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Fragmentos de La nada cotidiana de Zoé Valdés

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Fragmentos de Confesiones de un ganster económico de John Perkins

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Comienzo de Crónica de una muerte anunciada de G.García Márquez

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Fragmentos de libros. LA NADA COTIDIANA de Zoé Valdés  Final I

Nuestra portada:
VentanaMar Noct2
TEXTO DE PORTADA:  En un documental que nos pusieron en la tele hacían un seguimiento de unos cubanos que salieron de la isla caribeña hacia EEUU y contaban en él cómo les había ido la experiencia. El inicio para todos ellos fue frustrante. Eran ilegales y los trabajos que conseguían eran residuales, opacos, miserables. El American Lifestyle no se regalaba. Solo tras unos años de semiexclavitud y de semiclandestinidad alguno de ellos consiguió llevar, más o menos, una forma de vida adaptada al salvaje mercado capitalista y alcanzó un estatus que le permitió acceder a los bienes y servicios que allí venden como necesarios, aunque tampoco se los sentía desmasiado felices. Ya saben. Pero otros -según comentaban en el documental- estaban, si no arrepentidos de haber salido de Cuba, sí que no estaban seguros de que tanto esfuerzo, tanta ilusión desvanecida hubiese merecido la pena, y añoraban muchas cosas de Cuba que habían perdido por no saber valorarlas con equidad cuando las poseían, deslumbrados como estaban por esa tramoya del American Lifestyle. Recordaban con cierta de nostalgia aquella forma de vida cubana sin prisas ni necesidad de vender o medrar, las playas abiertas, las relaciones naturales, ese otro ritmo del tiempo... Todo esto, la portada, la voz, me lo ha traído la primera frase de estos fragmentos que transcribimos de una autora que ha hecho su carrera fuera de Cuba "... Tres ventanas abiertas confirman que el mar existe." Y es que no es una bagatela poder contemplar (y ser consciente de) que el mar existe. Divino regalo.
  La Manga del Mar Menor. Murcia  © LCJ
Editorial : Emece Emece web

Finales de libros

... Mis ojos casi sangran de lágrimas. Los aprieto y el líquido salado despega mis pestañas con gruesos goterones. Me estoy muriendo, me muero. No pueden ocurrirme tantas cosas al mismo tiempo. Y sin embargo, parece como si nada ocurriera, como si desde que nací hiciera lo mismo, callarme, estallar, llorar. Callarme, estallar, llorar. He roto mi pasividad. Ser melancólica es mi protesta, la huelga que soy capaz de hacer para independizar mi tristeza de la tristeza colectiva, para ganar que me rebajen el horario de angustia asalariada, pagada con el salario del deber. Como si con el deber se pudiera comprar, por ejemplo, azúcar o petróleo. Nací marcada por el deber trascendental. Debí ser fiel a mis progenitores. Debí ser fiel a la patria. Debí ser fiel a la escuela. Debí ser fiel a las organizaciones de masas y a las otras. Debí ser fiel a los símbolos patrios. Debí ser fiel a mis «compañeros» (la palabra «amiga» fue empobrecida, eliminada). Debí ser fiel a mi esposo, digo, a mi «compañero». Debí ser fiel a todo lo que no me fue fiel. Por exceso o por defecto. Queridos paternalistas, miren cómo me mata la fidelidad. Lloro infiel, y ésa es mi cobarde prueba de coraje. Saber que lloro porque no creo en nada. Ni en ti, Nihilista, que me estudias con las pupilas secas, y no mueves ni un dedo para impedir mi histeria.

... 

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