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SalamandraTurquesa 

 

Artículo del mes: Septiembre

DedoIndice

 

FRAGMENTOS DE LIBROS.  EL RETRATO DE DORIAN GREY (1890)                                                             The Picture of Dorian Gray

ElRetratoDeDorianGrey

 

    Oscar Wilde    (Dublín, Irlanda perteneciente al Reino Unido en 1854, fecha del nacimiento del autor- )  

       

       Editorial    :   Editorial HOMO LEGENS - BIBLIOTHECAHOMOLEGENS. 

                          

     Traducción:   Alejandro Caja

 

 Fragmentos de libros

 

 

    Del   CAPÍTULO  I

- La conciencia y la cobardía son en realidad la misma cosa, Basil. «Conciencia» es el nombre comercial que le damos a la mercancía. Eso es todo.

… Es triste pensar en ello, pero sin duda el Genio dura más que la Belleza. Eso explica el hecho de que nos tomemos tanta molestia en educarnos a nosotros mismos. En la lucha salvaje por la existencia, queremos poseer algo que perdure y por eso nos llenamos la cabeza de cosas inservibles y de hecho, con la esperanza vana de no perder la silla. El hombre perfectamente informa, ese es el ideal moderno es algo espantoso. Es como un baratillo, todo monstruos y polvo, y todo tasado muy por encima de su verdadero valor. En cualquier caso, creo que tú te cansarás primero. Un día mirarás a tu amilo y lo verás un poco desdibujado o no te gustara el tono de su tez, o cualquier otra cosa. En el fondo de tu corazón lo repudiarás con amargura, y pensarás seriamente que se ha portado muy mal contigo. Cuando vuelva a llamarte, te mostrarás frío e indiferente. Sería una verdadera pena, porque eso te cambiará. Lo que acabas de contarme es una historia de amor en toda regla, una historia de amor artístico, podría decirse, y lo pero de tener una historia de amor de cualquier tipo es que uno acaba convirtiéndose en la persona menos romántica del mundo.

- Harry, no hables así…

Del  CAPÍTULO  II

… Entretanto el pintor había estado ocupado mezclando los colores y preparando los pinceles. Se le veía inquieto, y al oír esta última observación de lord Henry levantó la visa hacia él, titubeó un instante y luego dijo:

- Harry, quisiera acabar hoy este cuadro. ¿Sería demasiado grosero de mi parte rogarte que te marcharas?

Lord Henry sonrió y miró a Dorian Gray.

- ¿Debo marcharme, Mr. Gray?

- Oh, no lo haga, por favor, lord Henry. Veo que Basil ha cogido una de sus rabietas. No lo soporto cuando se enfurruña. Además, tiene usted que explicarme por qué no debería yo dedicarme a la filantropía.

- No sé si debo hablarle de eso, Mr. Gray. Se trata de algo tan aburrido que no queda más remedio que hablarlo en serio. Pero no me iré, de ningún modo, ya que usted me pide que me quede. ¿Verdad que no te molesta, Basil? A menudo me has confesado que te agradaba que tus modelos tuvieran alguien con quien charlar.

Hallward se  mordió la lengua.

- Si Dorian así lo quiere, debes quedarte, por supuesto. Los caprichos de Dorian son leyes para todos, excepto para él…

NarcisoEnSuelo

… creo que si un hombre viviera plena y satisfactoriamente su vida, si diera forma a cada sentimiento, expresión a cada pensamiento, realidad a todo sueño… Creo que el mundo adquiriría un renovado impulso de alegría que nos haría olvidar todos los males del medievalismo y no llevaría de vuelta al ideal helénico. Pero el hombre más valiente entre los nuestros tiene miedo de sí mismo. La mutilación del salvaje sobrevive trágicamente en es tendencia de autonegación que arruina nuestras vidas. Se nos castiga por nuestras renuncias, cada impulso que nos esforzamos en ahogar anida en nuestra mente y nos envenena. El cuerpo peca una sola vez y acaba con el pecado, porque l acción es una forma de purificación. Luego nada queda, salvo el recuerdo de un placer o la voluptuosidad del arrepentimiento. La única manera de librarse de la tentación es caer en ella. Resístete, y tu alma crecerá enferma del anhelo de las cosas que se ha prohibido a sí mismo, ávida de aquello que leyes monstruosas han convertido en monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo se producen en el cerebro. Y es en el cerebro, y solo en el cerebro, donde se cometen los grandes pecados del mundo. Usted mismo, Mr. Gray, en quien florecen la rosa roja de la juventud y la rosa blanca de la niñez, usted ha albergado pasiones que le han atemorizado, pensamiento que le han llenado de terror, sueños y ensueños, cuyo solo recuero tiñe de vergüenza sus mejillas…

