UN BUEN LIBRO PARA LEER: Los trabajos de Persiles y Segismunda (1516-1517)

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 Miguel de Cervantes. España      IconoFraLib ... algo decimos de este prólogo

 

 

 

 

Prólogo:

Sucedió, pues, lector amantísimo, que viniendo otros dos amigos y yo del famoso lugar de Esquivias, por mil causas famoso, una por sus ilustres linajes y otra por sus ilustrísimos vinos, sentí que a mis espaldas venía picando con gran priesa uno que, al parecer, traía deseos de alcanzarnos, y aun lo mostró dándonos voces, que no picásemos  tanto. Esperámosle, y llegó sobre una borrica un estudiante pardar, porque todo venía vestido de pardo, antiparras, zapato redondo y espada con contera, valona bruñida y con trenzas iguales; verdad es que no traía más de dos, porque se le venía a un lado la valona por momentos, y él traía sumo trabajo y cuenta de enderezarla. 

            Llegando a nosotros dijo: 

            -¿Vuesas mercedes van a alcanzar algún oficio o prebenda a la corte, pues allá está su Ilustrísima de Toledo y su Majestad, ni más ni menos, según la priesa con que caminan, que en verdad que a mi burra se le ha cantado el víctor de caminante más de una vez? 

            A lo cual respondió uno de mis compañeros: 

            - El rocín del señor Miguel de Cervantes tiene la culpa desto, porque es algo que pasilargo. 

            Apenas hubo oído el estudiante el nombre de Cervantes, cuando, apeándose de su cabalgadura, cayéndosele aquí el cojín y allí el portamanteo, que con toda esa autoridad caminaba, arremetió a mí, y acudiendo a asirme de la mano izquierda dijo: 

            -¡Sí, sí: este es el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, y finalmente el regocijo de las musas!. 

            Yo, que en tan poco espacio vi el grande encomio de mis alabanzas, parecióme ser descortesía no corresponder a ellas. Y así abrazándolo por el cuello, donde le eché a perder de todo punto la valona, le dije: 

            -Este es un error donde han caído muchos aficionados ignorantes. Yo, señor, soy Cervantes, pero no el regocijo de las musas, ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho. Vuesa merced vuelva a cobrar su burra, y suba, y caminemos en buena conversación lo poco que nos falta de camino. 

            Hízolo así el comedido estudiante, tuvimos algún tanto más las riendas, y con paso asentado seguimos nuestro camino, en el cual se trató de mi enfermedad y el buen estudiante me desahució al momento diciendo: 

            -Esta enfermedad es hidropesía, que no la sanara toda el agua del mar océano que dulcemente se bebiese. Vuesa merced señor Cervantes, ponga tasa al beber, no olvidándose de comer, que con esto sanara sin otra medicación alguna. 

            -Eso me han dicho muchos, respondí yo, pero así puede dejar de beber a todo mi beneplácito, como si para solo eso hubiera nacido. Mi vida se va acabando, y al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán sus carreras este domingo, acabaré yo la de mi vida. En fuerte punto ha llegado vuesa merced a conocerme, pues no me queda espacio para mostrarme agradecido a la voluntad que vuesa merced me ha mostrado. 

          PteToledo  En esto llegamos la puente de Toledo, y yo entré por ella y él se apartó a entrar por la de Segovia. 

            Lo que se dirá de mi suceso, tendrá la fama cuidado, mis amigos gana de dehesilla, y yo mayor gana de escuchilla. 

            Tornéle a abrazar, volvióseme a ofrecer, picó su burra y dejome tan mal dispuesto como él iba caballero en su burra, a quien había dado gran ocasión a mi pluma para escribir donaires; pero no son todos los tiempos unos. Tiempo vendrá, quizá, donde, anudando este roto hilo, diga lo que aquí me falta, y lo que se convenía.

    ¡Adiós gracias; adiós donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida! 

 

  
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