UN BUEN LIBRO PARA LEER: El hombre sin atributos (I)    (1930) 

El Hombre Sin Atributos

 

  Robert Musil 

  Editorial:SEIX BARRAL (2004)

   

 

 

  

 

Fragmentos extraídos del tomo I:

26- La prostitución es precisamente una cuestión que cambia mucho según se la mire desde arriba o desde abajo.

29- Es un rasgo característicos de la cultura la arraigada desconfianza que siente el hombre a todos los que no entran en su propia esfera, o sea, que no solamente un germano considera a un judío como un ser inferior o inconcebible, si no que lo mismo piensa un futbolista de un pianista.

34- Si en el desenvolvimiento de cualquiera de estas funciones surgen dificultades, se desiste de ellas, no tardarán en presentarse otras, o bien alguien que haya errado el camino, nada de esto perjudica porque el máximo derroche de fuerza por la arrogancia de creerse llamado a completar un fin personal predeterminado.

En una colectividad… (fragmento genial).

35- La cosa nos tiene dominados. Día y noche viajamos dentro de ella y en ella, desarrollamos toda nuestra actividad; allí se afeita uno, come, ama, lee, ejerce el propio oficio, como si las cuatro paredes viajen sin que lo advirtamos y los raíles se proyecten como largos hilos tangibles y curvados hacia delante, pero sin saber hasta dónde. Por encima de todo, se pretende tomar parte de las fuerzas que guían el tren del tiempo, se ve que el paisaje ha cambiado; lo que aquí pasó, no puede ser de otra manera, pero pese a todo sentimiento de entrega, cada vez adquiere más fuerza un sentimiento desagradable, como de haberse pasado del lugar de destino o haber ido a parar a una falsa desviación. Un buen día aparece la frenética necesidad; ¡apearse!, ¡saltar! ¡Un deseo de ser impedido, de no seguir desarrollándose, de parar, de retroceder al punto que precede a un falso empalme!

52-      Clarisse:

             - «Poder prohibirse una cosa dañosa es prueba de fuerza vital. Al exhausto le seduce lo nocivo. ¿Qué piensas tú de esto? Nietzche  afirma que un artista que reflexiona demasiado sobre la moral de su arte, da muestras de debilidad»

75-      La probabilidad de adquirir conocimiento de un hecho extraordinario a través de los periódicos es mucho mayor que la de vivirlo; en otras palabras: lo más fundamental se realiza en abstracto y lo intrascendente en la realidad.

116-    Por desgracia, lo más difícil para la literatura es reproducir a un pensador. Un gran inventor al que se le preguntó cómo se las arreglaba para descubrir tantas cosas nuevas, respondió que reflexionando sin descanso. De hecho se puede afirmar que las ideas inesperadas se presentan impulsadas por la expectación. Son, en proporción no pequeña, producto de carácter, de tendencias constantes, de ambición tenaz y asiduo trabajo. ¡Qué aburrido tiene que ser esa perseverancia!

            Por otros conceptos, la solución de un problema intelectual se desenvuelve de manera semejante a un perro que intenta salir por una puerta estrecha con un bastón cruzado en la boca, mueve la cabeza a izquierda y derecha hasta que lo logra pasar. Nosotros hacemos otro tanto, con la diferencia de que no obramos de modo irreflexivo.

120-    … y mecánicamente se desarrolla entonces todo. La mirada de Bonadea le conmovía y le seducía a colmarla de caricias; al terminar, echaba nuevamente a ver lo poco que daban de sí. La increíble rapidez de tan bruscas mutaciones que transforman a un hombre normal en un enajenado espumarajeante, se le revelaba allí patentemente.

Ulrich emplea sus mejores energías en cosas innecesarias.