… No, usted no lo siente así ahora. Algún día, cuando esté usted viejo y marchito y feo, cuando las cavilaciones hayan labrado de arrugas su frente y la pasión consumido sus labios en fuegos horribles, entonces lo sentirá, lo sentirá horriblemente.  Ahora, dondequiera que vaya, seduce usted al mundo. ¿Será así siempre? Tiene usted un rostro maravillosamente vello, Mr. Gray. No frunza el ceño, es así. Y la Belleza es una forma de Genio, pues no necesita de explicación alguna. La Belleza es una de las verdades del mundo, como la luz del sol o la primavera, como el reflejo en las aguas oscuras de esa concha de plata que decimos Luna. Es lago que no se puede poner en duda, su reinado es una ley divina. Convierte en príncipes a quienes la poseer. ¿Sonríe usted? No lo hará cuando la haya perdido, no lo hará. Alguna gente dice que la Belleza no pasa de ser algo superficial. Tal vez sea así, pero al menos no es tan superficial como el Pensamiento. Para mí, la Belleza es la maravilla de las maravillas. Solo la gente superficial no juzga por las apariencias. El verdadero misterio del mundo reside en lo visible, y no en lo que no se puede ver… Sí, Mr. Gray, los dioses han sido buenos con usted, pero lo que los dioses dan, enseguida lo quitan…

...

 

DEL CAPÍTULO  III

- Puedo simpatizar con cualquier cosa excepto con el sufrimiento –dijo lord Henry encogiendo los hombres. No puedo simpatizar con eso. Es demasiado feo, demasiado horrible, demasiado penoso. Hay algo terrible en el dolor. Deberíamos simpatizar con el color, con la belleza, con el goce de vivir. Cuanto menos se diga acerca de las miserias de la vida, mucho mejor.

EastEnd- A pesar de todo, el East End es un problema muy importante –observó sir Thomas, moviendo con seriedad la cabeza.

- Desde luego –respondió el joven lord-. Es el importante problema de la esclavitud, y nosotros tratamos de resolverlo entreteniendo a los esclavos.

El político clavó en él sus ojos.

- Entonces, ¿qué propone usted a cambio? –le preguntó.

Lord Henry se echó a reír.

- No deseo cambiar nada en Inglaterra salvo el clima –repuso-. Estoy bastante satisfecho con la contemplación filosófica. Pero, visto que el siglo diecinueve ha terminado en la bancarrota por un despilfarro de simpatía, sugiero que deberíamos acudir a la Ciencia para volver al buen camino. Lo provechoso de las emociones es que nos llevan por el mal camino, y lo provechoso de la Ciencia es que no es sentimental.

- Pero tenemos unas responsabilidades, tan graves –aventuró tímidamente Mrs. Vandeleur.

- Terriblemente graves -.repitió lady Agatha.

Lord Henry se volvió hacia Mr. Erskine.

- La humanidad se toma a sí misma demasiado en serio, ese es el pecado original del mundo. Si el hombre de las cavernas hubiera sabido reír, la Historia habría sido bien diferente.

- Es usted un verdadero consuelo –gorjeó la Duquesa-. Siempre me he sentido muy culpable cuando visitó a su querida tía, pues no siento el menor interés por el East End. En el futuro seré capaz de mirarla a la cara sin ruborizarme.

- Ruborizarse es muy favorecedor, Duquesa –observó lord Henry.

- Solo si se es joven –contestó ella-. Cuando una mujer vieja como yo se ruboriza, es una mala señal. Ah, lord Henry… Me gustaría que me dijeses usted cómo volver a ser joven.

Se paró a pensar un instante.

- ¿Puede usted recordar algún grave error cometido en sus años tiernos, Duquesa? –le preguntó, mirándola desde el otro lado de la mesa.

- Un montón de ellos, me temo –exclamó ella.

- Pues vuelva a cometerlos –dijo él, seriamente-. Para volver a la juventud simplemente hay que repetir las locuras que uno hizo.

- Una teoría deliciosa –exclamó ella-. Tengo que ponerla en práctica.

- Una teoría peligrosa –dijeron los labios apretados de sir Thomas. Lady Agartha movió la cabeza, pero no puedo evitar sentir cierto regocijo. Mr. Erskine escuchaba.

- Sí –continuó él-, este es uno de los grandes secretos de la existencia. Hoy en día la mayoría de la gente muere de una especie de rastrero sentido común, y descubren demasiado tarde que de lo único que nunca nos arrepentimos es de los propios errores.

Una carcajada corrió por la mesa…

Sibyl vane by katatman

Dorian Gray - Sibyl Vane      by Katatman

Del   CAPÍTULO  IV

... - ¿Quién es ella?

- Se llama Sibyl Vane.

- Nunca la he oído nombrar.

- Nadie lo ha hecho. Pero algún día todos la conocerán. Es un genio.

- Mi querido chico, ninguna mujer es un genio, Las mujeres son un sexo decorativo. Nunca tiene nada que decir, pero lo dicen misteriosamente. Las mujeres representan el triunfo de la materia sobre el espíritu, del mismo modo que los hombre representan el triunfo del espíritu sobre la moral.

- Harry, ¿cómo puedes?

