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Esperando a Godot de Samuel Beckett. Comienzo

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Fragmentos de libros. HELENA O EL MAR DEL VERANO de Julián Ayesta  Fragmentos I:

Nuestra portada:
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VOZ DE LA FOTO.  Las referencias a este libro y las portadas de sus ediciones, aluden casi exclusivamente al mar, a las playas y los verdes, a la alegría de la juventud y la sublimación del amor adolescente, y obvian, sorprendentemente, la extensa reflexión que Julián Ayesta realiza (en la Parte II -EN INVIERNO-, capítulo I -LA ALEGRÍA DE DIOS-) sobre el sentimiento de culpa lacerante que nos inculcaron con la amenazadora y pacata enseñanza católica durante la dictadura franquista, y que es la parte de la novela que más nos ha interesado.
La imagen de nuestra portada pertenece a la iglesia en dónde uno hizo, aterrado, la Primera Comunión, con una carga de culpa inducida e inmerecida para un niño de siete años. Unos juegos inocentes con otros niños en donde nos enseñamos y palpamos los genitales, me crearon un conflicto tan brutal y angustioso que no fui capaz de resolver y que me hizo imposible revelarlo en la Confesión. Un niño de siete años que tuvo que arrostrar el estigma de culpabilidad de haber comulgado por Primera Vez en pecado mortal.      
Detalle del frontispicio de la Parroquia Sagrado Corazón. Padres Capuchinos.  Madrid   © LCJ  2018
  
Fragmentos de libros  
  

    De I EN VERANO     3 UNA NOCHE

     …
    Alberto se incorporó misteriosamente en la cama y chistó. José y yo contestamos y salimos los tres hacia el corredor, de puntillas, con las almohadas blancas en la mano.

  Gran silencio, silenciosísimo, frigidísimo como en la Gruta de Orbelkismoff Grandsen Lewisky después de que su hija, la princesa Alda, murió ahogada en aquel lago triste del atardecer y la melancólica voz de Julia llamaba casi sin esperanza desde las cumbres de las Montañas Rocosas; silencio para repetir en un bosque lejanísimo «quacumque, quacumque, quecumque», como en un catedral de muertos en la mesetas solitarias, altísimas y frías del Tíbet.

    Alberto, asomándose al cuarto de las niñas, nos hizo la seña «sin novedad y adelante» y entramos cautelosos.

    Las niñas dormían suavemente como gatitos de terciopelo azul pálido. Yo me acerqué a la cama de Helena...

   ...

 Continuar fragmentos    (Continuar con los fragmentos de "Helena o el mar del verano" )

                        

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