136-   En los años de madurez, pocos hombres se acuerdan de cómo han llegado a ser lo que son, de cómo han conseguido sus placeres, la concepción del mundo, su mujer, su carácter, su oficio y sus éxitos, y sienten no poder someterse ya a una transformación. Se podría incluso asegurar que han sido víctimas de un engaño; es imposible aducir una razón suficiente de que todo sucediera precisamente como sucedió; podría haber sucedido también de otra manera; sólo mínimamente los acontecimientos fueron producidos por ellos mismos, en su mayor parte dependieron de las más variadas circunstancias: del humor, de la vida, de la muerte de otros hombres; y se precipitaron, en un momento dado sobre ellos. En la juventud aparecía la vida como un mañana sin fin, llena de MiradaBposibilidades y de nada en todas direcciones, y ya al mediodía se presentó de improviso algo que pretendía ser su vida; todo eso era tan sorprendente como verse de pronto ante la persona con la que se ha mantenido correspondencia epistolar durante veinte años sin conocerla personalmente, habiéndosela imaginado antes distinta. Pero es todavía más extraño el hecho de que casi nadie lo nota; todos adoptan a la persona con la que se han cruzado, e incorporan su vida a la suya, juzgan sus experiencias como la expresión de sus atributos; su destino es su recompensa o su desgracia. Algo se ha comportado con ellos como una cinta insecticida con una mosca: la aprisiona por un élitro y le impide todo movimiento, la envuelve poco a poco hasta sepultarla en una forma que no corresponde a la originaria. Conservan un recuerdo vago de la juventud en que poseyeron algo así como una fuerza de oposición. Ésta otra fuerza empuja y zumba, se resiste a reposar y levanta una tempestad de movimientos de huida sin rumbo; la burla de la juventud, su rebelión contra lo vigente, su disponibilidad para todo heroísmo, para la propia abnegación y sacrificio, para el crimen, su fogosa seriedad y su inconstancia, todo…  

158- ¿Por qué no me he hecho peregrino? –pensó de repente Ulrich- Veía delante de sí una vida pura, sin compromiso, fresca y consuntiva, como aire limpio, el que no quiere dar su sí a la vida debería, por lo menos, pronunciar el no de los santos, todavía era imposible pensar sobre ello en serio. Tampoco podía dedicarse a la aventura, si bien es ésta una profesión que transforma la vida en una especie de noviazgo indefinido y sus miembros, así como su ánimo, sienten este placer. No había podido hacerse poeta, ni ser uno de los desengañados que solo creen en el dinero y en la violencia, aunque tengan cualidades para todo. Olvidó su edad, se imaginó tener 20 años; a pesar de todo, estaba íntimamente convencido de que no llegaría a ser nada de aquello; todo le atraía algo, pero una fuerza mayor le impedía alcanzarlo ¿Por qué vivía oscuro e indeciso? Sin duda, se decía a sí mismo, lo que le confinaba en una forma de existencia retirada y anónima no era más que el impulso coactivo hacia aquella asociación y disociación del mundo, el cual, expresado en un término con el que no gusta encontrarse a solas, se llama espíritu. Ulrich, sin saber por qué, se puso triste y pensó: “No me amo a mí mismo”.

162- El vivir ahora en un Estado bien organizado es algo tétrico; no se puede salir a la calle, ni beber un vaso de agua o subir al tranvía sin tocar algunos resortes de un aparato gigantesco de leyes y relaciones, sin ponerlos en movimiento o sin dejarse mantener por ellos en la paz de su propia existencia… 

171-No le interesaba comprenderlo mejor; su elemental instrucción judía, las sabias sentencias de su casa paterna, todo lo había olvidado de rabia; sentía además tan poca necesidad de ellas como tampoco una flor necesita de cuchara ni de tenedor para alimentarse con la savia de la tierra y del aire.

176- Este concepto de nacionalidad austro-húngara estaba de tal manera formado que es casi inútil intentar explicar a quien no lo haya adquirido por propia experiencia. No estaba constituido por una parte austriaca y otra húngara que, como se podría creer, se complementaban entre sí y formaban un todo, sino que lo componían un todo y una parte, o sea, el concepto de Estado húngaro y el otro concepto del estado austro-húngaro; este último tenía su morada en Austria, mientras el concepto de nacionalismo austriaco carecía de patria. El austriaco existía solo en Hungría, y allí, bajo la forma de aversión; en casa se llamaba a sí mismo súbdito de los reinos y países de la Monarquía austro-húngara representados en la Cámara, lo cual significaba tanto como declararse austriaco-más-un húngaro-menos-este-húngaro, y no lo hacía por entusiasmo, sino por amor a una idea que le repugnaba, pues no podía soportar a los húngaros como tampoco los húngaros a él; así es que el asunto se complicaba más todavía. Muchos se llamaban por eso polacos, checos, eslovenos o alemanes a secas, lo cual producía ulteriores divisiones.