- Mi querido Dorian, es totalmente cierto. Últimamente me estoy dedicando a analizarlas, así que algo debo saber. La cosa no es tan abstrusa como yo pensaba. He averiguado que, fundamentalmente, hay dos tipos de mujeres, las que se pintan y las que no. Las mujeres que no se pintan son muy útiles, si quieres tener una buena reputación, ser considerado una persona respetable, simplemente tienes que llevarlas a cenar. Las otras mujeres son tremendamente encantadoras, pero cometen un error, se pintan con la intención de parecer jóvenes. Nuestras abuelas se pintaban para ser brillantes al hablar, el rouge y el esprit solían ir juntos. Pero eso se acabó. Cuando una mujer puede aparentar diez años menos que su propia hija, se da por satisfecha. En cuanto a la conversación, solo hay cinco mujeres en Londres con las que merezca la pena hablar, y dos de ellas no pueden ser admitidas entre la sociedad decente. En cualquier caso, háblame de tu genio. ¿Cuánto hace que la conoces?...

… - ¿Me ves así de superficial? –exclamó Dorian enfadado.

- No, te veo así de profundo.

- ¿Qué quieres decir?

PicDorGrey Dibujo- Mi querido muchacho, las personas que aman una sola vez en su vida son las verdaderamente superficiales. Lo que ellas llaman su lealtad y su fidelidad, yo lo llamo la abulia de la costumbre o su falta de imaginación. La fidelidad es a la vida emocional lo que la consistencia a la vida del intelecto, simplemente la confesión de su fracaso. ¡Fidelidad! Algún día tendré que analizarla. Son muchas las cosas de las que nos desharíamos si no tuviéramos miedo de que otros pudiesen recogerlas. Pero no quiero interrumpirte, sigue con tu relato…

… ella me dijo con toda sencillez: «Se parece usted más a un príncipe. Voy a tener que llamarle el Príncipe Encantador».

- Palabra, Dorian, miss Sibyl Vane sabe hacer un cumplido.

- Tú no la comprendes, Harry. Ella me veía simplemente como al personaje de una obra. No sabe nada de la vida. Vive con su madre, una mujer paliducha y demacrada que la primera noche interpretaba a lady Capuleto envuelta en algo parecido a una túnica magenta, y que parece haber conocido días mejores.

- Sé de lo que hablas. Y me deprime –dijo lord Henry examinando sus anillos.

- El judío quería contarme su historia, pero le dije que no me interesaba.

- Hiciste bien. Siempre hay algo infinitamente mezquino en las tragedias de los demás.

- Sibyl es lo único que me preocupa. ¿Qué me importa de dónde viene?...

… tal vez sería mejor que le escribieras tú. No quiero verle a solas, dice cosas que me molestan. Se empeña en darme buenos consejos.

Lord Henry sonrió.

- A la gente le gusta mucho andar repartiendo aquello de lo que está más necesitada. Es lo que yo llamo el colmo de la generosidad.

- Oh, no hay mejor compañero que Basil, pero me parece que tiene algo de filisteo. Lo descubrí al conocerte a ti, Harry.

- Basil, mi querido chico, pone en su obra todo lo que tiene de encantador. La consecuencia es que no guarda nada para la vida salvo sus prejuicios, sus principios y su sentido común. Los únicos artistas que conozco que son deliciosos en lo personal, son malos artistas. Los buenos artistas existen simplemente en su hacer, y en consecuencia son perfectamente aburrido en su ser. Un gran poeta, un poeta realmente grande, es la menos poética de las criaturas. En cambio, los poetas inferiores son absolutamente fascinantes. Cuanto peores son las rimas, más pintoresco es el aspecto. El mero hecho de haber publicado un libro de sonetos de segunda categoría hace irresistible a un hombre. El vive la poesía que no puede escribir, los otros escriben la poesía que no se atreven a poner en práctica.

- Me pregunto si realmente es así, Harry –dijo Dorian Gray, echando en su pañuelo un poco de perfume de un gran frasco con tapón dorado que había sobre la mesa-. Debe serlo, si tú lo dices. Y ahora me voy. Imagen me espera. No olvides lo de mañana. Adiós, Harry.

Cuando abandonó la habitación, los pesados párpados de lord Henry se cerraron y comenzó a pensar…

Giordano-bruno… Alma y cuerpo, cuerpo y alma, ¡qué misteriosos eran! Hay cualidades animales en el alma, y el cuerpo tiene sus momentos de espiritualidad. Los sentidos pueden refinarse y el intelecto se puede degradar. ¿Quién podía decir dónde cesa el impulso carnal o dónde comienza el impulso físico? ¡Qué superficiales eran las definiciones arbitrarias de los psicólogos vulgares! ¡Y qué difícil decidir entre las afirmaciones de las diferentes escuelas! ¿Es el alma una sombra que habita la casa del pecado? ¿O es el cuerpo el que está realmente dentro del alma, como pensaba Giordano Bruno? La separación del espíritu y la materia es un misterio, y otro misterio su unión.

Empezó a preguntarse si alguna vez podríamos hacer de la psicología una ciencia absoluta capaz de revelar cada pequeño renuevo de vida. Mientras tanto, nunca nos comprendemos a nosotros mismos, y rara vez comprendemos a los demás. La experiencia no tiene valor ético, es simplemente el nombre que los hombres dan a sus errores. Los moralistas, por norma, la vez como una clase de advertencia, han reclamado para ella cierta eficacia ética en la formación del carácter, la han elogiado como algo que nos enseña el buen camino a seguir y aquel otro que debemos evitar. Pero en la experiencia no hallamos fuerza motriz alguna. Es tan insignificante como causa que mueve a la acción como lo es la conciencia misma. Lo único que ha podido demostrar es que nuestro futuro será idéntico a nuestro pasado, y que el pecado que una vez cometimos con repugnancia, lo volveremos a cometer muchas veces con gozo…

 

Del   CAPÍTULO  VI

- Espero que sea una buena chica, Harry. No quiero ver a Dorian atado a una criatura vil, que pueda arruinar su carácter y su inteligencia.

