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Fragmentos de libros. EL MAPA Y EL TERRITORIO de Michel Houellebecq  Final (II):

 

   

Editorial:     Anagrama              Acceso/Volver al final I de "El mapa y el territorio": ArroyoBatuecas177

  

continúa

...

... Se niega a hacer comentarios sobre el sentido de esta obra, a la que dedicó toda la parte final de su vida. «Quiero dejar constancia del mundo… Simplemente quiero dejar constancia del mundo…» , le repite durante más de una página a la joven periodista, paralizada por el compromiso, que se muestra incapaz de refrenar este parloteo senil, y quizá sea mejor así, porque la palabrería de Jed Martin se explaya, provecta y libre, concentrada esencialmente en cuestiones de ArtPress 384diafragma, la amplitud de la puesta a punto y la compatibilidad de los programas informáticos. Una entrevista notable, en que la periodista «se eclipsaba detrás del personaje», como observó secamente Le Monde, que se moría de envidia de haberse perdido esta exclusiva, y que le valió el nombramiento, meses más tarde, de redactora jefe adjunta de Art Press: precisamente le día que anunciaron la muerte de Jed Martin.

Si bien habla de él por extenso a lo largo de varias páginas, el material que Jed había utilizado para sus tomas no era en sí mismo nada especial: un trípode Manfroto una cámara de vídeo semiprofesional Panasonic –que había elegido por la luminosidad excepcional de su sensor, que permitía filmar en una oscuridad cuasi total- y un disco duro de dos terabytes, conectado a la salida USB de la cámara. Durante más de diez años, todas las mañanas menos la del martes, que reservaba para sus compras, Jed Martin cargaba este material en el maletero de su Audi y recorría la carretera privada que había hecho construir a través de su finca. Apenas era posible aventurarse más allá de esta carretera: las hierbas, muy altas y sembradas de arbustos de espinos, llevaban muy rápidamente a un bosque denso, al sotobosque impenetrable. Hacía mucho que se había borrado la huella de los caminos que pudieron haber cruzado el bosque. Las inmediaciones del estanque, tapizadas de una hierba rasa que crecía a duras penas en un terreno esponjoso, eran la única zona más o menos transitable. 

 MechonHierbaAunque disponía de una amplia gama de objetivos, utilizaba casi siempre un Schneider Apo-Sinar que ofrecía la asombrosa particularidad de abrirse a 1,9, al mismo tiempo que alcanzaba una distancia focal máxima de 1.200 milímetros en equivalente a 24 x 35. La elección del tema «no respondía a una estrategia preestablecida», declara en varias ocasiones a la periodista: «se limitaba a seguir el impulso del momento». En cualquier caso utilizaba casi siempre focales muy altas, y a veces se concentraba en una rama de haya agitada por el viento o en un mechón de hierba, en la cima de una mata de ortigas o en una superficie de tierra blanda y empapada entre dos charcos. Una vez hecho el encuadre, conectaba la alimentación de la cámara de video con el enchufe del encendedor del coche, disparaba y volvía andando a casa, dejando el motor en marcha durante varias horas y en ocasiones durante el resto del día y la noche siguiente: la capacidad del disco dura le habría permitido obtener tomas ininterrumpidas durante casi una semana. 

Las respuestas que hacen referencia al «impulso del momento» son básicamente decepcionantes para una revista de información general, y esta vez la joven periodista intenta saber algo más: de todos modos, presiente que las tomas realizadas un día determinado debían de influir en las efectuadas en los días siguientes; poco a poco debía de elaborarse, de construirse un proyecto. Nada de eso, se obstina Martin: cada mañana, en el momento de arrancar su coche, no sabía lo que quería filmar; cada día era para él un día nuevo. Y precisa que este periodo de incertidumbre total duraría casi diez años.

A continuación trataba las imágenes obtenidas con arreglo a un método derivado esencialmente del montaje, aunque de uno muy especial en el que a veces solo conserva algunos fotogramas de una sesión de tomas de tres horas; pero es claramente el montaje lo que permite obtener esas tramas vegetales móviles, de una flexibilidad carnívora, apacibles y al mismo tiempo despiadadas, que constituyen sin lugar a duda la tentativa más lograda en el arte occidental de representar el punto de vista vegetal sobre el mundo.

