FRAGMENTOS DE LIBROS: EL TERCER HOMBRE (1950)

ElTercerHombre

        (The third man)

 Graham Greene.  Reino Unido

 Unidad Editorial, S.A. Colección Millenium (El Mundo)

                                                    

TraducciónBarbara McShane y Javier Alfaya    

 

 Novela corta escrita como base ("literatura aplicada”) del guión cinematográfico de The Third Man  de Carol Reed.

 

 

Finales de libros

  (El último capítulo que se incluye en estos fragmentos no es el final de la película.)

     ...

Martins me contó más tarde:

- Caminé corriente abajo para encontrar a Harry, pero con la oscuridad debí perderle. Tenía miedo de levantar la linterna; no quería tentarle a que volviera a disparar. Mi bala debió de alcanzarle justo en la entrada de un pasillo lateral. Luego, supongo que se fue arrastrando por el pasillo hasta el pie de la escalera metálica. Treinta pies por encima de su cabeza estaba la boca de acceso, pero no hubiera tenido fuerzas para subirla, y aunque lo hubiera conseguido la policía le estaba esperando arriba. Él debía de saber todo eso, pero sufría muchos dolores e igual que un animal que se arrastra a la oscuridad para morir, me imagino que un hombre va hacia la luz. Quiere morir en casa y la oscuridad nunca es nuestra casa. Comenzó a arrastrarse escaleras arriba, pero el dolor se apoderó de él y no pudo seguir. ¿Por qué silbó aquel absurdo fragmento de melodía que fui lo bastante tonto como para creer que había escrito él? ¿Quería llamar la atención, quería que estuviera un amigo con él, aunque fuera el amigo que le había atrapado, o deliraba y lo hacía sin ningún propósito? En cualquier caso, le oí silbar y volví por el borde de la corriente tanteando la pared hasta el final y pude subir por el corredor donde yacía. Dije «Harry», y el silbido se detuvo justo sobre mi cabeza. Puse mi mano en la barandilla de hierro y subí. Aún tenía miedo de que me disparara. Luego, después de subir solo tres escalones, mi pie pisó su mano y allí estaba. Le iluminé con mi linterna: no llevaba pistola; se le debió de caer cuando le alcanzó mi bala. Por un momento creí que estaba muerto, pero luego gimió de dolor. Dije, «Harry», y con gran esfuerzo volvió sus ojos hacia mi rostro. «Maldito tonto», dijo, y eso fue todo. No sé si se refería a sí mismo, una especie de acto de contrición, por muy inadecuado que fuera (era católico), o me lo decía a mí, con mis mil libras anuales antes de pagar los impuestos y con mis imaginarios cuatreros, incapaz de matar limpiamente a un conejo. Luego comenzó a gemir de nuevo. No pude resistir más y le pequé un tiro.

-         Vamos a olvidar esa parte –le dije.

Martins respondió:

-         Nunca podré.

FotogramaEltercerhombre 

17

Aquella noche comenzó el deshielo, y por toda Viena la nieve empezó a derretirse y volvieron a aparecer las feas ruinas; barras de hierro colgando como estalactitas y vigas oxidadas que asomaban como huesos a través del fango. Los entierros eran mucho más sencillos que una semana antes, cuando se necesitaban taladradoras eléctricas para romper el suelo helado. Era un día templado, como de primavera, cuando Harry Lime tuvo su segundo funeral. Me alegré de meterlo de nuevo bajo tierra, pero aquello había costado la muerte de dos hombres. El grupo que había junto a la fosa era más reducido: faltaban Kurtz y Winkle y solo estábamos la muchacha, Rollo Martins y yo. Y no hubo lágrimas.

Cuando se terminó, la muchacha se marchó sin decirnos ni una palabra por la larga avenida flanqueada por árboles que conducía a la entrada principal y la parada del tranvía, chapoteando por la nieve fundida. Le dije a Martins:

-Tengo un vehículo. ¿Quiere que le lleve?

-No -.dijo-, cogeré el tranvía de vuelta.

-Usted ha ganado- Ha demostrado que soy un maldito tonto.

-No he ganado –dijo-. He perdido.

Le vi alejarse a zancadas detrás de ella con su piernas demasiado largas. La alcanzó y caminaron junto. No creo que le dijera una palabra: fue como el final de una historia, salvo que antes de que giraran y se perdieran de vista la mano de ella cogió el brazo de él… que es como suelen comenzar las historias. Disparaba muy mal y conocía muy mal a la gente, pero se le daban bien las novelas del Oeste (el truco de la tensión) y las chicas (no sé que tendría). ¿Y Crabbin? Crabbin sigue discutiendo con el British Council sobre los gastos de Dexter. Dicen que no pueden presentar gastos simultáneos de Estocolmo y de Viena. Pobre Crabbin. Si lo piensa uno bien, pobres todos nosotros.

 

 

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