- Oh, es más que una buena chica, es bella –murmuró lord Henry, dando un sorbo a su copa de vermú con naranjas amargas-, Dorian dice que es bella, y no suele equivocarse en ese tipo de cosas. El retrato que le hiciste le ha enseñado a apreciar la apariencia física en los demás, el cuadro ha tenido ese excelente efecto, entre otros. Hoy conoceremos, si el muchacho no olvida su cita.

- ¿Hablas en serio?

- Completamente en serio, Basil. Sería muy desdichado si pensara que puedo llegar a hablar más en serio de lo que estoy haciendo en este preciso instante.

- Pero ¿tú lo apruebas, Harry? –preguntó el pintor, paseando de un lado a otro de la habitación y mordiéndose el labio-. Es imposible que lo apruebes, no se trata más que de un estúpido capricho.

- Yo ya no apruebo ni dejo de aprobar nada, jamás. Es una actitud absurda ante la vida, no nos han traído al mundo a airear nuestros prejuicios morales. Nunca presto atención alguna a lo que dice la gente vulgar, y nunca interfiero en lo que hace la gente con encanto. Si una personalidad me fascina, cualquier modo de expresión que dicha Mesalina-agostino-carraccipersonalidad elija es para mí una delicia. Dorian Gray se enamora de una bella joven que interpreta a Julieta, y se propone casarse con ella. ¿Por qué no? Si se casara con Mesalina no sería menos interesante. Tú sabes que no soy ningún entusiasta del matrimonio. La verdadera desventaja del matrimonio es que nos vuelve poco egoístas, y las personas poco egoístas son aburridas, carecen de individualidad. Sin embargo, hay ciertos temperamentos que se hacen más complejos con el matrimonio, conservan intacto su egoísmo y le añaden muchos otros egos. Se ven forzados a tener más de una vida. Se convierten en personas más y mejor organizadas, y estar mejor organizado es, diría yo, el objetivo de la existencia del ser humano. Además, toda experiencia tiene su valor, y por más que pueda decirse en contra del matrimonio, ciertamente es una experiencia. Espero que Dorian Gray convierta a esa chica en su esposa, que la adore apasionadamente durante seis meses, y que luego, de repente, quede cautivado por otra. Sería un caso digno de estudio.

- No crees en nada de lo que dices, Harry,…

»… Es un voto irrevocable que quiero hacer. La confianza de Sybil me inspira fidelidad, su fe me hace bueno. Cuando estoy con ella, me lamento de todo lo que me has enseñado. Me convierto en una persona diferente  la tú has conocido, me siento otro, y el simple roce de la mano de Sibyl Vane hace que me olvide de ti y de todas tu erróneas, fascinantes venenosas y deliciosas teorías.

- ¿Y qué teorías son…?

- ¡Oh, tus teorías sobre la vida, tus teorías sobre el amor, tus teorías sobre el placer! En fin, todas tus teorías, Harry.

- El placer es la única cosa acerca de la cual merece la pena tener una teoría –respondió, con su voz grave y melodiosa-. Pero mucho me temo que no puedo reclamar esa teoría como propia, pertenece a la Naturaleza, no a mí. El placer es la condición que nos impone la Naturaleza, su señal de aprobación. Cuando somos felices siempre somos buenos, pero cuando somos buenos no somos siempre felices.

- ¡Ah! ¿Pero a qué te refieres cuando dices «buenos»?

- Ser bueno consiste en estar en armonía con uno mismo –respondió, rozando el tallo de la copa con sus dedos puntiagudos y pálidos-. La disonancia aparece cuando uno se ver forzado a estar en armonía con los demás. La propia vida, eso es lo más importante. En lo que se refiere a la vida que llevan nuestros vecinos, si uno quiere ser un mojigato o un puritano, puede ocuparse de ella para airear sus convicciones morales, pero no es asunto de su incumbencia. Además, el Individualismo es en verdad el objetivo más elevado. La moralidad moderna consiste en aceptar lo que la época tiene por norma, y considero que, para cualquier hombre cultura, aceptar la norma de su época es la forma más grosera de inmoralidad…


Dorian3

… Cuando estaba girando el pomo de la puerta, sus ojos se fijaron en el retrato que le había pintado Basil Hallward. Retrocedió como sorprendido. Pero continuó y entró en su habitación, algo perplejo. Tras desprender la flor del ojal de su chaqueta, pareció dudar. Finalmente dio la vuelta, fue hacia el cuadro y lo examinó. A la luz tenue que se filtraba a través de las persianas de seda color crema, le pareció que algo en el rostro había cambiado. La expresión era diferente. Se hubiera dicho que había un rastro de crueldad en la boca. Era extraño, sin duda.