182- (Pepi y Hans) La pasión del pienso la saciaban en un pesebre marmóreo con exquisita avena, con heno verde, al tintineo de las anillas del almartigón, esto y el vaho caliente del establo,,, penetrante olfato como alfileres punzantes de amoniaco, forzaba a decir: aquí hay caballos. La carrera era cosa distinta. A este respecto, su pobre alma está todavía ligada a la traílla; siente de alguna parte una orden, un movimiento determinado y se lanza al viento y al sol.

     Pepi y Hans eran caballos bien adiestrados a las bridas; trotaban golpeando con las pezuñas la soleada calle cercada de casas; las personas eran para ellos un hormigueo gris que no les causaba ni miedo ni alegría; los escaparates llamativos de las tiendas, las mujeres luciendo los más variados colores, como parcelas de prados no comestibles; los sombreros, corbatas, libros, brillantes a lo largo de la calle; un desierto. Solo dos islas de ensueño les  seduce de todo aquello: las caballerizas y el trote; de cuando en cuando, Hans y Pepi, se espantaban ante una sombra como si soñaran o jugaran, apretaban el timón, se dejaban refrescar nuevamente por un golpe plano del látigo y se abandonaban agradecidos a las bridas.

286- El vestido largo, su combinación, gorguera, chaqueta, volante, puntillas de encaje formaban un relieve cinco veces mayor que el auténtico, sugería la idea del cáliz de un flor cerrada, cargada de pétalos, en erótica tirantez ocultando en su interior el pistilo cándido y angosto que se dejaba escrutar y se hacía tremendamente apetecible. Era el procedimiento empleado por la naturaleza –al erizar el cabello de sus criaturas o al volverlas en nubes de oscuridad- para exaltar la conmoción del amor y del horror del éxtasis quimérico.

          La enunciación suya sigue así: “Por lo cual, queda la acción exenta de libre volición” mientras que la mía dice “por lo cual ya no posee él la capacidad de reconocer la ilegalidad de su acción". Tengo que confesar que, al principio, no me di cuenta de la maliciosa intención de esta antilogía.

308- Si se pregunta ingenuamente como ha llegado la ciencia a adquirir su configuración actual, se obtiene una respuesta distinta. Tal curiosidad es de suyo importante ya que estamos dominados por la ciencia, y ni siquiera un analfabeto se salva del influjo, porque también él aprende a convivir con innumerables cosas de la ciencia innata. Según una tradición fidedigna en el siglo XVI –una edad de agitadísimo movimiento espiritual- comenzó a disminuir el entusiasmo por la investigación de los secretos de la naturaleza, en el cual se había perseverado hasta entonces a lo largo de dos milenios de especulación religiosa, filosófica; los hombres de entonces empiezan a darse por satisfechos con estudiar la superficie sirviéndose de un método al que no se puede dar otro apelativo que de superficial. El gran Galileo Galilei, por ejemplo, el primer nombre que se cita siempre a ese propósito, prescindió de la pregunta de por qué causas intrínsecas tiene que sentir la naturaleza cierta timidez ante los espacios vacíos, de modo que obligue a un cuerpo suelto a atravesar en carrera vertical, espacio tras espacio hasta chocar contra el duro suelo; y se contentó con hacer un comprobación mucha más vulgar; estableció simplemente la velocidad del cuerpo que cae, recorrido que describe, el tiempo que emplea y la aceleración de la caída. La Iglesia Católica cometió un grave error al amenazar a tal hombre con la muerte y obligarle a retractarse, en vez de liquidarlo sin tanta consideración: porque de su sistema de ver las cosas y del de sus congéneres científicos, han surgido en un brevísimo tiempo, -si se atiende al rimo de la historia- las guías ferroviarias, las máquinas, la psicología y la corrupción moral de los tiempos actuales, contra lo cual la Iglesia no puede poner ya remedio. Probablemente se debió a el error a la excesiva prudencia eclesiástica, pues Galileo no solo fue el descubridor del movimiento de la tierra y de la ley de la caída de los cuerpos, sino que fue también un inventor por el que se interesó el gran capital, según se diría en el lenguaje de hoy. No fue él, por lo demás, el único influido por aquel espíritu nuevo; al contrario que los relatos históricos, revelan como el frío positivismo que le animaba se difundía rápido y brutal como un epidemia; y por muy mal que suene actualmente llamarle a uno poseso de positivismo, y pensando que estamos hartos de él, el despertar de la metafísica de aquel tiempo y su paso a la contemplación severa de las cosas tuvo que haber sido, según toda clase de los testimonios, un uero, una borrachera de positividad. Pero cuando se pregunta sobre los motivos que movieron a la humanidad a cambiar tan sorprendentemente de postura, salta espontánea la respuesta: la humanidad no hizo más que lo que todo niño sensato al echar prematuramente andar; la humanidad, se sentó sobre la Tierra, tocando a ésta con una parte del cuerpo no muy digna pero segura, con esa con la que todos nos sentamos. Lo curioso del caso es que la tierra se ha demostrado tan extraordinariamente sensible a este contacto y se deja desde entonces arrancar tal profusión de invenciones, utilidades y conocimientos que rayan en lo milagroso.

