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Hombres buenos de Arturo Pérez-Reverte. Comienzo.

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Fragmentos de Mountolive. Lawrence Durrell

Cuatro Relatos de Relatos de lo inesperado.
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Cuatro Relatos de Relatos de lo inesperado. Roald Dalh

 

 

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Final de Tiempo de silencio de Luis Martín Santos

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Fragmentos de El árbol de la ciencia de Pío Baroja

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Fragmentos de El Jardín de la pólvora de Andrés Trapiello

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Fragmentos de La nada cotidiana de Zoé Valdés

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Fragmentos de libros. LOS PERROS DE TESALÓNICA de Kjell Askildsen  Fragmentos I:

Nuestra portada:
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TEXTO DE PORTADA: "La rutina asfixia a hombres y mujeres, los aliena en su convivencia: la pareja se convierte en un monstruo bicéfalo de cinismo y el individuo se queda entonces irremediablemente solo, petrificado en un gesto de solidaridad hueca..."    (De la reseña en esta edición).
  Juegos excluyentes.  Madrid   © LCJ 2018
Edit: LenguaDeTrapo  www.lenguadetrapo.com
 
Fragmentos de libros
 
(Bajo este título, la editorial Lengua de Trapo, ha reunido siete excelentes relatos breves. 
Ofrecemos completos dos de los más reconocidos:
Los perros de Tesalónica y La excursión de Marín Hansen)
 
           LOS PERROS DE TESALÓNICA 

             TOMAMOS EL CAFÉ de la mañana en el jardín. Apenas hablamos. Beate se levantó y colocó las tazas en la bandeja. Será mejor subir los sillones a la terraza, dijo. ¿Por qué?, pregunté yo. Seguro que va a llover, contestó. ¿Llover?, dije, no hay ni una nube en el cielo. Hace bochorno, ¿no te parece? No, contesté. Tal vez me equivoque, repuso ella. Subió a la terraza y entró en el salón. Yo seguí sentado un cuarto de hora más, luego me subí un sillón a la terraza. Permanecí unos instantes contemplando el bosque al otro lado de la valla, pero no había nada que ver. A través de la puerta abierta de la terraza oí canturrear a Beate. Seguro que ha oído el parte meteorológico, pensé. Volví a bajar al jardín y me acerqué a la parte delantera de la casa, al buzón junto a la puerta negra de hierro forjado. Estaba vacío. Cerré la puerta, que por alguna razón se había quedado abierta; entonces vi que alguien había vomitado justo al lado. Me sentí indignado. Coloqué la manguera en el grifo de la pared, lo abrí a tope y luego arrastré la manguera hasta la puerta. El chorro no dio del todo en el blanco, y una parte del vómito salió disparada hacia el jardín, el resto se dispersó por el asfalto. No había cerca ningún sumidero, de modo que sólo conseguí alejar la sustancia amarillenta unos cuatro o cinco metros de la puerta. Pero fue un alivio conseguir apartar un poco aquella porquería...
...

Continuar FRAGMENTOS  de "Los perros de Tesalónica" 

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