Se giró, fue hacia la ventana y levanto la persiana. La luz del alba inundó la habitación barriendo las sombras fantásticas, que se agazaparon trepidantes en los rincones oscuros. Pero la extra expresión que había advertido en el rostro parecía seguir allí, y era incluso más intensa. La luz vibrante, ardiente del sol le mostró las líneas de crueldad alrededor de la boca con tanta claridad como si se estuviera mirando en un espejo después de haber hecho algo espantoso.

ArtVictorianoGotSe estremeció, cogió de la mesa un espejo ovalado enmarcado en cupidos de marfil, uno de los muchos regalos de lord Henry, y miró en sus profundidades bruñidas. Ninguna arruga similar desfiguraba sus labios rojos. ¿Qué significaba aquello?

Se frotó los ojos y, acercándose al cuadro, lo examinó de nuevo. Al mirar el retrato, no se veían en él indicios de cambio alguno, pero era indudable que la expresión del rostro era otra. No eran simples imaginaciones suyas, se trataba de una horrible evidencia.

Se dejó caer en un sillón y se puso a pensar. De repente relampagueó en su mente lo que había dicho en el estudio de Basil Hallward el día que el pintor dio por terminado el cuadro. Sí, lo recordaba a la perfección. Había pronunciado en voz alta el loco deseo de mantenerse joven y que fuera su retrato el que envejeciera…

 

Del   CAPÍTULO  VIII

»… Pero pensé que era mi deber. No es culpa mía que esta terrible tragedia me haya impedido hacer lo correcto. Una vez, lo recuerdo, te oí decir que cierta fatalidad acompaña siempre a la decisión de cambiar para bien, que siempre se toma cuanto ya es demasiado tarde. En mi caso, desde luego, así ha sido.

- La decisión de cambiar es un intento inútil de impedir que se cumplan las leyes científicas. Su origen es la pura vanidad. Sus consecuencias, nulas. Eso sí, de vez en cuando nos proporciona ese tipo de emociones volumpuosas y estériles que guardan cierto encanto para los débiles. Eso es todo lo que se puede decir a su favor. No es más que un cheque que los hombres extienden contra un banco en el que no tienen cuenta…

 »… Si se les permitiera hacer las cosas a su manera, todas las comedias tendrían un final trágico y todas las tragedias desembocarían en una falsa. Son deliciosamente artificiales, pero no tienen sensibilidad alguna para el arte. Eres más afortunado que yo. Dorian, te aseguro que ninguna de las mujeres que he conocido habría hecho por mí lo que Sibyl Vane ha hecho por ti. Las mujeres corrientes siempre encuentran consuelo en sí mismas. Algunas lo hacen dando color a sus sentimiento –nunca confíes en una mujer que vista de malva, tenga la edad que tenga, ni en una de más de treinta y cinco que sea aficionada a las cinco rosas, eso significa que tienen un pasado-. Otras hallan un gran consuelo en el descubrimiento repentino de las estupendas cualidades y de sus maridos, y alardean de su felicidad conyugal en nuestras narices, como si se tratara del pecado más fascinante. También la religión consuela a algunas; sus misterios tienen todo el encanto de un coqueteo…

 

Del   CAPÍTULO  X

    ... 

    … Cuando la puerta se cerró. Dorian se guardó la lleva en el bolsillo y examinó la habitación. Sus ojos se fijaron en una gran colcha de satén bordada profusamente en oro, una espléndida pieza de artesanía veneciana de finales del siglo XVII que su abuelo había encontrado en un convento cercano a Bolonia. Si, la colcha serviría para envolver con ella el objeto del horror. Tal vez había sido utilizada a menudo como mortaja. Ahora serviría para ocultar algo que incubaba su propia corrupción, una corrupción peor que la de la misma muerte, algo capaz de engendrar horrores y que sin embargo nunca moriría. Lo que los gusanos son para el cadáver, sus pecados lo sería para la imagen pintada en el lienzo. Mancillarían su belleza y devorarían su gracia, lo corromperían y lo cubrirían de vergüenza. Y, sin embargo, aquello seguirá viviendo. Siempre estaría vivo…

 

     Del   CAPÍTULO  XI

   …

   … A menudo, al volver a casa de una de aquellas ausencias misteriosas y prolongadas que alimentaban tan extrañas conjeturas entre quienes eran sus amigos o creían serlo, él mismo subía a escondidas a la habitación cerrada, abría la puerta con la llave que ya siempre llevaba consigo, y se quedaba de pie frente al retrato que Basil Hallward le había hecho, sosteniendo un espejo de mano, y mirando ora el rostro vil y envejecido en el lienzo, ora el rostro joven y hermoso que le devolvía la sonrisa en el vidrio azogado. La brutalidad del contraste solía hacer más intensa su sensación de placer. Fue enamorándose cada vez más en la corrupción de su alma. Examinaba con minu
ManoEnRetratociosidad, y algunas veces con terrible y monstruoso deleite, los pliegues horrendos que abrasaban la frente arrugada o reptaba en torno de la boca exuberante y sensual, preguntándose a veces qué era más horrible, si la huella del pecado o la del paso del tiempo. Posaba sus manos blancas junto a las manos rugosas y tumefactas del retrato y se reía, y se mofaba, remedando delante del cuadro la figura de aquel cuerpo deforme y de miembros enflaquecidos.

