borrachera, la que sigue a la resaca de la “borrachera cósmica”. ¿Cual es esta borrachera moderna? No puedo ser profeta.

    Los partidos políticos se han percatado de este estado de ánimo de la juventud, que se apunta mas a experimentar ya vivir cosas nuevas que a sacrificarse en nombre del futuro. Por eso han acudido a los músicos, a los festivales. Gente metida en los ambientes musicales me han explicado la cantidad de manipuleos, ofertas y líos que están habiendo entre los músicos y los partidos, desde luego no deja de ser curioso que partidos que hace muy poco criticaban la actitud “frívola” o “pasada” de músicos y grupos de rock, partidos que sólo promocionaban a los “cantautores” de protesta “cívica”, ahora dan dinero y beneplácito a los anteriormente considerados como “malditos”, para atraer a la gente joven a sus mítines ya sus actos electorales. y los músicos necesitan plata, esto está claro. y actúan para los partidos que antes les maldecían, Ya veces hasta llegan a convertirse en profetas de la democracia, como en el caso de Oriol Tranvía, que hace poco era Oriol “el passat”.

    También quiero hablar del asunto libertario del que tanto se habla ahora. Cantidad de juventud más o menos freak se apuntan a eso y revistas como Ajoblanco han tomado el espíritu libertario o anarquista como lema de sus rollos. La cosa es un poco complicada. Por una parte el anarquismo ha tenido en España mucha importancia y la gente proletaria se apuntó a sus ideales de forma bastante masiva ya a partir del mismo comienzo de este siglo.

   Los viejos hicieron del anarquismo una vida eternamente nueva para ellos. De la más puteada explotación pasaban aun ideal total. Hasta el tabaco lo dejaron. Los jóvenes ven en el anarquismo una confirmación de algo que ya llevan más o menos encima. Para ellos el anarquismo no es un cambio total sino un paso más en su forma de vivir, opuesta a la de los adultos sometidos al orden. Son desmadrados. Ya veces el anarquismo solo es un recubrimiento de su desmadre. Y no quiero decir con esto que el desmadre sea algo condenable. Quiero decir que el desmadre es una reacción ya conocida frente al orden opresivo. El anarquismo de los viejos era una cosa desconocida hasta para ellos mismos. Era un gran descubrimiento.

   La otra cosa que me gustaría decir es que, desmadre aparte, los jóvenes anarquistas, los que están más o menos con la CNT o con otras organizaciones anarquistas, a veces están ahí CNTsolamente para defenderse de la oleada de politiquerías, de las palizas y sectarismos de los partidos políticos, de todo un follón político ascendente frente al cual los jóvenes en cuestión se sienten primero confusos, después desplazados (como perdidos, como si se quedaran al margen, perdiendo el tren) y finalmente se sienten hartos, hasta las narices. Entonces van y se apuntan a una organización anarquista, como la CNT, y desde allí se cagan en todos los partidos, amparados por la bandera rojinegra y por una tradición ácrata de muchos años. Y llega un momento en que están todo el día levantando la bandera anarquista y cagándose en los partidos y en todo lo que sea su organización. Y entonces, de hecho, se hallan metidos en las politiquerías que antes les “amuermaban”, aunque sea a la contra, pero al fin y al cabo hablando todo el día de los partidos, etc. No digo que la gente de la CNT sea así en su conjunto, pero sí que hay muchos jóvenes así. Y esto unido al afán recuperador y proselitista de los viejos hace que a veces todos se obsesionen con sus siglas y su bandera, en vez de ayudar a actividades concretas de la gente que quiere autorganizarse para algo... Y, a veces, la CNT cuando ve algún rollo así lo único que dice es: “entrad en la CNT”. y luego la CNT se llenará de gente que esperará que por el hecho de estar allí las cosas se organice solitas, y que lo único que sabrán hacer será dar la bronca contra los partidos y poca cosa más.

   En cuanto a Ajoblanco creo que la revista ha dado un salto un poco fantasmal hacia el anarquismo. Aunque sólo sea una cuestión un poco de estilo, yo diría que no hacía falta enterrar oficialmente a la “contracultura” y a los hippis, como hizo Ajoblanco, para lavarse de toda culpa y “pasarse” de repente al rollo libertario. Hay gente que ha sido hippie y freak y moderna y no ha necesitado tanto ropaje literario para seguir viviendo como lo hacen. Además los hippies y freaks son bastante conscientes de las ventajas e inconvenientes de la experiencia que han vivido, con todas sus contradicciones… En este aspecto, el rollo sobre el sexo que montó Ajoblanco estuvo muy bien. Las cosas claras y directas. Yo creo que si Ajoblanco quiere dejar de ser “freak-marginado-pasota” como dice, para pasar a ser más abierto a todo tipo de cambio social autoritario, debe tener en cuenta que la gente a quien se dirige son o han sido en buena parte “Freak-marginado-pasota”. y ello no quiere decir que tengan que seguir siendo como eran, pueden cambiar como de hecho lo hacen. y pueden cambiar en la misma dirección que apunta Ajoblanco en el fondo. En fin que para negar algo primero hay que afirmarlo. Para salir de la marginación hay que afirmarse en ella para ver de qué punto de partida se sale. Si no, uno puede quedarse a medio camino, volando.

…Toda una historia de la que yo solo he explicado un pequeño trocito. Mucha otra gente podría explicar lo suyo, sus grandes borracheras por el túnel del tiempo, sus vuelos nocturnos o espaciales, sus vaciladas, sus recuerdos amigables. Al acabar este rollo siento un gran cariño hacia todas las que recuerdo a través de mis historias, toda la gente que ha vivido las aventuras y las infinitas vueltas al coco ya los sentimientos que hemos dado para vivir nuestro rollo. Así que con mucho cariño corto el rollo y me voy a dar una vuelta. ¿Qué pasará mañana?

  Pues no sé. Besos

                    

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