333- Platón reconocería en la redacción de un periódico aquel topos uranios, la patria celestial de las ideas, la cual fue descrita por él en términos tan impresionantes que todavía hoy día todas las personas de bien, cuando hablan a sus hijos o a sus subordinados son por eso idealistas y naturales. Si Platón se presentara de improviso en las oficinas de una redacción, si hablara y demostrara ser él aquel gran escritor muerto hace ya más de dos mil años, suscitaría Platonuna admiración enorme y recibiría las más lucrativas ofertas de trabajo. Si fuera entonces capaz de escribir en el espació de tres semanas un libro filosófico con las memorias de algún viaje, otro libro con algunos miles de sus cuentos más conocidos y si consiguiera filmar alguna que otra de sus antiguas obras, seguro que no lo pasaría mal durante bastante tiempo. Pero apenas hubiera perdido actualidad su retorno, y en cuanto el señor Platón se hubiera decidido a poner en acto algunas de sus famosas ideas –que nunca han logrado imponerse del todo- el jefe de redacción le invitaría, a lo más, a escribir de cuando en cuando, algún pulcro articulito en el suplemento literario de la hoja dominical (pero, a poder ser, una cosa ágil, airosa, nada de pesadez en el estilo, y respetando el gusto de los lectores; el redactor de la página añadiría que, por desgracia, se veía obligado a limitar su colaboración al máximo de un artículo por mes, en consideración a otros muchos escritores de talento. Y los dos señores quedarían tan contentos, con la sensación de haber hecho un gran favor a un hombre que es, en efecto, el decano de todos los publicistas europeos, pero algo pasado y en cuanto a valor de actualidad, insignificante al lado de un hombre como Paul Arnheim.

356- Después de éste llego otro que le dijo: cuando voy por la calle, -más interesente aún que viajando en tranvía- suelo contar ya desde hace años, los palos de las letras grandes que aparecen en los rótulos de las tiendas (la A se compone, por ejemplo, de tres; la M de cuatro), y divido el total de palos por el número de letras. Hasta ahora, el resultado ha sido de dos y medio; claro está que no es definitivo y que en cada calle puede ser distinto; al repetir después la prueba se siente inquietud en caso de discrepancia y alegría si coincide, lo cual se asemeja a los efectos depuradores atribuidos a la tragedia. Si luego se cuentan las letras mismas, entonces –el sí puede convencerse- la divisibilidad de la suma entre tres resultará una feliz casualidad, razón por la cual, la mayor parte de las veces dejaban los letreros un sentimiento de insatisfacción, incluso las formadas por letras masivas, es decir, por caracteres gráficos con 4 palos, por ejemplo los de WCM, que siempre producen un gran placer. ¿Qué se concluye con esto? –dijo el visitante- Que el Ministerio de Sanidad debería dar una orden en la que se recomendara a los propietarios de negocios la elección de letras de cuatro palos para sus carteles propagandísticos, y en la que, al mismo tiempo, se impidiera, en la medida de los posible, el empleo de letras de un solo palo como O, S, I, C, pues su simplicidad infundía tristeza.