De hecho, había momentos en noches insomnes en que, acostado en su dormitorio delicadamente perfumado o en la habitación sórdida de la taberna de mala nota cercana a los Docks que, con disfraz y nombre falso, solía frecuentar, pensaba en la ruina que él mismo había llevado a su alma con una autocompasión puramente egoísta, que por ello se hacía aún más patética y punzante. Pero estos momentos eran poco frecuentes. Aquella curiosidad por la vida que lord Henry había despertado en él la tarde que pasaron juntos en el jardín del amigo común, parecía aumentar a medida que se la satisfacía. Cuanto más sabía, más deseaba saber. En él vivían apetitos insanos, que se volvían más y más voraces al alimentarlos…

… La gasa inconsútil y oscura se retira, un velo tras otro, y las formas y los colores resurgen gradualmente en las cosas, y contemplamos el alba devolviéndole al mundo su antiguo aspecto. Los pálidos espejos recuperan su vida mimética. Las veas apagadas siguen donde las habíamos dejado, y a su lado descansa el libro entreabierto que estuvimos estudiando, o la flor prendía en su alambre que lucimos en le baile, o la carta que nos dio miedo leer o que leímos tantas, demasiadas veces. Nada parece haber cambiado. De las sombras irreales de la noche resurge la vida real, tal y como la conocimos. Hemos de reanudarla allí donde nos habíamos quedado, y entonces se apodera de nosotros la sensación horrible de tener que seguir girando en la noria extenuante de los hábitos esteriotipados, o el deseo salvaje de que nuestros párpados se abran una mañana a un mundo que ha sido remodelado en la oscuridad para placer nuestro, un mundo bautismal, rociado de frescura en las formas y los colores de las cosas, que serían otras, o esconderían otros secretos, un mundo sin apenas lugar para el pasado, que en caso de subsistir jamás adoptaría la forma de la obligación o del pesar consicentes, porque incluso el recuerdo de la alegría desliza su amargura, como desliza su dolor la memoria del placer.

Era la creación de mundos como éstos lo que Dorian Gray consideraba el verdadero fin, o uno de los fines verdaderos de la vida. Y en su búsqueda de sensaciones que fueran a un tiempo nuevas y deleitosas, y que poseyeran la cualidad de la rareza que tan esencial es a lo romántico, adoptaba a menudo modos de pensamiento que sabía positivamente ajenos a su naturaleza, y se abandonaba a sus sutiles influencias, y después, una vez absorbido su color y satisfecha su curiosidad intelectual, los rehusaba con esa rara indiferencia que no es incompatible con el temperamento más ardiente y que de hecho, de acuerdo con cierta psicología moderna, es a menudo su condición indispensable…

… Sin embargo, como ya se ha dicho, para él ninguna teoría de la vida podía compararse en importancia con la vida misma. Era perfectamente consciente de la esterilidad de toda especulación intelectual que no va acompañada de la acción y la experimentación. Y sabía que los sentidos, no menos que el alma, tienen misterios espirituales que revelar.

PerfumesDorian

Por eso se dedicó también al estudio de los perfumes y los secretos de su elaboración, destilando aceites esenciales y quemando gomas aromáticas que venían de Oriente. Pudo comprobar que no había estado de ánimo que no tuviera su correspondencia en la vida de los sentidos, y se lanzó a descubrir sus verdaderas relaciones, preguntándose qué hay en el incienso que nos lleva al misticismo, y qué en el ámbar gris que enciende nuestras pasiones; qué hay en las violetas, que despiertan el recuerdo de los amores muertos, y qué en el almizcle que trastorna nuestro cerebro; qué en la champaca que nos tiñe la imaginación… Y muchas veces intentó elaborar una psicología real de los perfumes, calculando las diversas influencias de las raíces de olor suave, y de las flores fragantes cargadas de polen, y de los bálsamos aromáticos, y de las maderas oscuras y perfumadas, del espicanardo que provoca la náusea, de la hovenia que enloquece a los hombres, y de los aloes que son capaces, según se dice, de expulsar la melancolía del alma…

 

Del   CAPÍTULO  XIII

- No creo que sea mi cuadro.

- ¿Ya no puedes ver tu ideal en él? –dijo Dorian, amargamente.

- Mi ideal, como tú lo llamas.

- Como tú lo llamaste entonces.

- No había nada malo en él, nada vergonzoso. Jamás volveré a encontrar un ideal como el que tú representaste para mí. Ese rostro es el de un sátiro.

- Es el rostro de mi alma.

- ¡Por Cristo! ¿A qué clase de criatura he estado adorando? Tiene los ojos de un demonio.

- Cada uno de nosotros lleva Cielo e Infierno dentro de sí, Basil –exclamó Dorian con un gesto salvaje de desesperación.

Hallward se volvió de nuevo hacia el retrato y lo observó.

- Dios mío –exclamó-, si es verdad y esto es lo que has hecho con tu vida, ¡debes haber sido aún pero de lo que imaginan los que hablan contra ti!.