PCarnivoras

Jed Martin «había olvidado», o al menos es lo que afirma, lo que le había inducido, al cabo de una decena de años consagrados exclusivamente a captar imágenes de vegetales, a reanudar la representación de objetos industriales: primero un móvil, después un teclado de ordenador, una lámpara de escritorio y muchos otros objetos, al principio muy diversos, hasta centrarse casi únicamente en los que contenían componentes electrónicos. Sus imágenes más impresionantes siguen siendo sin duda la de la placa base de los ordenadores desechados, filmadas sin ninguna indicación de escala, que evocan extrañas ciudadelas futuristas. Filmaba estos objetos en su sótano, sobre un fondo gris destinado a desaparecer después de su inserción en los vídeos. Para acelerar el proceso de descomposición, los rociaba con ácido sulfúrico diluido que compraba en bombonas: un preparado, precisaba Jed, que normalmente se utilizaba para desherbar. Después reanudaba el trabajo de montaje, extrayendo fotogramas a largos intervalos; el resultado es muy distinto de un simple acelerado, se diferencia en que el proceso de degradación, en lugar de ser continuo, se produce por etapas, mediante sacudidas bruscas. 

LeCarteEtAl cabo de quince años de tomar imágenes y montarlas, disponía de alrededor de tres mil módulos, medianamente extraños, de una duración media de tres minutos; pero sólo se desarrolló realmente su obra cuando se puso a buscar un programa informático de sobreimpresión. Utilizada sobre todo en los primeros tiempos del cine mudo, la sobreimpresión casi había desaparecido por completo de la producción tanto de los cineastas profesionales como de los videastas aficionados, incluso de los que trabajaban en el campo artístico, se lo consideraba un efecto especial obsoleto, anticuado, debido a su clara reivindicación del irrealismo. Sin embargo, tras varios días de búsqueda, acabó descubriendo un freeware de sobreimpresión simple. Se puso en contacto con su autor, que vivía en Illinois, y le preguntó si accedería, a cambio de una remuneración, a desarrollar para él una versión más completa de su programa informático. Llegaron a un acuerdo sobre las condiciones y unos meses más tarde Jed Martin disponía para su uso exclusivo de un instrumento bastante extraordinario sin equivalente en el mercado. Basado en un principio bastante parecido al de los calcos de Photoshop, permitía superponer hasta noventa y seis bandas vídeo, regulando la luminosidad, la saturación y el contraste de cada una, y asimismo haciéndolas aparecer progresivamente en primer plano o difuminarse en la profundidad de la imagen. Este programa le permitió obtener esos hipnóticos planos largos en que los objetos industriales parecen ahogarse, gradualmente sumergidos por la proliferación de capas vegetales. A veces dan la impresión de debatirse, de que intentan volver a la superficie; después los arrastra una ola de hierba y hojas, se hunden en el magma vegetal al mismo tiempo que su superficie se disgrega y revela los microprocesadores, las baterías, las tarjetas de memoria. 

FontaineDesBarresLa salud de Jed declinaba, ya solo conseguía ingerir productos lácteos y alimentos azucarados, y empezaba a sospechar que moriría, al igual que su padre, de un cáncer de las vías digestivas. Los exámenes efectuados en el hospital de Limoges confirmaron ese pronóstico, pero se negó a cuidarse, a someterse a radioterapia o a otros tratamientos agresivos, y se limitó a tomar medicamentos no curativos uqe le aliviaban los dolores, especialmente intensos por la noche, y dosis masivas de somníferos. Hizo un testamento en que legaba su fortuna a diversas asociaciones de protección de animales.

Por esta misma época empezó a filmar fotografías de todas las personas que había conocido, desde Geneviève a Olga, pasando por Franz, Michel Houellebecq, su padres y otras personas, en realidad todas aquellas de las que poseía fotografías. Las sujetaba sobre una tela impermeable de color gris neutro, tensada sobre un marco metálico, y las filmaba justo delante de su casa, y esta vez dejaba que actuase la degradación natural. Sometidas a las alternancias de lluvia y de luz solar, las fotos se abarquillaban, se pudrían por partes, luego se descomponían en fragmentos y quedaban totalmente destruidas al cabo de unas semanas. Más curioso aún, compró figurillas de juguete, representaciones esquemáticas de seres humanos, y las sometió a un proceso idéntico. Las figurillas eran más resistentes, y ara acelerar su descomposición tuvo que utilizar de nuevo las bombonas de ácido. Ahora se nutría exclusivamente con alimentos líquidos, y todas las noches venía una enfermera a ponerle una inyección de morfina. Pero por la mañana se sentía mejor y hasta el último día pudo trabajar un mínimo de dos o tres horas.

SlantmagazineJed Martin se despidió de este modo de una existencia por la que nunca había sentido un gran apego. Ahora le pasaban por cabeza imágenes, y curiosamente, teniendo en cuenta que su vida erótica nunca había sido nada excepcional, eran sobre todo imágenes de mujeres. Geneviève, la dulce Geneviève, y la desdichada Olga le perseguían en sueños. Resurgió incluso de recuerdo de Marthe Taillefer, que le había revelado el deseo en un balcón de Port-Grimaud, cuando se desprendió de su sujetador Lejaby y le mostro sus pechos. Ella tenía entonces quince años y él trece. La noche misma él se había masturbado, en los lavabos del apartamente provisional asignado a su padres para la supervisión de la obra, y le asombró que le causara tanto placer. Retornaron otros recuerdos de pechos flexibles, de lenguas ágiles, de vaginas estrechas. Vaya, no había tenido una vida tan mala. 

