UN BUEN LIBRO PARA LEER:  Extinción   (1986) 

Extincion

 

  Thomas Bernhard 

  

  Editorial: Alfaguara

  Traducción: Miguel Saenz

 

 

   

Fragmentos.

 

La fotografía solo muestra el instante grotesco y cómico, pensé, no muestra al ser humano como ha sido en resumidas cuentas durante toda su vida, la fotografía es una falsificación perversa y solapada, toda fotografía, cualquiera que sea el fotografiado, es un atentado absoluto contra la dignidad humana, una monstruosa falsificación de la Naturaleza, una innoble atrocidad…. La fotografía es una pasión abyecta que abarca todos los continentes y todas las capas de población, una enfermedad que ha acometido a la Humanidad entera y de la que nunca podrá curarse ya… es la más misántropa de todas las artes. Al inventor le debemos la deformación definitiva de la Naturaleza y del hombre que existe en ella, convirtiéndolos en su caricatura perversa. Todavía no se ha visto en ninguna fotografía un ser humano natural, lo que quiere decir, real y verdadero, como no he visto tampoco en ninguna fotografía una Naturaleza real y verdadera. La fotografía es la mayor desgracia del siglo XX.

 

En la lápida del tío Greorg:

         “en el momento oportuno, dejó atrás a los bárbaros

Durante toda mi vida he odiado todos esos títulos y a los que llevan esos títulos… En cuanto oigo: ¡catedrático de universidad!, me pongo malo. Un título así, al fin y al cabo, es precisamente la prueba de ser un zoquete especialmente insólito (tío Greorg).

 

Porque quien deja de ampliar sus conocimiento y fortalecer sus carácter, y por consiguiente de trabajar en sí mismo todo lo que pueda, ha dejado de vivir, y ellos dejaron de vivir ya todos alrededor de los 20 años, a partir de entonces no hacen más que vegetar hasta extinguirse, hastiados, como es natural, de sí mismos.

 

Las mujeres no saben estar solas, ni siquiera en el retrete.

La mayor felicidad que conozco, le había dicho a Gambetti, es la locura del viejo, que puede entregarse a su locura de una forma totalmente independiente. Si tenemos posibilidad de ello, deberíamos declararnos viejos locos lo más tarde a los cuarenta y tratar de llevar nuestra locura la máximo. Es la locura lo que nos hace felices, le había dicho a Gambetti.

 

La Iglesia católica causa en las jóvenes cabezas tantos desastres, cuando los padres son católicos y siguen automáticamente la religión católica, que resulta inimaginable. Que hemos sido educados católicamente quiere decir que hemos sido radicalmente destruidos, Gambetti. El Catolicismo es el gran destructor de almas infantiles, el gran inspirador de miedos, el gran aniquilador del carácter del niño. Esa es la verdad. Millones y, en definitiva, miles de millones deben a la Iglesia Católica el haber sido radicalmente destruidos y echados a perder para el mundo, el que su naturaleza se haya convertido en antinaturalaza. La Iglesia Católica tiene sobre su conciencia al hombre destruido, el caotizado, al en definitiva, completamente infeliz, ésa es la verdad y no lo contrario. Porque la Iglesia Católica solo tolera al hombre católico y a nadie más, ésa es su intención y su objetivo constate. La Iglesia Católica hace, de los hombres católicos, criaturas embrutecidas que han olvidado el pensamiento independiente, y lo han traicionado por la religión católica.

El pensamiento mantenido en secreto, le había dicho a Gambetti, es el decisivo, no el expresado, no el publicado, que tiene muy poco en común, la mayoría de las veces absolutamente nada, y es siempre un pensamiento mucho más bajo que el mantenido en secreto.

 

Lo único que tengo ya definitivamente en la cabeza, le había dicho a Gambetti, es el título Extinción, porque mi relato solo estará ahí para extinguir lo que en él he descrito, para extinguir todo lo que entiendo por Wolfsegg y todo lo que Wolfsegg es, todo, Gambetti, me entiende, real y verdaderamente todo. Todos llevamos un Wolfsegg con nosotros y queremos extinguirlo para salvarnos, aniquilarlo, extinguirlo al registrarlo por escrito.

Me dejé degenerar sobre todo intelectual, pero también físicamente. Me convertí en un hombre totalmente degenerado… casi me asfixié en la continua observación de mí mismo. Casi había olvidado por completo que, además de mi mundo espantoso, exite otro mundo que no es solo espantoso. Sobre todo había olvidado que hay una vida del espíritu… había olvidado mi cabeza aferrado a mi cuerpo…

Cuando le digo cómo había que cambiar el mundo, en mi opinión, destruyéndolo primero de forma totalmente radical, aniquilándolo casi hasta la nada, para reconstruirlo después.

…he fracasado en ese pensamiento como en tantos pensamientos pensados por mí, he sido víctima de un sofisma, de una impertinencia del pensamiento, según pensé. Pero tenemos que considerar siempre la posibilidad de fracasar, de otro modo terminaríamos abruptamente en la inactividad, pensé, lo mismo que, fuera de nuestra cabeza, no tenemos que actuar contra nada con mayor decisión que contra nuestra inactividad, también, dentro de nuestra cabeza tenemos que actuar de la misma forma contra la inactividad, más o menos con la brutalidad que nos corresponde. Tenemos que permitirnos pensar, atrevernos, incluso a riesgo de fracasar pronto… Nietzsche es un buen ejemplo de un pensamiento que ha llegado tan lejos en el fracaso que solo puede calificarse de demencial, le dije una vez a Zacchi, pensé.

(Sobre Goethe) …Curandero de los alemanes, el primer homeópata alemán del espíritu, charlatán, un pequeño hortelano filosófico y burgués, no ha alcanzado lo más alto en nada, no es el mayor poeta lírico (Hördelin), no es el mayor prosista (Musil) y sus obras teatrales son, comparadas con las de Shakespeare, como un enorme pastor de los Alpes, frente a un raquítico perro salchicha de las afueras de Francfort. El Fausto, le había dicho a Gambetti ¡Qué megalomanía!

Goethe, el que hizo perder la cabeza a los alemanes, el que lleva sobre su conciencia desde hace ya 150 años, tomándoles el pelo. Goethe es el enterrador del espíritu alemán, le dije a Gambetti, Kleist es el gran autor dramático alemán.

Kierkegaard à Enfermedad para la muerte.

…Así somos, le dije una vez a Gambetti, pretendemos ser absolutamente capaces de todo, hasta de lo más alto y los más grande, y ni siquiera estamos en condiciones de coger la pluma para llevar al papel aunque solo sea una palabra de ese algo inmenso y único anunciándolo.

Arzobispo Spadolini.

Los pasos de los aborrecidos, las voces de los aborrecidos, pensé ante la cripta abierta, la absoluta repugnancia de los aborrecidos.

Ah, sabe usted, Gambetti, le dije a éste ante el hotel Hasller, pensé ahora ante la cripta abierta, si somos sinceros, el proceso general de embrutecimiento está tan avanzado que ya no hay retroceso posible. Con la invención de la fotografía, o sea, con la iniciación de ese proceso de embrutecimiento hace más de 100 años, el nivel intelectual de la población mundial desciende continuamente…

Estaba firmemente decidido a concertar una entrevista con Eisenberg en Viena, en la que le ofrecería todo Wolfsegg, tal cómo es y está. Y todas sus dependencias (La Villa de los niños, La Orengerie), como donación totalmente incondicional a la comunidad israelita de Viena.

 

 

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