Acercó de nuevo la vela al lienzo y lo examinó. La superficie parecía estar intacta, exactamente como él la había dejado. Era de dentro, aparentemente, de donde provenían la vileza y el horror. En una extraña agitación de su vida interior, la lepra del pecado estaba devorando aquello lentamente. Ni siquiera la descomposición de un cadáver en una tumba encharcada era tan espantosa.

Su mano tembló, y la vela cayó de la palmatoria al suelo y quedó chisporroteando. La pisó con el pie y la apagó. Después se dejó caer en la silla desvencijada que había junto a la mesa y hundió el rostro entre sus manos.

- Por amor de Dios, Dorian, ¡qué lección! ¿Qué terrible lección! –no hubo respuesta, pero pudo oír al joven sollozar en la ventana. –Reza, Dorian, reza –murmuró-. ¿Cómo era lo que nos enseñaron a decir  cuando éramos niños? «No nos dejes caer en la tentación. Perdónanos nuestros pecados. Lava nuestras iniquidades». Repitámoslo juntos. La plegaria de tu orgullo fue atendida, la plegaria de tu arrepentimiento también lo será. Te he adorado demasiado y he sido castigado por ello. Tú te has adorado demasiado a ti mismo. Los dos hemos sido castigados.

Dorian Gray se volvió lentamente, y lo miró con los ojos nublados de lágrimas.

- Es demasiado tarde, Basil –balbució.

 

Del   CAPÍTULO  XIV

… Se dio la vuelta y, apoyado sobre el codo, comenzó a sorber el chocolate. El sol suave de noviembre entraba a raudales en la habitación. El cielo estaba brillante y había en el aire una tibieza agradable. Parecía una mañana de mayo.

Poco a poco, los sucesos de la noche anterior fueron entrando en su conciencia con pie silencioso y manchado de sangre, y allí se reconstruyeron con una nitidez terrible. Se estremeció con el recuerdo de todo lo que había sufrido, y por un momento volvió a invadirle aquel extraño sentimiento de odio hacia Basil Hallward que le había llevado a asesinarle cuando estaba sentado en la silla, y se fue convirtiendo en una cólera fría. El muerto seguía estando allí sentado, y además a plena luz. ¡Qué horrible! Esa clase de horrores estaban hecho para la oscuridad no para el día.

Sintió que si seguía dándole vueltas a lo sucedido caería enfermo o enloquecería. Hay pecados que despliegan una fascinación mayor en el recuerdo que en su misma realización, triunfos extraños que alimentan el orgullo más que las pasiones, y ofrece a la inteligencia una alegría nueva y más viva, mayor que la alegría que pueden provocar jamás los sentidos. Era algo que había que apartar de la mente y adormecer con amapolas, algo que había que estrangular entes de que le estrangulara a uno.

Cuando el reloj dio la media…

 

Del   CAPÍTULO  XV

- Los maridos de las mujeres muy bellas pertenecen a las clases criminales –dijo lord Henry, dando un sorbo a su copa de vino.

Lady Narborough le golpeó con el abanico.

- Lord Henry, no me sorprende en absoluto que el mundo diga de usted que es extraordinariamente malvado.

- Pero, ¿qué mundo dice eso? .preguntó lord Henry, levantando las cejas-. Solo puede tratarse de otro mundo. Este mundo y yo tenemos una relación excelente.

- Todas las personas que conozco dicen que es usted un malvado –exclamó la vieja dama, meneando la cabeza.

Lord Henry se puso serio por un instante.

- Es monstruoso –dijo por fin- que la gente vaya por ahí diciendo cosas en contra de uno, y además a sus espaldas, que son completa y absolutamente ciertas.

lautrec5- ¿No es incorregible? –dijo su anfitriona, riendo- Pero si realmente todos ustedes adoran a Madame de Ferrol de forma tan ridícula, voy a tener que volver a casarme para estar a la moda.

- Nunca volverá a casarse, lady Narborough –interrumpió lord Henry-. Fue usted demasiado feliz. Si una mujer vuelve a casarse es porque detestaba a su primer marido. Si un hombre vuelve a casarse, es porque adoraba a su primera mujer. Las mujeres prueba suerte, los hombres arriesgan la suya.

- Narborough no era perfecto –exclamó la vieja dama.

- SI lo hubiese sido, no lo habría amado, mi querida señora –fue la réplica-. Las mujeres nos aman por nuestros defectos. Si tenemos los suficientes, nos lo perdonan todo, incluso nuestra inteligencia. Después de decir esto, mucho me temo que nunca más me invitará usted a cenar, lady Narborough pero es completamente cierto.

- Por supuesto que es cierto, lord Henry. Si nosotras las mujeres no les amasemos por sus defectos, ¿qué sería de ustedes? Ninguno se había casado nunca, serían ustedes una panda de solterones desdichados. Aunque eso no les cambiaría mucho. Hoy en día todos los hombres casados viven como solteros, y todos los solteros como hombres casados.

- Fin de siècle –murmuró lord Henry.

- Fin du globe –contestó su anfitriona.