SagtMirNix net

"El cielo del atardecer sobre el Ruhr. Un poco de humo y todavía apesta :) En el fondo se pueden ver algunos altos hornos, gasómetros y una planta de coque. Tomado del techo de un edificio vacío de 60 metros de altura".
Texto e imagen:  SagtMirNix.net

Unos treinta años antes (y es la única indicación que trasciende el estricto marco técnico de la entrevista a Art Press), Jed había hecho un viaje al Ruhrgebiet, donde ivan a organizar una retrospectiva muy amplia de su obra. De Duisburg a Dortmund, pasando por Bochum y Gelsenkirchen, la mayoría de las antiguas fábricas siderúrgicas habían sido transformadas en centros de exposiciones, espectáculos, conciertos, al mismo tiempo que las autoridades locales intentaban implantar un turismo industrial fundado en la reconstrucción del modo de vida obrero a principios del siglo XX. Toda la región de hecho, con sus altos hornos, sus escoriales, sus vías férreas abandonadas, donde CarbónRuhrpott1976terminaban de oxidarse los bajones de mercancías, sus hileras de barracones idénticos y bastante pulcros, a veces amenizados por jardines fabriles, se asemejaba a un conservatorio de la primera era industrial europea. A Jed le había impresionado entonces la densidad amenazadora de los bosques que rodeaban las fábricas al cabo de apenas un siglo de inactividad. Solo habían rehabilitado las que podrían adaptarse a su nueva función cultural; las demás de desintegraban poco a poco. Aquellos colosos industriales, donde antaño se concentraba el grueso de la capacidad productiva alemana, ahora estaba herrumbrosos, medio destruidos, y las plantas colonizaban los antiguos talleres, se infiltraban entre las ruinas y las envolvían gradualmente en una selva impenetrable.

  La obra que ocupó los últimos años de la vida de Jed Martin puede, pues, considerarse –es la interpretación más inmediata- una meditación nostálgica sobre el fin de la era industrial europea, y más en general sobre el carácter perecedero y transitorio de toda industria humana. Esta interpretación es, sin FigPlayMovilembargo, insuficiente para explicar el malestar que nos invade al ver esas patéticas figuritas parecidas a las del Playmovil, perdidas en medio de una ciudad futurista abstracta e inmensa que a su vez se desmorona y se disocia y a continuación parece desperdigarse poco a poco en la inmensidad vegetal que se extiende hasta el infinito. De ahí ese sentimiento de desolación que se apodera de nosotros a medidas que las representaciones de los seres humanos que habían acompañado a Jed Martin en el curso de su vida terrenal se desmigajan bajo el efecto de las intemperies y luego se descomponen y se deshacen en jirones, y que en los últimos vídeos parecen simbolizar la aniquilación generalizada de la raza humana. Se hunden, por un instante parece que se debaten hasta que las asfixian las capas superpuestas de las plantas. Después todo se calma, solo quedan hierbas agitadas por el viento. El triunfo de la vegetación es absoluto. 

 

(Incluimos los "Agradecimientos" porque nos parece relevante que, en ellos, el autor reconozca el haberse apoyado en Wikipedia para la documentación de la novela)

 

AGRADECIMIENTOS:

 

No suelo deber gratitud a nadie porque me documento bastante poco, muy poco incluso comparado con un autor norteamericano. Pero en ese libro me impresionó y me intrigó la policía y me pareció necesario hacer un pequeño esfuerzo.

Es un placer, por tanto, agradecer a Teresa Cremisi, que realizó las gestiones necesarias, así como al jefe de gabinete Henry Moreau y al comandante de la policía Pierre Dieppois, que me recibieron amablemente en el Quai des Orfèvres y me facilitaron detalles muy útiles sobre su difícil oficio.

Huelga decir que me he sentido libre de modificar los hechos y que las opiniones expresadas sólo comprometen a los persnajes que las expresan; en suma, que nos hallamos en el marco de una obra de ficción.

Doy las gracias también a Wikipedia (http://fr.wikipedia.org) y a sus colaboradores, cuyas notas he utilizado como fuente de inspiración, especialmente las relativas a la mosca deméstica, la ciudad de Beuvais y a Frédéric Nihaus.

  

 (Acceder a los Fragmentos  de "El mapa y el territorio" )  ElOjoDeLaCantera177 

  

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