            Ulrich volvió a mirar fijamente al hombre, cuidando a mantenerle a cierta distancia, pero, en realidad, aquel señor no daba la impresión de tener la mente perturbada, aparentaba ser un hombre de bien, y pertenecer a la “mejor sociedad”, tendía algo más de treinta años y demostraba ser inteligente y amable. Prosiguió sus explicaciones diciendo que el cálculo mental es cualidad indispensable en todas las profesiones; que el método de practicar, la enseñanza en forma de juego responde a la moderna pedagogía; que la estadística había revelado profundos resultados ya mucho antes de encontrar su explicación; que eran conocidos los grandes perjuicios ocasionados a la ficción, a la lectura; y que, en fin, hablaría por si sola la excitación provocada por tales averiguaciones por cualquiera que se decidiera a realizarlas personalmente. Si el Ministerio de Sanidad se apoderaba de su descubrimiento y lo tomaba en consideración, las demás naciones seguirían pronto su ejemplo, y el año jubilar se convertiría en una bendición para la Humanidad.

450- Esta mezcla de elementos espirituales y corpóreos había influido ya desde un principio y Clarisse no se admiraba de ello, pues nada le parecía más natural que eso que dice Nietzche: Que el cuerpo de una persona es su alma.

459- … pronto dirigió su atención a lo que era el origen de casi todos los fenómenos inexplicables de Kakania, y que llevaba el nombre de «naciones irredentas». Se hacía omo si el nacionalismo fuera una mera invención de los proveedores militares, pero había que intentar alguna vez hacer una aclaración

AustriaHungriaMap

más amplia, a la cual contribuyó Kakania con una interesante aportaciñon. Los habitantes de aquella doble monarquía imperial y real se encontraban en una difícil situación; debían sentirse patriotas en un estado imperial y real de Austria y Hungría pero, igualmente del reino húngaro o del Estado imperial real de Austria. El lema comprensible frente a tales dificultades era :”En unión de fuerzas”. Esto solo significaba «viribus initis». Pero para ello los austriacos necesitaban de más fuerzas que los húngaros, pues los húngaros eran, a fin de cuentas, húngaros y solo por concomitancia pasaban ante otros que no entendían su lengua, como austro-húngaros. En cambio, los austriacos no eran en principio nada y según opinión de sus superiores debían sentirse tanto húngaros de Austria como austro-húngaros; no había un nombre para designarlos debidamente. Las dos partes, Austria y Hungría, cuadraban la una junto a la otra, como una chaqueta rojo-blanco-verde con pantalones negro-amarillos; la chaqueta era de una pieza, los pantalones sin embargo, eran el resto de un traje negro-amarillo descompuesto, separado de su chaqueta en el año 1877. Los pantalones de Austria se llamaron entonces en términos oficiales “Reinos y provincias representados en el Parlamento”, lo que, naturalmente no significaba nada, reduciéndose al fin a un nombre de tantos, sucedía con AustriaHungriaNacaquellos reinos lo mismo que con shakerpearianos de Lodomeria e Iliria, que hacía ya muchísimo tiempo que habían dejado de existir y que no existían ya entonces, cuando todavía había un traje entero de color negro y amarillo. Por tanto, si se preguntaba a un austriaco de dónde era, no podía, como es natural, responder: “soy de los Reinos y provincias representados en el Parlamento” que ya no existen, en consecuencia, preferían decir soy polaco, checo, italiano, frailuno, ladino, esloveno, croata, servio, eslovaco, ruteno o valaco; esto era llamado nacionalismo.

513- …por añadir era que el sentido del profundo misterio de la persona humana se ha echado a perder hoy día casi universalmente. Este misterio consiste en aceptar que no todo es permisible. Las épocas en que se proclama la licitud total, han hecho infelices a los que las han vivido. Disciplina, continencia, caballerosidad, música, costumbres, poesía, forma, prohibiciones, todo esto no tiene otra justificación que la dar a la vida una configuración definida y limitada. La felicidad sin límites no existe. No hay felicidad grande sin grandes prohibiciones. Tampoco en los negocios se puede correr detrás de cualquier ventaja, tal actitud no conduce a nada. En la limitación, el secreto de la fuerza, el de la felicidad, el de la fe y el del deber del hombre de considerarse un ser microscópico en medio de Universo.

646- -«¡Pero si yo no escribo!»- replicó Ulrich secamente.

-«¡Hace bien! –contestó Arnheim adaptándose a la réplica- escribir es, como la perla, una enfermedad».

 

 

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