- Me gustaría que fuese el fin du globe –dijo Dorian, con un suspiro-. La vida es una enorme decepción…

 

Del   CAPÍTULO  XVI

… Al poco tiempo oyó pasos en el pasillo, y acto seguido el ruido de alguien despasando una cadena. La puerta se abrió silenciosamente y Dorian Gray entró sin decir un a sola palabra al bulto informe que se ocultó en la sombra cuando él pasó. Al final del vestíbulo colgaba una cortina verde y andrajosa que se revolvió con la corriente de aire que le siguió desde la calle. La apartó y penetró en una habitación alargada y de techo bajo que tenía el aspecto de haber sido en otro tiempo un salón de baile de tercera categoría. En las paredes se hallaban alineados unos mecheros de gas que brillaban con estridencia, cuya luz se distorsionaba y se debilitaba en los espejos herrumbrosos Opium smokingque tenían enfrente; los reflectores mugrientos de plancha de estaño que los apantallaban por detrás los convertían en discos de luz temblorosa. El suelo estaba cubierto de un serrín de color ocre, con pisadas húmedas que lo embarraban aquí y allá, y salpicado de goterones oscuros de licor derramado. Había unos malayos acuclillados alrededor de una pequeña estufa de carbón, jugando con fichas de hueso, que enseñaban a hablar sus dientes blancos, un marinero estaba derrumbado sobre una mesa, y en el mostrador pintado de colores chillones que corría a lo largo de una de las paredes, dos mujeres macilentas se mofaban de un viejo que sacudía las mangas del abrigo con expresión de asco.

- Se cree que está cubierto de hormigas rojas –dijo una de ellas entre risas cuando Dorian pasó. El hombre la miró aterrorizado y empezó a gimotear…

...

 

Del   CAPÍTULO  XVII

- Entonces, ¿cómo deberíamos llamarle a usted, Harry? –preguntó ella.

- Su nombre es el Príncipe Paradoja –dijo Dorian.

- Le viene como anillo al dedo –exclamó la duquesa.

- No quiero oír hablar de eso –dijo lord Henry entre risas, hundiéndose en un sillón-.. ¡No es posible escapar a las etiquetas! Rechazo el título.

- La realeza no puede abdicar –dejaron caer, como una advertencia, unos labios bonitos.

- ¿Deseas, entonces, que defienda mi trono?

- Sí.

- Ofrezco las verdades del mañana.

- Prefiero los errores de hoy –contestó ella.

- Me desarmas, Gladis, exclamó él, advirtiendo su actitud obstinada.

- De tu escudo, Harry, no de tu lanza.

- Nunca la uso contra la Belleza –dijo, haciendo un gesto con la mano.

- Ése es tu error, Harry, créeme, valoras demasiado la belleza.

- ¿Cómo puedes decir eso? Admito que creo que es mejor ser bello que ser bueno. Pero, por otro lado, no hay nadie tan dispuesto como yo a reconocer que es mejor ser bueno que ser feo.

- ¿Es la fealdad, entonces, uno de los siete pecados capitales¿ -exclamó la duquesa-. ¿Qué hay de tu símil acerca de la orquídea?

- La fealdad es una de las siete virtudes capitales, Gladis. Tú, como buena tory, no deberías subestimarlas. La cerveza, la Biblia y las siete virtudes capitales han hecho de nuestra Inglaterra lo que es.

- Entonces, no te gusta tu país, deduzco –replicó ella.

- Vivo en él.

- Para poder censurarlo mejor.

- ¿Quieres que haga mí el veredicto de Europa? –inquirió lord Henry.

Tartuffe Moliere- ¿Qué dicen los europeos de nosotros?

- Que Tartufo ha emigrado a Inglaterra y ha puesto una tienda.

- ¿Eso es tuyo, Harry?

- Te lo regalo.

- No podría utilizarlo, es demasiado cierto.

- No tienes nada que temer, nuestros compatriotas nunca reconocen una descripción.

- Son prácticos.

- Son más astutos que prácticos. Cuando tienen que hacer balance, compensan la estupidez con la riqueza, y el vicio con la hipocresía.

- Aún así, los ingleses hemos hecho grandes cosas.

- Las grandes cosas nos han caído encima, Gladis.

- Hemos soportado su peso.

- Solo hasta donde lo ha soportado la Bolsa.

Ella movió la cabeza.

- Yo creo en la raza –exclamó.

- La raza representa la supervivencia de los que se abren paso a empujones.

- Yo prefiero llamarlo progreso.

- Me atrae más la decadencia.

- ¿Y qué hay del Arte? –preguntó ella.

- Es una enfermedad.

- ¿Y el amor?

- Una ilusión.

- ¿La religión?

- Un sucedáneo de moda de la Creencia.

- Eres un escéptico.

- ¡Nunca! El escepticismo es el comienzo de la Fe.

- Entonces ¿qué eres?

- Definir es limitar.

- Dame una pista.

- Los hilos se rompen, te perderías en el laberinto.

- Me desconciertas. Hablemos mejor de los demás.

- Nuestro huésped es un tópico delicioso. Hace años fue bautizado como el Príncipe Encantador.

- No saques eso ahora, Harry –exclamó Dorian.

 

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